Hay bloques que llaman la atención por su dificultad. Los hay que lo hacen por el propio dibujo o por la combinación de colores. Windmill parece un bloque sencillo. Unas aspas girando alrededor de un centro, un bloque básico para las que empiezan en el patchwork.
Pero conforme he ido buscando información y más sabía sobre él, más comprendía que detrás de su aparente simplicidad se escondía una historia mucho más profunda.
El molino de viento ha acompañado al ser humano durante siglos. En el siglo VII, en Persia. El el siglo XII llegó a Europa.
Mucho antes de que existiera la electricidad, el molino se encargaba de moler el trigo, bombear agua o mover máquinaria para la vida diaria. Su misión era sencilla: no podía detenerse. Mientras el molino girase, estaba garantizado el pan en la mesa y la comunidad podía seguir con su vida.
Yo creo que Jennifer Chiaverini incluye este bloque en la colcha por eso mismo. Estaban en guerra, la vida no se detenía, no podía detenerse.
El diseño de Windmill pertenece a una familia de bloques muy antiguos basada en aspas giratorias o molinetes.
Existen quilts conservados con molinillos realizados entre 1840 y 1860, es decir, antes de la guerra. Uno de ellos forma parte de la colección del Spencer Museum of Art, lo que demuestra que el diseño ya era conocido por las quilters en esa época. Pero, como ocurre con otros bloques tradicionales, resulta difícil saber cual era su nombre original o cuando empezó a llamarse exactamente Windmill.
A lo largo de la historia aparecen variantes muy similares con nombres distintos. He encontrado muchos y no es mi objetivo dejaros una lista con todos esos nombres. Ya sabemos que era muy habitual esto: un bloque con un dibujo que cambiara de nombre sugún la zona, el periódico que publicara el patrón o de la diseñadora que lo reinterpretara.
Bárbara Brackman explica esto en su Encyclopedia of Pieced Quilt Patterns. Ella demuestra que muchos bloques existían desde décadas antes de que aparecieran impresos en revistas o periódicos, y un mismo diseño podía recibir varios nombres a lo largo del tiempo.
Por eso, cuando hablamos de la "primera publicación" de un bloque, en realidad estamos hablando del primer documento que ha llegado hasta nosotros, no es necesariamente el momento en que fue creado.
Cuando pensamos en un molino solemos imaginar un edificio en medio del campo. Pero durante la Guerra Civil era mucho más que eso. Era el lugar donde el trigo se convertía en harina. El sitio donde empezaba el proceso de hacer pan. Y el pan alimentaba a las familias y a los ejércitos.
Por eso los molinos también fueron objetivos militares. Destruirlo significaba dificultar el abastecimiento del enemigo. Los trataban al mismo nivel que una vía de tren o un puente. Muchas veces se incendiaban para impedir que siguieran produciendo harina.
Pero el molino representa también la vida cotidiana, que continúa a pesar de todo.
Mientras los soldados combatían, alguien tenía que seguir sembrando, recogiendo las cosechas, moliendo el grano y preparando la comida. La guerra no detenía las estaciones y el campo seguía reclamando trabajo cada día.
Y en estos años de guerra, fueron las mujeres quienes mantuvieron la vida, que no se detenía. Ya te lo he contado en otros bloques. Ellas dirigieron sus granjas, cuidaron del ganado, administraron las cosechas y sacaron, no sin apuros, a sus familias adelante. Igual que un molino nunca deja de moverse mientras sopla el viento, aquellas mujeres tampoco podían detenerse.
Se lo dedico a Dorothea Lynde Dix.
Dorothea no fue enfermera, ni espia, ni empuñó un fusil. Pero sin mujeres como ella la Unión habría tenido muchas más dificultades durante la guerra.
Dorothea nació en 1802, en Hampden, Maine.
Su infancia estuvo marcada por la pobreza y por una situación familiar muy complicada. Desde muy joven trabajó como maestra y comenzó a interesarse por los más vulnerables de la sociedad.
A partir de la década de 1840 emprendió una campaña que cambiaría para siempre la atención que se daba en Estados Unidos a los enfermos mentales. Recorrió cárceles, hospicios y asilos documentando las condiciones inhumanas en las que vivían miles de personas. No es el sitio para describir lo que he leido. Pero pasará tiempo hasta que lo olvide.
Sus informes provocaron la creación o la reforma de muchos hospitales psiquiátricos y eso la convirtió en una de las grandes reformadoras sociales del siglo XIX.
Cuando estalló la Guerra Civil, Dorothea tenía casi sesenta años. Muchos habrían pensado que ya había cumplido con la sociedad y con el mundo, pero ella aceptó un nuevo desafío.
En 1861 fue nombrada Superintendente de Enfermeras del Ejército de la Unión, y se convirtió en la responsable de organizar un cuerpo de enfermeras voluntarias en un momento en el que apenas existía una estructura sanitaria militar.
Y no lo tuvo fácil. Reclutó personal, estableció normas de trabajo, coordinó hospitales y se enfrentó a la burocracia y a los prejuicios de los que pensaban que las mujeres no tenían lugar en un hospital militar.
Miles de soldados recibieron cuidados gracias al trabajo de esas enfermeras. Ella consiguió que los hospìtales funcionaran, que no faltaran manos ni atención... que todo girase como un molino.
Murió el 17 de julio de 1887.
No creo que Jennifer Chiaverini pensara en Dorothea Dix cuando hizo este bloque para el Loyal. No lo puedo saber. Pero mientras cosía este bloque pensaba en ese molino, en esas aspas que giran y no paran, en las mujeres que se quedaron a cuidar y a esperar. En tantas mujeres que tuvieron que parar su vida durante 4 años, que cuidaron a los heridos y organizaron hospitales. Y también en las que pensaban en quilts y telas de colores mientras hacían pan.
Estas mujeres no pudieron permitirse detenerse, con su trabajo constante e invisible hicieron posible que un país en guerra siguiera adelante. Quizá las mujeres de la guerra fueron exactamente eso, un molino.
Este es mi bloque:




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