martes, 30 de junio de 2026

BLOQUE K-10 YEAR'S FAVORITE / THE LOYAL UNION SAMPLER DE JENNIFER CHIAVERINI / GUERRA CIVIL AMERICANA



 Como ves, este es un bloque tradicional de patchwork, como los que estamos acostumbradas a coser en nuestros samplers. Son HST y cuadrados que forman un remolino central. Fácil de hacer aunque siempre depende del tamaño final del bloque. 
Es el bloque K-10 y nos plantea, por lo menos me la plantea a mi, una paradoja curiosa. 

Aunque el grupo de mujeres de la novela de Jennifer Chiaverini cosen el Loyal Unión Sampler en 1862, este patrón "Year's Favorite", por lo menos con este nombre, no existía durante la Guerra Civil. 

La versión que conocemos hoy, y que yo he cosido, se publicó en una revista llamada Farm Journal en 1931, en plena Gran Depresión. 

Era una revista dirigida principalmente a las familias rurales y en sus páginas había de todo, desde anuncios de tractores y rifles, pasando por ganadería y agricultura, economía doméstica, sombreros, moda... No he encontrado muchas, pero las que he visto me han encantado. Y me encantaría tener alguna en papel !!! Así que no descarto la idea de descargármelas e imprimirlas, que cuando una está un poco loquita, lo tiene que demostrar con estos detalles. ¿o no?





No he encontrado la revista de 1931 donde aparecía este bloque, así que os enseño otra.

Volviendo al bloque de hoy, os cuento que el nombre nació de la propia cultura popular de la época: era el patrón "favorito" votado como el mejor por las lectoras de la revista de ese año. La revista introdujo estos concursos para subir la moral de las mujeres y para darles una solución práctica a la necesidad de coser sin tener que comprar mucha tela.

Al incluirlo en el Loyal Union Sampler, Chiaverini realiza un anacronismo intencionado. Era un diseño de molinillo de viento que con toda seguridad las mujeres de 1860 conocían y cosían aunque no lo hubiesen "bautizado" con este nombre ni con otro. 

Los patrones se transmitían de forma oral, copiándolos en papel y haciendo plantillas en lata, o en papel de periódico -tengo muchos patrones de ropa de mi madre en papel de periódico que nunca tiro aunque lo pienso cada vez que los veo- copiándose entre vecinas o amigas de costura. Así que lo incluye en la colcha con el nombre que le darán 70 años después!!!


En los años de la guerra, y supongo que en aquella época, coser era uno de los espacios de libertad creativos que tenían las mujeres. Mientras la vida tranquila que conocían se desmoronaba, la costura era un refugio de calma e incluso de paz, donde podían expresar lo que realmente pensaban. Y lo "más" que tenías que decidir era la tenión del hilo, vigilar no comerte las puntas y que el molinillo girase para donde debía. Ya está.


El diseño del molinillo de viento -pinwheel- simboliza el cambio, el movimiento y, para ellas, la esperanza de que todo gire a favor de la Unión. Los bloques con efecto rotación, como remolinos, molinillos veletas..., se asociaban a "viento de libertad" y avance de las tropas de la Unión, que todo girase a favor del fin de la guerra. 

Ahora, con los ojos de 2026, es un bloque que vemos facilote usando las técnicas y utensilios que tenemos ahora. Pero con los ojos de 1860 era un bloque laborioso, de mucho corte y piezas pequeñas. Es un bloque que respondía a una necesidad que tenían en común las quilters de 1862 y las de 1931: la escasez y la necesidad.

En 1931, las familias rurales, muchas veces aisladas en sus granjas, con los vecinos más próximos a varias millas, sobrevivían -hablando de costura- reutilizando sacos de harina y ropa muy usada o rota.  Un bloque con piezas pequeñas permitía aprovechar trocitos de tela pequeñitos que en cualquier otra situación habrían ido a la basura. La cosa no estaba para tirar nada.

En 1862-1864, aunque el bloque no existiera con nombre propio, la necesidad era la misma. No había telas. Usaban sus vestidos viejos, sábanas y camisas, cualquier tela y cosían. No había más. 

Para historiadores textiles como Bárbara Brackman, registrar el origen de un bloque es complejo porque la geometría existe desde mucho antes que el nombre impreso. 

Antes de la aparición de  las revistas de finales del siglo XIX y principios del XX, los bloques no tenían un nombre universal. Hoy día ya hay un registro de nombres y bloques que nos permite encontrar un patrón con relativa facilidad.



Dedico este molinillo a Eliza Frances Andrews. Ella no cosió para la Unión porque era del Sur. Y no se si cosió, pero escribir si lo hizo. 

Eliza fue una polular escritora sureña cuyas obras se publicaron en periódicos y revistas de gran difusión. 


Nació el 10 de agosto de 1840 en el condado de Washington, Georgia. Era hija de Annulet Ball y Garnett Andrews, juez de la Corte Superior de Georgia y dueño de una plantación con 200 esclavos. 

Su padre apoyaba la Unión, pero sus ocho hijos eran partidarios del Sur. 



En 1860, Washington, Georgia, a unos 120 km de Atlanta, era el centro de una próspera sociedad de plantaciones que cultivaban tabaco y algodón. 

La noche del 19 de enero de 1861, la ciudad se llenó de entusiasmo al conocerse la noticia de la secesión de Georgia de la Unión. Sonaron las campanas, se dispararon armas de fuego e izaron una bandera confederada en el juzgado: una bandera azul con una sola estrella de 5 puntas. 

Como tantas familias, los Andrews también se dividieron. Y aunque no se libraron batallas en un radio de cien millas de la ciudad, sí que sufrieron las penurias de la guerra

En 1864, Eliza comenzó a escribir un diario, que posteriomente se publicaría con el título de "El diario de guerra de una chica de Georgia". Es uno de los relatos en primera persona más conocidos del frente confederado. 



Escribir se había convertido en su pasión. La Guerra Civil destruyó su estilo de vida y dejó a su familia en la indigencia. Su padres fallecieron siete años despues del fin de la guerra y ella y sus hermanos se vieron obligados a vender la plantación.

Para ayudar a la economía familiar, Eliza se dedicó a la enseñanza, primero en su ciudad y luego en Yazoo, Mississippi.

En 1874 volvió a Washington y abrió una escuela para chicas.

En 1876 publicó su primera novela, Un secreto de familia. Narra la historia de una mujer que lucha por mantener su independencia.



Nunca se casó. Cuando era joven había escrito en su diario: "el matrimonio no encaja en el camino que me he trazado". Se liberó del rol tradicional de las mujeres de clase alta gracias a su talento para la escritura y su determinación de mantenerse a sí misma, sin depender de los hombres de su familia. 

Desde el final de la Guerra Civil, había escrito cuatro novelas, dos textos de botánica y docenas de artículos e informes sobre temas políticos y medioambientales.

Falleció en Rome, Georgia, el 21 de enero de 1931, a los 90 años. 

Este es mi bloque:



NOTA:

En internet puedes encontrar las páginas con los patrones del la revista Farm Journal y de otras muchas. Aunque me desvíe del tema, os enseño lo que he encontrado, que me ha gustado mucho porque me encanta coser colchas, pero si es un sampler, me gusta mucho más.




Lo bueno que tiene escribir en un blog, es que no tienes que seguir un guión y tienes todo el espacio que necesites!!! 

Así que sí, me desvío un poco del tema porque quiero que veas que los bloques "favoritos" existían.  

Te traduzco lo que pone este artículo:

"En estos tiempos en que las colchas tradicionales hechas a mano están experimentando un resurgimiento tan espectacular, nos complace ofrecer a nuestros lectores un "all-star revival" como el que se reune en este quilt.

NOTA: Este es el bloque nº1. Hay 25 bloques en total, cada uno de ellos es un viejo favorito diferente, planificado para un cuadro de 12 pulgadas. Se puede usar un esquema de un solo color, como rosa, verde estampado y blanco, dos tonos de azul con blanco o rosa orquídea, o bien cada bloque se puede planificar de forma individual a partir de retales sueltos y restos de material lavable.

Se proporciona un patrón de acolchado para los bloques lisos utilizados al armar las piezas de los bloques combinados. 

A partir de los diseños y patrones reales que vamos a publicar, usted podrá armar un álbum de favoritos auténticos de los viejos tiempos, agrupados todos juntos en una sola manta. O bien, puede seleccionar sus bloques favoritos como unidades y confeccionar una colcha entera alrededor de cada uno. De nuevo, es posible que solo desee unos pocos cojines alegres de patchwork o asientos de sillas a juego para la sala de desayuno. Cada diseño terminado mide 12 pulgadas, y por lo tanto será admirable tanto por sí mismo como con un borde añadido. 

Nombrando los bloques de izquierda a derecha, los bloques son:

- Cherry basket

- Bear's paw

- Sunbean block

- Double T

- Noonday lily

- Corn and Beans

- Crazy Anne

- Rising sun

- Rambler

- Grandmother's cross

- Mill Wheel

- Sky Rocket

- Order nº11

- Weathervane

- Spools

- Double nine patch

- Wild Goose chase

- Strawberry

- V block

- Crosses and Losses

- Grandmother's Fan

- Road to Oklahoma

- The Palm

- Road to California

- Little Beech Tree

Lo de la sala de desayuno "ma matao".


jueves, 25 de junio de 2026

BLOQUE B-11 CONSTANCE'S PRIDE / THE LOYAL UNION SAMPLER DE JENNIFER CHIAVERINI / GUERRA CIVIL AMERICANA

 


En la guerra todo es un horror. Las noticias que no llegan. Los nombres en las listas de bajas. El hambre, el barro, los hospitales llenos. Leo y conforme pasan los días me voy acostumbrando al ruido. Pero este bloque me atraviesa de otra manera. 

Este bloque no hace ruido. Es silencio. Es el momento después de la puja, cuando te bajan de la tarima. Cuando te han puesto precio y alguien lo ha pagado. 

Es lo que más duele. No es una muerte rápida, sino una humillación lenta. Te miran y ven una mercancía. Este bloque nos recuerda que hubo una guerra dentro de la guerra. La de no dejar que te quitaran el alma, aunque te quitaran todo lo demás.


  

Entre 1861 y 1865, en los mercados del Sur se vendían hombres, mujeres y niños. Como ganado. Con un papel, un número y una puja.

 Personas con nombre, con memoria, con manos que sabían trabajar, reducidas a mercancía.

Detrás de cada puntada del Loyal Union Sampler, en bloques como este, late el eco de una de las mayores tragedias del mundo moderno. 

Al estudiar la Guerra Civil Americana, es fácil perderse en los mapas de las batallas, en las estrategias de Gettysburg o Antietam, y en las cifras de soldados y bajas de la Unión y la Confederación.

Pero el verdadero trasfondo del conflicto no se libró en los campos de batalla. Se libró en el alma humana.

Para entender por qué la nación se partió en dos, hay que mirar primero la herida abierta que lo originó: la esclavitud. Una barbarie sostenida en el tiempo por una maquinaria perfecta de deshumanización.

¿Cómo pudo una sociedad que se decía cristiana y democrática justificar la propiedad de seres humanos durante siglos? 

Fueron 246 años. Solo en Estados Unidos. Desde la llegada de los primeros africanos a Virginia en 1619 hasta el fin de la Guerra Civil pasaron 246 años ¡¡¡¡.

 Esto no fue un simple accidente histórico. Fue una estructura económica, legal y psicológica diseñada para arrancar al individuo su condición de persona.

El esclavo era una mercancía jurídica. Chattel. Propiedad.

Para que este sistema no colapsara por el peso de la culpa, los esclavistas construyeron la narrativa de la superioridad racial.

Se legisló para que el analfabetismo fuera obligatorio; saber leer se castigaba. Se rompieron familias a propósito, vendiendo a los hijos lejos de sus madres para evitar que los lazos de amor se convirtieran en lazos de rebelión.

Al despojar al esclavo de nombre, de pasado y de futuro, el opresor intentaba convencerse a sí mismo y al mundo de que trataba con animales.

Esta deshumanización duró generaciones porque era un negocio muy lucrativo y porque el racismo institucionalizado funcionó como un anestésico moral perfecto.

Y así llegamos a la guerra.

El orgullo esclavo fue el espejo donde el mundo no quiso mirarse. Mientras la sociedad construía fortunas con el comercio de seres humanos, la verdadera resistencia no siempre se libró en el campo de batalla, sino en el espacio invisible de la dignidad personal. 

Bloques como este nos recuerdan que frente a la deshumanización absoluta, mantener el orgullo era la mayor de las victorias.

La esclavitud en los Estados Unidos no se sostuvo únicamente por la fuerza de los capataces. Existió y perduró porque toda la estructura civil decidió normalizar lo más atroz.

Las leyes los convirtieron en simple mercancía. Los ciudadanos ignoraron los gritos de los mercados de subastas. Incluso los que no apoyaban el sistema miraron hacia otro lado.

Ese es el aspecto más desgarrador de esta historia. No fue solo la crueldad, sino la indiferencia general. Quienes sentían incomodidad moral, optaron por el silencio, dejando que generaciones enteras cargaran solas con el peso de las cadenas. 

No salgo de mi asombro mientras escribo. Porque no lo entiendo y creo que no lo entenderé nunca.

¿Que le ocurre a un hombre o a una mujer cuando se le despoja de su nombre, de sus hijos y de su propia libertad? 

¿Cómo sobrevive? no lo se, pero el orgullo del esclavo sobrevivió.


Este bloque se lo dedico a Mary Ann Shadd Cary

Nació el 9 de octubre de 1823. Fue una activista abolicionista, feminista, periodista, editora, maestra y abogada. Fue la primera mujer negra editora en Norteamérica y la primera mujer editora en Canadá.

Nació en Wilmington, Delaware. Era la mayor de 13 hermanos de una familia afroamericana libre. 

Sus padres, Abraham y Harriet Shadd, eran negros libres y su casa fue una estación del Ferrocarril Subterráneo. Es decir: creció viendo pasar a hombres y mujeres que huían, con el miedo en los ojos y los pies descalzos.



En Delaware estaba prohibido educar a los negros. Así que con 10 años la mandaron a un internado cuáquero en Pensilvania. Volvió para enseñar a otros niños negros en Delaware, Nueva york y Pensilvania.

En 1850 llegó la ley de los esclavos fugitivos. De repente, hasta siendo libre podías ser cazado y devuelto. Así que en 1851 huyó a Canadá.

En Windsor abrió una escuela integrada para niños negros y blancos. Habló contra la segregación, pero eso no le bastó.

En marzo de 1853 fundó The Provincial Freeman. El lema del periódico era: "La autosuficiencia es el verdadero camino hacia la independencia"

No pedía limosna, pedía la cabeza alta. Ella misma escribía muchos de los artículos. Defendió la integración, la autoeducación y que los negros no debían conformarse con ser "huéspedes" en Canadá.

En 1856 se casó con Thomas F. Cary, barbero y colaborador en el periódico. Tuvieron dos hijos. Thomas murió en 1860.

Cuando estalló la Guerra Civil, cruzó la frontera de nuevo. En 1863 fue oficial de reclutamiento del Ejército de la Unión en Indiana. Su trabajo era convencer a hombres negros de alistarse para acabar con la esclavitud.

Después de la guerra se fue a Washington, enseñó en escuelas públicas y con 60 años entró en la Facultad de Derecho de Howard University. Se graduó en 1883. Fue la segunda mujer negra abogada en Estados Unidos. Ejerció cuatro años. 

Murió en 1893. No llegó a ver el voto femenino a nivel nacional.

El orgullo de Mary Ann fue no rendirse, no venderse al silencio.

NOTA:

En 1850, todos los estados del Norte habían abolido la esclavitud. Eran "estados libres". Allí, legalmente, no podías tener esclavos. Pero "libre" no significaba "seguro" si eras negro.

Pero promulgaron la LEY DE ESCLAVOS FUGITIVOS DE 1850


Te resumo la ley:

- Cualquier funcionario federal estaba obligado a ayudar a capturar a esclavos fugitivos. Y cualquier ciudadano podía ser forzado a colaborar en la captura. Negarte era un delito.

- Si te acusaban de ser fugitivo, no tenías derecho a juicio con jurado. No podías testificar en tu defensa. 

- Ponían multas de 1.000 dólares y 6 meses de cárcel para cualquiera que ayudara, ocultara o diera trabajo a un fugitivo.

Antes de 1850, si estabas en Pensilvania, Massachusetts o Delaware, estar libre significaba estar más o menos seguro.

Después de 1850, no.

Imagina: un esclavista del Sur podía ir a Boston, señalar a un hombre negro por la calle y decir: "Ese es mío". Con un papel, se lo llevaba.

Ya no importaba que hubieras nacido libre en el Norte. Ya no importaba que llevaras 20 años viviendo allí. 

Ya no importaba que tuvieras hijos y casa y trabajo.

La ley no decía: "devolver a los esclavos escapados"

Decía: "devolved a cualquier persona que un blanco reclame como su propiedad".

Y no hacía falta demostarlo mucho. No había jurado. No podías testificar. Con la palabra de un blanco reclamando a un negro bastaba. ¿Y si ese negro había nacido libre hacía 40 años? Daba igual. Podías secuestrar a cualquiera.

Esta ley fue una de las chispas que haría estallar la guerra. Y qué quieres que te diga, mucho tardó.

Me da mucha rabia. Porque la historia que te cuentan, por lo menos, la historia que yo conocía es : "Norte bueno, Sur malo". Y no fue así.

El Norte no protegió a los afroamericanos libres. Les daba miedo y miraron para otro sitio (debe ser deporte nacional esto).

Me ha costado mucho entenderlo: El Norte hacía negocios con el Sur. Los bancos de Nueva Inglaterra transportaban algodón. Los bancos de Nueva York prestaban dinero a las plantaciones del Sur.

Las Fábricas textiles de Massachusetts vivían del algodón esclavo.

Si protegían demasiado a los negros fugitivos, el Sur decía: pues no os vendo más algodón". Y se caía la economía.

Muchos blancos del Norte decían: "si facilitamos que vengan fugitivos, se nos llenará el Norte de negros pobres". No los querían como vecinos, querían que el problema se quedara en el Sur.

Después de 1830 el país ya estaba dividido en dos. Políticos como Henry Clay (hay un bloque de patchwork que se llama Clay's Choice, la decisión de Clay, por él) pensaba que si no devolvían a los fugitivos, el Sur se separaría. Así que prefirieron sacrificar a los negros para "salvar la Unión".

Pero lo más duro vino luego. Aparecieron los cazadores de esclavos profesionales. Recorrían los estados del norte con papeles falsos. Secuestraban hombres libres y los vendían en el Sur.

La ley obligaba a la policía y a los alguaciles federales a colaborar. 

Asi que el Norte no fue ningún heroe. No todo fue culpa de los esclavistas del Sur. 

El Norte fue un cobarde que le tenía miedo a todo: miedo a perder dinero; miedo a la guerra; miedo a que los negros fueran sus iguales.

El sur esclavizó, pero el país entero lo permitió.

REFLEXION:

No podemos extrapolar el sistema de esclavitud a día de hoy. Afortunadamente la tarima de subastas ya no es legal. 

Pero la indiferencia sí.

La indiferencia es el Chattel moderno. Es convertir en invisible lo que nos incomoda. Y sigue funcionando, como decía antes, como un anestésico moral perfecto.

Miramos hacia otro lado demasiadas veces, con demasiada facilidad. No te voy a enumerar esas situaciones, pero sabes que todos los días nos llegan noticias de esta clase.

No hacen falta grandes hazañas para protestar. No hace falta gritar desde una tribuna. A veces basta con no cerrar los ojos. Basta con nombrar lo que ves. Basta con no normalizarlo. Basta con que el silencio de tu conciencia sea más fuerte que el ruido de la comodidad.

El orgullo de Constance fue no romperse por dentro, esperar que Abel cumpliera su promesa de liberarla, aguantar.

Nuestro orgullo puede ser no rompernos aunque el mundo nos invite a mirar hacia otro lado.

Por que cada puntada que hacemos también puede ser una forma de decir "Aquí sigo. Y estoy mirando".

Este es mi bloque:




BLOQUE C-1 CORNERSTONE / THE LOYAL UNION SAMPLER DE JENNIFER CHIAVERINI / GUERRA CIVIL AMERICANA

 


Alexander H. Stephens era el vicepresidente de la Confederación. Era del sur de Georgia, abogado, y uno de los ideólogos más importantes de la secesión.

El 21 de marzo de 1861 pronunció un discurso en Savannah. Y lo llamó "Cornerstone Speech" porque quería explicar "la piedra angular" sobre la que se levantaba el nuevo país.

Dijo sin rodeos: "Nuestro nuevo gobierno se funda exactamente sobre la idea opuesta a la de los Padres Fundadores. Su piedra angular descansa sobre la gran verdad de que el negro no es igual al blanco; que la esclavitud, la subordinación a la raza superior, es su condición natural y normal"

 Para él, un país solo podía sostenerse si una raza estaba por encima de otra. 

En su teoría había tres puntos clave: 

- Rechazo total a la Declaración de Independencia: decía que la frase "todos los hombres son creados iguales" era un error.

- La esclavitud como base, no como problema. Muchos políticos decían que la esclavitud era un mal necesario, pero Stephens decía que era un bien necesario, positivo y fundamental. Era el cimiento. Sin ella no había país.

- Defendía que las sociedades siempre habían tenido una "raza superior" y una "raza inferior" trabajando para ella. Grecia, Roma... y ahora el Sur. Era el orden natural.

En este discurso histórico e infame dejó claro ante el mundo que la causa central e innegociable de la Confederación del Sur para separarse de la Unión era la preservación y perpetuación de la esclavitud.


Para los ciudadanos leales a Washington, la verdadera piedra angular de la civilización americana no era la opresión, sino el texto de la Declaración de Independencia y la propia Constitución de los Estados Unidos. Consideraban que la Unión era el bloque fundamental e inamovible de la libertad humana y del progreso.

Ya hemos visto en otros bloques que durante el siglo XIX las mujeres no tenían derecho al voto ni tenían espacio en la política. Las labores de costura eran el canal para expresar sus ideas. 

Las mujeres del Norte no se quedaron calladas. Agarraron esas mismas palabras y les dieron otro sentido. Si para el Sur la piedra angular era la esclavitud, para ellas era la libertad y la Unión. 

Las quilters comenzaron a nombrar o renombrar los patrones de sus bloques con nombres satíricos, de protesta o nombres patrióticos.. 

 Empezaron a coser el bloque Cornerstone en sus colchas. Era su forma de decir: "nosotras no creemos en eso". Era lanzar un mensaje político silencioso: "nuestra piedra angular es la libertad, no la esclavitud"

No era solo coser por coser. Miles de mujeres se reunían en iglesias y ayuntamientos a hacer bloques, samplers, colchas. Cada una de ellas aportaba un bloque, muchos de ellos con un significado histórico. Luego se vendían en las Ferias Sanitarias (Sanitary Fairs) para comprar comida y medicinas para los soldados del Norte. Con aguja e hilo también ellas estaban en el campo de batalla.

  En The Union Quilters, Gerda es la que cose este bloque. Por si no has leido las entradas anteriores, Gerda es abolicionista de origen alemán. No quiere coser al principio, pero lo hace, lo tiene que hacer. Elige un bloque sencillo, sin florituras. Para ella la piedra angular no es un discurso. Es decidirte a empezar. Es poner el primer bloque y actuar.


 En definitiva, este bloque representa el pilar moral y la firmeza de la comunidad de mujeres que se quedan a cargo del hogar y los negocios familiares, sosteniendo, como una "piedra angular", el esfuerzo bélico de sus maridos, hijos y hermanos en el campo de batalla.

Se lo voy a dedicar a Sojourner Truth.

Fue una de las abolicionistas, oradoras y activistas por los derechos de la mujer más influyentes de la historia de los Estados Unidos. 

Nacida esclava, dedicó su vida a transformar los cimientos morales de su país.




Nació en 1797 en Ulster Country, Nueva York, con el nombre de Isabella Baumfree. Pertenecía a unos terratenientes de origen holandés, así que su lengua materna era el neerlandés y aprendió inglés a los 9 años, cuando fue vendida y separada de sus padres.

Soportó abusos físicos y pasó por varios amos hasta que en 1826 se escapó con su hija recién nacida.

Poco después descubrió que su hijo Peter, de 5 años, había sido vendido de forma ilegal. Y sin saber leer ni escribir, demandó al hombre blanco que tenía a su hijo. En 1828 ganó y se convirtió en la primera mujer negra en ganar un juicio por custodia contra un hombre blanco en la historia de Estados Unidos.

En 1843 cambió su nombre de esclava a Sojourner Truth, que se traduce como "Espíritu Viajero de la Verdad". Y empezó a viajar por el país predicando la verdad sobre el abolicionismo y los derechos de las mujeres.

Nunca aprendió a leer ni a escribir. Pero plasmó sus memorias en un libro. Le dictó sus vivencias, sus recuerdos y toda su vida a su amiga Olive Gilbert.

 Se publicaron en 1850 bajo el título The Narrative of Sojourner Truth: A Northern Slave


En 1851, en la Convención de los Derechos de la Mujer de Akron, Ohio, pronunció el discurso que la inmortalizó. "Ain't I a Woman?

"He arado, he sembrado y he cosechado en los graneros, ¡y ningún hombre pudo superarme! ¿Y acaso no soy una mujer?"

Durante los años de la Guerra Civil, trabajó reclutando soldados negros para el ejército de la Unión.

En 1864 es invitada a la Casa Blanca, donde se reune con Lincoln.



Tras la abolición de la esclavitud, continuó luchando por el sufragio femenino, los derechos territoriales de los antiguos esclavos y la reforma de las prisiones.

Falleció en su casa de Battle Creek, Michigan, en 1883, dejando un legado imperecedero de justicia e igualdad.



REFLEXION:

Sojourner Truth lo vió clarísimo: el racismo y el machismo iban de la mano. No se podían separar.

En su tiempo pasaba algo muy injusto. Los abolicionistas hombres, fueran blancos o negros,   muchas veces se olvidaban de las mujeres. Y las sufragistas blancas muchas veces miraban hacia otro lado cuando se hablaba de las mujeres negras. 

Ella alzó la voz ante eso. Y nos dejó una lección que sigue doliendo hoy: si una lucha no incluye a todas las personas que sufren, entonces no es una lucha de verdad. 

No la dejaron ir a la escuela. No sabía leer ni escribir porque el sistema se lo impidió. Pero eso no le tapó la boca. Demostró que no hace falta un título para tener dignidad, inteligencia y verdad. Y con eso se puede cambiar el mundo. 

Su historia nos recuerda algo importante: Lo que se sufrió antes puede servir para que las que vienen después vivan con más justicia  y más libertad.


Este es mi bloque:



lunes, 22 de junio de 2026

BLOQUE C-2 COTTON BOLL / THE LOYAL UNION SAMPLER DE JENNIFER CHIAVERINI / GUERRA CIVIL AMERICANA


El motor de la esclavitud no fue el odio, sino la avaricia. La mano de obra barata o gratuita generaba ganancias, y cuando esas ganancias superaban las propias expectativas, fueron capaces de normalizar el horror.

La historia nos ha demostrado cómo el beneficio económico puede corromper por completo la moral de una civilización. La esclavitud en América no era un acto criminal; era la ley. Estaba respaldada por constituciones, protegida por los ejércitos y financiada por los bancos internacionales.

Muchas personas  que no tenían esclavos toleraban el sistema porque formaba parte de la sociedad. La normalización del horror es, seguramente, el acto más terrorífico de la condición humana: la capacidad de mirar hacia otro lado cuando la crueldad nos beneficia o no nos afecta directamente.

El cotton boll es la cápsula blanca y espinosa que encierra la fibra de algodón.









  
En las plantaciones del Sur, abrir miles de esas cápsulas era el trabajo diario de los esclavos. Cada cápsula representa dedos ensangrentados, jornadas al sol y familias separadas.

El algodón movía el mundo. Los líderes confederados crían en el slogan "el algodón es el rey", y que si dejaban de exportar a Europa, Europa se rendiría y los apoyaría. Pero se equivocaron. Europa buscó algodón en otros paises y el Sur se quedó aislado y empobrecido, con los almacenes llenos de algodón que ya nadie podía comprar.

Hoy miro el bloque Cotton Boll y los campos del Sur con horror, porque hemos evolucionado, o eso queremos pensar. Nos creemos que tenemos una superioridad moral para juzgar el pasado, pero también es una alerta para el presente. La fragilidad de la empatía humana sigue existiendo. El mundo se sigue enfrentando a formas modernas de esclavitud, como la trata de personas y la explotación infantil.

La historia nos deja una lección: la barbarie nunca se presenta como un monstruo evidente, sino que se disfraza de necesidad económica, de ley o de tradición.

Las mujeres de la Unión que plasmaron este bloque en sus colchas, quizás entendieron que el primer paso para destruir una injusticia era dejar de normalizarla y empezar a llamarla por su nombre.

Este bloque se lo dedico a Elizabeth Keckley.



Nació esclava en el condado de Dinwiddie, Virginia, en 1818, y fue registrada como propiedad del plantador Armistead Burwell.

Historiadores y documentos confirman que Elizabeth era hija biológica de su amo y de una esclava llamada Agnes Hobbs, de quien heredó las habilidades de costura y lectura. 

A los 14 años fue enviada a trabajar con el hijo mayor de Burwell a Carolina del Norte, donde sufrió abusos físicos y violaciones por parte de un hombre blanco y de los que nació su único hijo. 

En 1847, Elizabeth y su hijo pasaron a ser propiedad de la hija de Burwell, Anna. Al mudarse a St. Louis, Elizabeth se convirtió en el principal sustento económico de sus amos gracias a su talento con la costura.

Decidida a ser libre, negoció su precio. Tenia muchas clientas y ellas le prestaron los 1.200 dólares que costaba su libertad.
El 15 de noviembre de 1855 firmó su acta legal de libertad. 

Los 5 años siguientes trabajó para saldar su deuda, y luego se marchó a Washington. 

En Washington abrió su propio taller de alta costura, llegando a emplear a 20 costureras.

En 1861 se convirtió en la modista oficial de Mary Todd Lincoln. Elizabeth fue su confidente, estuvo a su lado en la muerte de su hijo Willie en 1862 y la ayudó a vestir el cadáver de Lincoln tras su asesinato en 1865.

En 1862 había fundado la Contraband Relief Association, una organización benéfica, en parte financiada por los Lincoln, que proveía de ropa, comida y refugio a miles de esclavos que huían del Sur durante la guerra. 

En 1868 publicó sus memorias para defender públicamente la reputación de Mary Todd Lincoln. Incluía cartas privadas de la Primera Dama y destapaba secretos de la Casa Blanca. 

La sociedad no toleró que una mujer negra revelara esas intimidades. Las clientas le dieron la espalda y fue una autentica ruina. 



Pasó sus últimos años enseñando costura en la Universidad de Wilberforce.

Murió en mayo de 1907, a los 89 años, en el asilo para mujeres negras desamparadas que ella misma había ayudado a financiar.


Hay muchisimos libros sobre la vida de Elizabeth, así que me voy a centrar en el de Jennifer Chiaverini. 

Mrs. Lincoln's Dressmaker, de 2013: Reconstruye la amistad entre Mary Todd y Elizabeth. Nos muestra a una Mary Todd Lincoln extremadamente difícil, vanidosa, propensa a la histeria y obsesionada con el gasto en ropa como mecanismo de defensa contra la depresión. 

Y frente a ella está Keckley, como una mujer inquebrantable, que debe equilibrar su afecto real por la Primera Dama con el hecho de que sigue siendo una empleada en una sociedad profundamente racista.




Chiaverini introduce en la novela un detalle: A lo largo de los años en la Casa Blanca, Elizabeth va guardando retales y trozos sobrantes de las telas de seda, satén y terciopelo de los vestidos de Mary.

Tras la guerra, Elizabeth une todos esos trocitos de tela cargados de recuerdos y confecciona el "Mary Todd Lincoln Quilt".



Chiaverini defiende la teoría de que Keckley nunca quiso traicionar a Mary, lo que escribió lo hizo para defender la reputación de Mary Todd tras la guerra y para intentar ayudarla recaudando dinero. Pero lo que pasó fue todo lo contrario.



Este bloque viene también acompañado de una película, "12 años de esclavitud".
La película narra la desgarradora historia de Solomon Northup, un hombre afroamericano libre que es secuestrado y vendido como esclavo. Él también recogió cápsulas de algodón en Louisiana. 


No he visto la película. Aún.

Hoy, coso este bloque con telas de algodón. Y el círculo de cierra. El Cotton boll nació en los campos del Sur, recogido a base de sangre y látigo. Este bloque no es una flor: es lo que sostuvo la esclavitud.  
Ahora ese algodón es tela, y aunque yo nada puedo reparar de lo que pasó, si puedo darle dignidad a sus historias.





viernes, 19 de junio de 2026

BLOQUE B-1 CALIFORNIA / THE LOYAL UNION SAMPLER DE JENNIFER CHIAVERINI / GUERRA CIVIL AMERICANA


Cuando cosemos el bloque "California" del Loyal Union Sampler, estamos cosiendo el confín del mapa de la Unión en 1861. 
California representaba  a los estados del Oeste que se mantuvieron leales durante toda la Guerra Civil. 

Coser este bloque era una forma de afirmar: "La Unión va del Atlántico al Pacífico". Incluía a los estados lejanos, nuevos y libres dentro de un mismo país.




California entró en la Unión como estado libre por la Constitución de 1850. En la ley, no existía esclavitud.

Pero en la práctica, la historia fue otra.

Durante la década de 1850, esclavistas del Sur trajeron a sus esclavos a California. En 1852 se calculaba que eran unos 300. Algunos trabajaban en las minas y otros como sirvientes domésticos.

La mayoría de los funcionarios estatales o locales miraba hacia otro lado. Algunos jueces y sheriffs tenían actitudes a favor de la esclavitud. Denunciar era complicado y peligroso.

Al mismo tiempo, la fiebre del oro atrajo a miles de afroamericanos libres. Llegaron con la esperanza de encontrar oro y poder comprar la libertad de sus familias. En 1860, más de 4000 afroamericanos vivían en California. Era la mayor población negra de cualquier estado o territorio occidental sin contar a Texas. 

Pero California estaba dividida. Había blancos del Sur, la mayoría a favor de la esclavitud; había abolicionistas del Norte, blancos y negros, que la odiaban. Y mientras tanto, se les prohibía a los negros libres votar, servir de jurado, casarse con blancos o ser testigos en tribunales estatales.

Como el gobierno no actuaba, la comunidad afroamericana libre de California tomó la iniciativa. Ellos mismos identificaban a los esclavos, les explicaban que en California eran libres por ley y  organizaban abogados, dinero y protección para que reclamaran su libertad ante los tribunales.

Mientras los californianos luchaban con temas de tierra, trabajo y etnia, la política nacional avanzó rápidamente hacia la guerra. Y aunque California  estaba muy lejos de Washington no se quedó al margen. Envió regimientos, oro y hombres para defender la Unión.

Fue el estado que financió la guerra con el oro de sus minas. 

Y en esta contradicción entre ley y realidad aparece nuestra mujer de hoy: Mary Ellen Pleasant.

Sus orígenes están envueltos en misterio, y hay fuentes que sugieren que nació libre en Filadelfia y hay otras que relatan que nació esclava en Georgia. 

El año de nacimiento tampoco se conoce, pero lo situan alrededor de 1814. 

Hija de madre negra de louisiana y padre hawaiano. Su apariencia le permitía pasar por blanca. 



Trabajó en el ferrocarril y ayudó a llevarlo a California durante la era de la fiebre del oro. 

En San Francisco montó pensiones y restaurantes de lujo donde servía a la élite de la ciudad. Ahí, escuchando a escondidas a hombres de negocios blancos, aprendió finanzas y empezó a invertir en bienes raices, minería y ferrocarriles. 

Llegó a amasar una fortuna de 30 millones de dólares. Se la considera una de las primeras mujeres negras multimillonarias de E.E.U.U.

Usó su dinero para apoyar el Ferrocarril Subterráneo, ayudando a esclavos a escapar. 

Durante la década de 1860 demandó a la North Beach & Mission Railroad Company de San Francisco. Ganó el caso y consiguió que se prohibiera la discriminación racial en el transporte público. Por eso la llaman "Madre del Movimiento por los Derechos Civiles de California"

Ella dijo: "Mi causa fue la causa de la libertad y la igualdad para mí y para mi pueblo, y prefiero ser un cadáver antes que una cobarde".

Este es mi bloque:


jueves, 18 de junio de 2026

BLOQUE C-11 DRUMMER BOY / THE LOYAL UNION SAMPLER DE JENNIFER CHIAVERINI / GUERRA CIVIL AMERICANA


Drummer boy significa "el chico del tambor" y encierra una profunda carga simbólica y emocional, tanto en la narrativa de la novela de Chiaverini, como en el contexto histórico real de la Guerra Civil. 

En la novela significa la pérdida de la inocencia familiar y el sacrificio de los hijos.

El sonido del tambor simboliza el reclutamiento que arranca a los hombres de la paz y la seguridad de su casa.

Mientras las mujeres cosen este bloque en sus grupos de costura, canalizan la angustia de ver partir a los soldados. Muchos de ellos eran niños aún, sobre todo para sus padres.

Este bloque rinde homenaje a una de las figuras más trágicas de la guerra: los niños en el frente.

Aunque la edad mínima legal para alistarse eran los 18 años, miles de niños entre 12 y 16 años -e incluso   menos- se alistaron en ambos bandos como músicos, sobre todo tamborileros y cornetas.

En el caos de un campo de batalla, los gritos de los oficiales era inútiles. Los Drummer boys era vitales porque sus toques de tambor transmitían órdenes cruciales: avanzar, retirarse, reagruparse o disparar.

Al marchar al frente junto a los oficiales para que sus señales se escuchasen con claridad, estos niños estaban completamente desarmados y expuestos al fuego enemigo, sufriendo tasas de bajas devastadoras.

Figuras reales como Johnny Clem, el "Niño de Chickamauga",  que se alistó a los 9 años, se convirtieron en leyendas populares de la época. Inspiraron canciones, poemas y, por supuesto, bloques de colchas tradicionales. Y películas !!!

Hoy no voy a hablar de mujeres, hoy le dejo el sitio a los niños tamborileros de la guerra.

Hay que partir de una idea: estos niños no eran simples mascotas del regimiento. Eran militares que cobraban un sueldo, firmaban contratos de alistamiento y cumplían misiones tácticas de gran riesgo.

Orion P. Howe: el tamborilero de Vicksburg:

La historia de Orion Howe está registrada al detalle en los partes de guerra oficiales de la Unión por su gran valentía bajo fuego cruzado, cuando solo tenía 14 años.

El 19 de mayo de 1863, durante el asalto a la fortaleza confederada de Vicksburg, Misisipi, el 55º de Infantería de Illinois se quedó prácticamente sin munición frente al enemigo. 


Estaban atrapados en una zona desprotegida. El coronel del regimiento ordenó al joven Orion que corriera a la retaguardia para pedir munición. 

Orion cruzó un campo abierto barrido por el enemigo. A mitad de camino recibió un balazo en una pierna. Pero a pesar de la herida y la sangre, se levantó y, cojeando, llegó a entregar el mensaje antes de desmayarse. 

El General Sherman quedó tan impresionado con la valentía de Orion que lo nombró en sus memorias y pidió para él la Medalla de Honor. 

Tenía 14 años. Sobrevivió a la guerra y vivió hasta 1930.



Julian Scott: el músico pintor del 3º de Vermont

Julian se alistó en el ejército de la Unión a los 15 años como tamborilero.

Durante la batalla de Lee's Mill, Virginia, la unidad de Scott intentaba cruzar un río bajo un bombardeo confederado. Varios soldados cayeron heridos en el agua, a punto de ahogarse. Scott dejo su tambor, se lanzó al rio a rescatar a los heridos y salvó a nueve de ellos.


Recibió la Medalla de Honor

Tras la guerra estudió arte y se convirtió en uno de los pintores históricos más importantes de Estados Unidos. 

Sus cuadros sobre la guerra Civil son famosos por su realismo. Pintaba lo que había visto y vivido.



Este cuadro se llama The Morning of Freedom y muestra a esclavos liberados llegando a las líneas de la Unión. Es perfecto para entender por qué sus pinturas son tan valiosas: él estuvo allí, con 15 años y un tambor.


Louis Edward Rafield: el tamborilero del Sur:

La mayoría de historias condecoradas pertenecen al bando de la Unión porque los archivos del Norte sobrevivieron intactos. 

De los archivos rescatados de los estados confederados, destaca la historia de Louis Rafield. 

Se alistó en Mobile, Alabama, con solo 11 años. Sirvió practicamente toda la guerra en el 21º de Alabama.

 En la Batalla de Shiloh, cuando su unidad empezó a dispersarse presa del pánico, Louis se plantó en medio del camino y comenzó a tocar el redoble de "asamble" con furia para obligar a los soldados a reagruparse.

Existen fuentes y menciones históricas que afirman que su tambor sobrevivió a la guerra. Pero hay una confusión histórica entre dos tambores: el tambor original lo perdió y se adentró en las líneas de la Unión y le robó un tambor al enemigo para poder seguir tocando.

Este segundo tambor es el que sobrevivió a la guerra y se conserva en Montgomery, en el Museo de Archivos de Alabama como prueba histórica de su servicio.


Era propietario y administrador de un café y una casa de huéspedes en Coden, Alabama. Desde el momento de su baja del Ejército Confederado, se dedicó a los veteranos con quienes sirvió. Fue miembro durante mucho tiempo del Campamento II del Almirante Raphael Semmes de los Veteranos Confederados Unidos. Retomó su papel de tamborilero mientras era miembro.


En la foto lo puedes ver con su tambor.



La cruda realidad del archivo militar

Los registros médicos de la época demuestran que el verdadero peligro para estos niños eran las enfermedades en los campamentos. 

Al no tener el sistema inmune desarrollado como un adulto, miles de drummer boys documentados en los archivos hospitalarios de ambos bandos murieron de disentería, malaria y tifus antes de tocar el tambor en la primera batalla.

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Y tenemos películas !!!!!



Es una pruducción regional estadounidense de muy bajo presupuesto y de corte educativo, por lo que su distribución es muy limitada. La he encontrado en YouTube en versión original. 

Cuenta la historia de un joven cuyo sentido del honor y del deber lo lleva a escaparse de su casa y emprender un viaje para unirse al 11º Regimiento de Infanteria de Kentucky. A partir de ese momento se mete en lios y sale de ellos, encontrándose con los enemigos (solo para darse cuenta que son personas con creencias y honor que proteger y que sus razones para alistarse no son muy diferentes a las suyas).





Una producción de 1963 producida por Walt disney. Se basa en la historia real de John Clem, un niño de 10 años que se unió al Ejército de la Unión como tamborilero durante la guerra y llegó a convertirse en oficial militar.

REFLEXION:

Haciendo este trabajo estoy leyendo mucho sobre la Guerra Civil. Y me enfado muchas veces con lo que leo. Me enfada la edad de los niños, las condiciones de los campamentos, las decisiones que se tomaron.

Pero luego me paro a pensar: no puedo juzgar hoy lo que hicieron hace 150 años. Es injusto. 

Los drummer boys nos obliga a mirar la Guerra Civil con otros ojos. 

El concepto de "niño" en 1860 para nada es el mismo que tenemos ahora en 2026. 

En el siglo XIX no existía la escolarización obligatoria y mucho menos la protección a la infancia, que es un concepto mucho más moderno. Muchos niños trabajaban en fábricas, granjas o simplemente ayudaban a sus familias desde muy pequeños. Alistarse con 14 años era algo duro, porque dura era la guerra,sí, pero no tan fuera de lugar como lo sería ahora. Su tambor marcaba el ritmo de los ejércitos, pero también marca para nosotros la distancia entre su época y la nuestra.

Eran mensajeros, enfermeros y símbolos de valor, que muchas veces murieron por enfermedades, sobre todo infecciosas. 

Pero esta reflexión va más allá de la guerra y de los niños. En ninguna circunstancia de la vida, y es mi opinión, podemos extrapolar lo que ocurrió hace 150 años al presente. Y esto no ocurre solo con la historia militar. Ocurre con cualquier época histórica. Incluso ocurre en el ámbito familiar.

Hoy día, en un alto porcentaje, los jóvenes de 18 años no están casados ni tienen hijos. Se entiende como el inicio de una etapa de estudios o de crecimiento personal. Sin embargo, mi abuelo ya era padre con 18 años y viviendo fuera de España. Para su generación eso era lo nomal y lo esperado.

Juzgar la vida con la vara de medir de hoy no tiene sentido. Cada tiempo tiene sus reglas, sus necesidades y su forma de vivir.

Plasmar la historia de los drummer boys en un bloque y en esta página, es recordarlos con respeto, sin juzgar, entendiendo que fueron niños de su tiempo.

Las generaciones venideras, quizás, nos juzgarán a nosotros con la misma dureza con la que a veces juzgamos al pasado.

Y sí, nos juzgarán por lo que estamos haciendo con los niños a pesar de que no los mandamos a ninguna guerra; por como tratamos al prójimo; por como nos maltratamos a nosotros mismos. Juzgarán nuestras prisas, nuestros miedos, nuestras contradicciones y tendrán una vara de medir que hoy ni imaginamos. 

Confío y espero que sean tan benévolos con mi generación como yo intento serlo con la de mi abuelo.

Que entiendan que cada época hace lo que puede con lo que tiene, con sus aciertos y con sus meteduras de pata. Y que, al mirarnos desde 150 años en el futuro, elijan la comprensión antes que la condena.

Este es mi bloque: