martes, 25 de agosto de 2026

BLOQUE H-7 PEACE AND PLENTY

 


Hay nombres de bloques que parecen necesitar una explicación y otros que, nada más leerlos, despiertan una imagen. 

Peace and Plenty. Paz y abundancia.

Dos palabras secillas. Dos deseos que probablemente han acompañado al ser humano desde siempre: vivir sin miedo y tener lo suficiente. 

El bloque H-7 del Loyal Union Sampler de Jennifer Chiaverini lleva ese nombre. Y cuando empecé a buscar su historia descubrí algo que ya no debería sorprenderme después de tantos bloques estudiados.

Peace and Plenty no es, hasta donde he podido documentar, un bloque de la Guerra Civil. 

Su historia conocida nos lleva a una época bastante más cercana. Nos lleva hasta 1945. 

En The Quilter's Album of Patchwork Patterns, Jinny Beyer identifica este diseño como:

Peace and Plenty - Farm Journal and Farmer's Wife, Silver Anniversary Issue, 1945. 

Y añade otro nombre posterior:

Unknown Four Patch - Delores A. Hinson, 1973


De momento no he conseguido encontrar una reproducción accesible de la página original de aquella edición de 1945. Por eso prefiero quedarme exactamente con lo que puedo documentar y no rellenar los huecos con historias que quizá suenen bonitas, pero que no se si son ciertas. 

Así que, sabemos el nombre, sabemos la publicación, y sabemos el año. 

Y en este caso el año resulta difícil de ignorar. 1945. El año en que terminó la Segunda Guerra Mundial. 

Un nombre difícil de separar de su tiempo. 

No he encontrado ninguna fuente original que diga que el bloque recibió el nombre Peace and Plenty para celebrar el final de la guerra. Y como yo no lo he encontrado, no puedo afirmarlo. 

Pero me sería difícil escribir sobre un bloque llamado Paz y Abundancia, publicado en 1945, sin detenerme un momento en lo que esas dos palabras podían significar entonces. 

Durante años millones de familias habían vivido pendientes de una guerra que parecía ocuparlo todo. En Estados Unidos, como en tantos otros paises, la guerra había entrado también en las casas. Había hombres lejos. Había noticias que no llegaban y noticias que se temían. Había productos racionados y cosas que ya no podían comprarse con la misma facilidad que antes. Las mujeres habían asumido trabajos y responsabilidades que antes desempeñaban los hombres que estaban combatiendo. 

Y había, sobre todo, una espera. Esperar que terminara. Esperar que regresaran. Esperar que la vida pudiera parecerse algún día a la que habían conocido antes. 

Por eso, aunque no pueda demostrar que quienes publicaron el bloque pensaran en todo esto al ponerle el nombre, me cuesta mirar estas dos palabras en una revista de 1945 y no pensar en aquel momento. 

PAZ.

Y después de la paz, quizá, volver a tener suficiente. 


La publicación en la que apareció el bloque tampoco era una revista ajena a la vida cotidiana de las mujeres. 

Farm Journal había nacido en el siglo XIX dirigida al mundo agrícola de Estados Unidos y acabó entrando en las casas de miles de familias rurales. 



Los quilts, las labores y los patrones encontraron también allí su espacio. 

Durante un periodo la revista estuvo vinculada a The Farmer's Wife, otra publicación destinada especialmente a las mujeres de las familias agrícolas, y de ahí procede el nombre que me he encontrado en la referencia de Jinny Beyer. 

Así que mi bloque de hoy no aparcece asociado a una exposición de arte ni a un libro de diseños. Aparece relacionado con una revista destinada a personas para las que coser formaba parte de la vida cotidiana. 

Mujeres que cuidaban de una casa, de una familia y muchas veces también de una granja. 

Y que, entre todas aquellas obligaciones, seguían encontrando un rato para unir pequeños trozos de tela. 

Jinny Beyer nos da además una segunda referencia. 

En 1973, Delores A. Hinson recoge este mismo diseño con otro nombre: Unknown Four Patch

La traducción sería algo parecido a Four Patch desconocido o bloque de cuatro parches desconocido. 

No he localizado todavía la página original de Hinson que me permita saber por qué utilizó exactamente esa denominación, así que tampoco quiero aventurarme en una explicación.

Lo que sí se es que Delores A. Hinson estuvo vinculada al estudio, recopilación y publicación de patrones de quilt. Y su nombre aparece en publicaciones posteriores asociado a diferentes diseños, y fue además una de las personas relacionadas con la historiadora Cuesta Benberry. 

Todo esto nos deja una pequeña línea de tiempo: 

1945 - Peace and Plenty - Farm Journal and Farmer's      Wife

1973 - Unknown four Patch - Delores A. Hinson. 

y finalmente...

Peace and Plenty - H-7 - The Loyal Union Sampler, Jennifer Chiaverini. 

Un mismo dibujo atravesando décadas y libros, perdiendo un nombre y recuperándolo después. 

Algo que he encontrado muchas veces desde que comencé este proyecto. 


Tengo que aclarar una cosa. El nombre Peace and Plenty se utilizó en textiles estadounidenses mucho antes de 1945. 

Existen antiguos Coverlets -colchas tejidas, no quilts de patchwork- con esa denominación durante el siglo XIX. 

Pero eso no significa que nuestro bloque de patchwork existiera entonces. Porque ya hemos visto cómo un nombre puede viajar durante generaciones y aplicarse a diseños completamente diferentes. 

Por tanto, con la documentación que tengo, ya sabemos que el H-7 del Loyal no es un bloque de la Guerra Civil. Pero Chiaverini lo incluye en su colcha. 

No se exactamente que llevó a Chiaverini a escogerlo. Pero su nombre encaja con la historia que está contando. 

Porque si hubo dos palabras que debieron repetirse en miles de hogares de Estados Unidos durante aquellos cuatro años fueron precisamente esas. Paz y Abundancia. 

No la abundancia entendida como riqueza. Algo mucho más sencillo. 

Que hubiera comida. Que la cosecha saliera adelante. Que regresaran los que se habían ido.Que no llegaran cartas con malas noticias. Que la guerra terminara. 

La Guerra Civil comenzó en abril de 1861 y terminó cuatro años después dejando un país profundamente herido. 

Para quienes sobrevivieron, la paz no significó que todo volviera inmediatamente a ser como antes. 

Pero muchas cosas ya no podían volver. 

Había casas destruidas, economías arruinadas y cientos de miles de ausencias.

Y había también un país que debía aprender a vivir de otra manera después de la abolición de la esclavitud. 

La paz era el final de la guerra. Pero también era el principio de todo lo que vendría después. 


Como te he contado al hablar de otros bloques, durante la Guerra Civil, muchas mujeres habían tenido que aprender a administar solas una granja, mantener un negocio, conseguir alimentos, cuidar a sus hijos y tomar decisiones que anteriormente compartían con sus maridos. 

Otras habían trabajado como enfermeras, organizando ayudas para los soldados o cosiendo y preparando suministros. 

Y muchas de ellas no vieron volver a sus hombres. Para ellas la PAZ tuvo necesariamente otro significado. 

La guerra podía haber terminado en los periódicos, pero seguro que siguió durante mucho tiempo en las casas. 


Después de tantos bloques que nos han llevado a campos de batalla, hospitales, caminos rotos y mujeres esperando noticias, quizá también necesitábamos encontrar uno que hablara de lo que todos esperaban encontrar al final del camino. No una gran victoria. Algo mucho más pequeño y probablemente mucho más importante: Poder vivir en paz y tener suficiente. 


Le voy a dedicar el bloque a las MUJERES GRANJERAS  de cualquier tiempo. 

Y te cuento la historia de una de ellas, anónima, que contaba su vida de una manera tremendamente sencilla: 

"Trabajé mucho. Tenía habitualmente dos o tres trabajadores contratados para los que cocinaba. Pero cuando llegaba el tiempo de la trilla, la mesa crecía y cocinaba para 24 hombres. 

Hacía todo el pan de la casa y horneaba pan todos los días. También preparaba tartas y pasteles. 

Lavaba la ropa a mano, sobre una tabla y dentro de una gran tina. 

Criaba gallinas y ovejas, alimentaba terneros, ordeñaba vacas, ayudaba con los cerdos y mantenía un gran huerto. Llegaba a conservar 300-400 frascos de fruta. 

Desde los 12 años hacía todo eso, asi que cuando me casé sabía hacer prácticamente todo lo necesario para llevar una granja y una casa. Y lo hacía con una cocina de leña."

Y su día también tenía 24 horas, eso no ha cambiado!


REFLEXION:

 

No se por qué Chiaverini decidió incluir este bloque en el Loyal Union Sampler. No he encontrado una explicación suya y, por lo tanto, no puedo decir que conozca el motivo. 

Pero esta vez tengo mi propia respuesta. 

Creo que este bloque tenía que estar.

He pasado meses escribiendo sobre una guerra que me queda muy lejos. He leído sobre batallas, hospitales, soldados que se marcharon, mujeres que esperaron, familias divididas y cartas que algunas veces tardaron semanas en llegar y otras veces no llegaron nunca.

Y cuanto más leo, más difícil me resulta imaginar que, desde prácticamente el primer día, no hubiera una palabra presente en todas partes: PAZ.

Paz en las conversaciones. Paz en las cartas. Paz en las oraciones. Paz en los hogares. Paz en la cabeza de una madre, una esposa, un hijo. 

Probablemente cada uno imaginaba una paz diferente. Para unos llegaría con una victoria de la Unión; para otros, con la independencia de la Confederación. Y para millones de personas esclavizadas, una paz que mantuviera la esclavitud difícilmente podía significar libertad. 

Pero por encima de todo aquello, tuvo que existir también un deseo mucho más elemental: que dejara de morir gente. Que la vida pudiera volver a ser simplemente la vida. 

Quizá por eso no me importa que nuestro Peace and Plenty esté documentado en 1945 y no en 1865. 

Yo no he vivido una guerra. Espero no vivirla nunca. Y quizá por eso me cuesta comprender cómo hemos conseguido hacer de algo tan sencillo, algo tan terriblemente complicado. Porque, al final, la vida no puede ser tan complicada como los seres humanos nos hemos empeñado en hacerla. 

Nacer, Crecer. Querer a alguien. Tener un lugar al que llamar casa. Sentarnos alrededor de una mesa. Trabajar. Reirnos. Cuidarnos. Envejecer. 

Y vivir en paz.

Tal vez el bloque H-7 no necesite una batalla que justifique su presencia entre estos 121 bloques. 

Después de tantos nombres que hablan de guerra, también hacía falta uno que recordara aquello que todos esperaban encontrar cuando terminara. 

PAZ.

Solo eso ya me parece una razón suficiente. 


Este es el bloque:


ACLARACION: Estoy de vacaciones y no he podido coser mi bloque, pero sí quería publicarlo. 

En la publicación de hoy aparecen dos fotos tomadas de internet que he incluido únicamente con un propósito didáctico y divulgativo.

Dejo los enlaces de estas fotos. Pero si el autor o propietario o cualquier persona considera que alguna de ellas no debería aparecer aquí, no hay ningún problema: solo tiene que comunicármelo y las retiro inmediatamente. 

Mi intención es únicamente compartir, aprender y seguir conociendo un poco más la historia que hay detrás de eso que tanto me gusta. 



la foto del bloque es de esta página

El bloque que aparece en la primera foto es de aquí.


jueves, 20 de agosto de 2026

THE BARN QUILTS / BLOQUE SPOOL AND BOBBINS




 El bloque que hoy cuelgo en mi granero lo he conocido como Spool, aunque el diseño concreto que voy a coser procede del proyecto Vintage Block Along de Lori Holt. Ella lo llama Spool and Bobbins. Pero cuando contó su historia dejó una pista que nos lleva bastante más atrás: el patrón pertenecía a la colección de patrones antiguos de su abuela y cuenta que en aquella hoja aparecía con otro nombre: Double Cross

Te cuento todo: En la entrada publicada el 23 de mayo de 2019, Lori explica que el nombre que figuraba en la página del patrón era Double Cross. Pero ella decidió no publicarlo con ese nombre. Al mirar el dibujo ella veía otra cosa: carretes y bobinas de hilo. Así que lo rebautizó como Spool and Bobbins

Si tuviera que elegir entre los sitios dedicados al patchwork y quedarme con uno, sin duda sería el blog de Lori Holt. Me gusta todo lo que hace, me gusta todo lo que cuenta, me gusta su cuarto de costura, sus telas, sus bloques, sus quilts. Todo, absolutamente todo, me gusta.

La elección de Lori tiene además un componente sentimental. En esa misma entrada nos habla de los objetos de costura que conserva de su abuela, antiguos carretes, bobinas y otros pequeños utensilios relacionados con la costura. Así, el nuevo nombre no fue simplemente una ocurrencia nacida de la forma geométrica del bloque. Estaba relacionado con los objetos que habían sobrevivido junto con aquellos patrones. 

Y creo que precisamente ahí empieza la verdadera historia de este bloque. 

El nombre de este patrón, Double Cross, tiene una traducción curiosa. 

Literalmente podríamos pensar en "doble cruz", pero en inglés double-cross también significa engañar o traicionar a alguien. El traductor me lo convertía en "doble traición".

Cuando he intentado averiguar quién creó el bloque y cuándo aparece por primera vez, no he llegado a nada. Como ya te he contado otras veces, y que por supuesto puede que sea mi impericia, los nombres de los bloques no son identificadores únicos. 

Un mismo diseño puede haber recibido diferentes nombres dependiendo de la época, la zona, el periódico o la diseñadora que lo publicó. Y, a la inversa, un mismo nombre puede designar dibujos completamente diferentes. 

Y eso es lo que me ha ocurrido con Double Cross. 

Durante la investigación apareció una pista aparentemente perfecta.

The Kansas City Star publicó un patrón llamado The Double Cross Quilt el 7 de septiembre de 1938. Incluso existe constancia de su Copyright. Todo parecía encajar: un patrón de los años treinta, un preriódico importantísimo en la difusión de los patrones de patchwork y exactamente el nombre que figuraba en la hoja de la abuela de Lori.

Pero cuando busqué el bloque en el libro de Jinny Beyer... el bloque The Double Cross Quilt no es el bloque que buscaba.

Así que mi pequeña investigación nos deja una enseñanza, que encontrar el mismo nombre no basta para establecer la historia de un bloque. Hay que encontrar también el mismo dibujo. 

La pena es que en la publicación de Lori, la hoja del patrón de su abuela no aparece en ninguna de las fotos, y no puedo tirar de ese hilo. 


En fin, que esta vez me rindo. Hay muchos bloques Spool y muchos Spool and Bobbins que podría haber utilizado y de los que tenía mucha documentación.

 Pero para Seis Pulgadas de Historia-Barn Quilts me gusta este bloque y es el bloque que quiero hacer.




Miras el bloque y ves un carrete. Esta es una de las razones por las que un mismo bloque tiene varios nombres. Una quilter miraba una figura geométrica y veía una cosa, algo que le era cercano y familiar. Y ese nombre se volvía propio. 

Hubo un tiempo en que un carrete de hilo no era un objeto que se tiraba cuando se acababa el hilo. 

Los antiguos carretes de madera vacios se quedaban en la caja de costura, servían para enrollar cintas, cordones o restos de hilo. Podían convertirse en juguetes infantiles o simplemente se quedaban esperando que alguien les diera uso. Pero no se tiraban. 

No solemos guardar los grandes acontecimientos de nuestra vida en una caja de costura. Hoy guardamos agujas, alfileres, dedal , descosedor y tres o cuatro cosas útiles más. Pero hubo un tiempo que esto no fue así. En los costureros de todas las casas se guardaban pequeños tesoros. 

En el costurero de mi madre había de todo. Allí convivían en perfecta armonía el zapato de una muñeca con el indio de uno de mis hermanos. El botón encontrado en la calle con el trozo de encaje que sobró de no se sabe qué. Un recorte de revista con un paquetillo de agujas intocables compradas en "Los Juanitos". En aquel costurero cabía todo. 

Y esto me lleva a una reflexión. 

Hoy, la velocidad de la vida nos obliga a sustituir. Sustituimos todo.

Cuando algo se rompe, lo cambiamos. Cuando algo envejece, compramos otro. Cuando algo deja de estar de moda, lo apartamos. Y muchas veces sustituimos cosas que todavía funcionan simplemente porque existe una versión más nueva. 

Seguramente vivimos rodeados de más objetos que nuestras abuelas, pero conservamos muchos menos. Porque ellas guardaban. 

Guardaban botones porque podían hacer falta. Retales que podían servir para otra labor. Cremalleras, cintas, puntillas, carretes, ovillitos de lana. Todo se reciclaba o se guardaba "por si". Y no siempre era romanticismo. La mayoría de las veces se guardaba por necesidad.

Pero aquella necesidad les enseñó algo que nosotros estamos perdiendo o ya hemos perdido: reconocer el valor de las cosas pequeñas. Cosas pequeñas como un carrete vacio. 

Ahora imagina a la abuela de Lori Holt guardando un patrón en su cesta de costura. Seguramente nunca hubiese imaginado que, décadas después, su nieta abriría aquella cesta, escogería uno de aquellos patrones y volvería a coser el bloque.

Y mucho menos que otras mujeres, a miles de kilómetros, volveríamos a hacerlo.

Cortamos telas nuevas, utilizamos reglas modernas y cosemos con máquinas que nuestras bisabuelas no habrían podido imaginar. Pero el gesto esencial continúa siendo el mismo: medir, cortar, coser. 

Todo a nuestro alrededor nos invita a sustituir. Yo te invito desde aquí a conservar. No todo lo antiguo necesita ser sustituido. 

Algunas cosas solo necesitan que alguien vuelva a encontrarlas. 

 


Si encuentras algún error, te agradecería que me lo dijeras


miércoles, 19 de agosto de 2026

MEMORIA DEL PATCHWORK / CARRIE A. HALL

Su nombre completo era Carrie Alma Hackett Hall.

Nació en 1866 y murió en 1955.

Los archivos de la University of Kansas confirman estas fechas y su nombre, que aparece como: 

Carrie Alma Hackett, 1866-1955.

Carrie A. Hall, nacida en 1866.

Las fuentes biográficas situan su nacimiento el 9 de diciembre de 1866 en Caledonia, Wisconsin. 

Su familia se trasladó posteriomente a Kansas, donde creció en una granja de colonos cerca de Smith Center. 

Antes de dedicarse profesionalmente a la costura fue maestra y llegó a ejercer funciones de superintendente escolar.

Hacia 1889, con unos 23 años, se trasladó a Leavenworth, Kansas. 



Y aquí empieza una parte de su vida que me parece especialmente interesante: Carrie Hall no empezó siendo una historiadora del patchwork. Era modista. Se anunciaba como "Madam Hall, Modiste".

En Leavenworth creó un negocio de confección de ropa a medida. Llegó a dirigir un negocio próspero, tenía empleadas y confeccionaba vestidos para las mujeres de la sociedad local. Utilizaba revistas de moda de París y tejidos importados de Francia. En el museo histórico de Leavenworth se conservan algunos. 

Con la expansión de la ropa confeccionada industrialmente y la Gran Depresión, su negocio como modista fue decayendo y Carrie fijo su mirada y su saber en los quilts. 

Carrie se propuso hacer todo patrón que cayó en sus manos. Buscó patrones en periódicos, revistas, y cualquier publicación. Entre ellas estaba el Kansas City Star, que publicaba patrones de patchwork por aquellos años. 

Durante aproximadamente las décadas de 1920 y 1930 cosió centenares de bloques. Según el Museo Spencer, cosió más de 800 bloques y más de 16 quilts durante los años veinte y primeros treinta. 


En 1938 Carrie Hall donó su colección a la University of Kansas. Los bloques se encuentran actualmente vinculados a las colecciones del Spenser Museum of Art

Los patrones dibujados a mano por Carrie se conservan en la Kenneth Spencer Research Library de la Universidad de Kansas. El archivo contiene además índices cruzados de nombres de patrones realizados posteriormente por Elizabeth Szabronski. 


En 1935, Carrie Hall y Rose G. Kretsinger publicaron The Romance of the Patchwork Quilt in America, en Caldwell, Idaho.


El libro fue muy influyente en el mundo de las quilters. El propio Spencer Museum explica que durante cuarente años fue el principal índice utilizado para identificar nombres de patrones de quilts. 

Carrie escribió gran parte del contenido histórico y documental, y Rose aportó su conocimiento artístico y de diseño del quilting. 

La edición original apareció en 1935; hubo una segunda impresión revisada en 1936 y Dover publicó en 1988 una reedición algo abreviada y corregida. 

Investigaciones posteriores han demostrado que Hall podía asignar nombres nuevos, conservar nombres antiguos, registrar varios nombres para un mismo bloque o utilizar el mismo nombre para diseños diferentes. Y esto explica perfectamente por qué me estoy encontrando tanto lio al buscar determinados bloques tradicionales. 

Pero mira como trabajaba. En algunos bloques escribió directamente la procedencia. El Museo Spencer conserva, por ejemplo, Basket of Daisies, hacia 1930. En el reverso Carrie anotó que había obtenido el patrón de Miss Rayburn Webster, Ferron Park, Wisconsin. Esto demuestra que estaba intentando registrar fuentes y procedencia. 


Algunos nombres de sus patrones están especialmente relacionados con Kansas. Entre ellos aparecen:

- Tonganoxie Nine-Patch

- Leavenworth Nine-Patch

- Leavenworth Star

- Kansas Star

- Kansas Troubles

- Topeka Rose

El Museo Spencer conserva estos bloques y en 1983 organizó en Leavenworth una exposición dedicada a los bloques de Carrie Hall. 


 También hizo quilts. Uno de los más interesantes es el George Washington Bi-Centennial, realizado en 1932 para conmemorar el bicentenario del nacimiento de Washington.


El quilt contiene referencias visuales al famoso relato del cerezo: silueta de Washington, hachas, cerezos. Carrie dejó incluso una etiqueta describiendo la composición y anotó el precio de venta: 59 dólares. 

En los últimos años confeccionó muñecas y vestuario histórico en miniatura. Reproducía vestidos históricos con muchísimos detalles. Algunas de esas piezas siguen apareciendo en colecciones especializadas de muñecas antiguas.
 
También realizó aproximadamente 50 muñecas de personajes bíblicos, que según la información recopilada por The Quilters Hall of Fame terminaron en la colección de Nebraska Wesleyan University

Carrie Hall fue incorporada al Quilters Hall Of Fame en 1985, el mismo año que Rose Kretsinger. 

Y en 1999 Bettina Havig publicó otro libro fundamental: Carrie Hall Blocks: Over 800 Historical Patterns from the Collection of the Spenser Museum of Art, University of Kansas.


Incluye fotografias en color de gran parte de la colección y más de 200 patrones y diagramas de montaje. 

Y después de conocer la historia de Carrie Hall, resulta inevitable mirar nuestros propios bloques de otra manera.

¿Por qué cosemos?

Supongo que habrá tantas respuestas como personas sentadas delante de la pantalla leyéndome o detrás de una máquina de coser. 
Cosemos porque nos gusta crear, porque necesitamos mantener las manos ocupadas, porque nos tranquiliza, porque disfrutamos con las telas bonitas. Cosemos para regalar, para guardar, para aprender, para recordar. 
Y a veces cosemos porque sí, porque hay días que unas cuantas piezas de tela que terminan encajando unas con otras consiguen poner también un poco de orden dentro de nosotros. 

Carrie Hall cosió cientos de bloques. Los buscó, los estudió, los cosió y los guardó. Seguramente que cuando cosió el primero no podía imaginar que, casi un siglo después, otras mujeres seguiríamos mirando aquellos bloques e intentando averiguar sus nombres y sus historias. 

Y seguramente ahí esté una de las cosas más me gustan del patchwork, que nunca cosemos solamente telas, sino momentos, personas, lugares y recuerdos. Siempre dejamos algo nuestro entre las puntadas que damos, aunque nadie más llegue a saber exactamente que era. 

Carrie dejó más de 800 bloques. Y ahora tengo una curiosidad...

¿Cuántos bloques de patchwork habrás cosido tú a lo largo de tu vida?

Yo, desde luego, nunca los he contado !!!!


lunes, 17 de agosto de 2026

BLOQUE G-1 MANASSAS / THE LOYAL UNION SAMPLER DE JENNIFER CHIAVERINI / GUERRA CIVIL AMERICANA

 


Manassas está en Virginia, a unos 50 kilómetros al suroeste de Washington. 

En 1861 no era todavía la ciudad que conocemos hoy.

Lo verdaderamente importante era Manassas Junction, un estratégico cruce ferroviario donde se encontraban dos líneas de ferrocarril. 

Su situación, entre Washington y Richmond -la capital de la Confederación-, hizo que aquel lugar aparentemente tranquilo quedara inevitablemente atrapado en la guerra. 

Y allí fue donde, apenas tres meses después del ataque a Fort Sumter, muchos estadounidenses comprendieron por primera vez lo que aquella guerra iba a significar. Todos pensaron que sería breve.

En el Norte se esperaba que una victoria contundente acabara rápidamente con la rebelión de los estados secesionistas. En el Sur también había quienes imaginaban que una gran victoria obligaría al gobierno federal a aceptar la independencia de la Confederación. 

Los hombres que formaban aquellos primeros ejércitos eran, en buena parte, soldados sin experiencia. Muchos habían dejado pocos días antes sus trabajos, sus granjas y sus familias. Algunos voluntarios de la Unión se habían alistado únicamente para 90 días, que era lo que en las peores circunstancias pensaban que duraría la guerra. Este detalle dice mucho sobre cuánto se subestimaba la duración de la guerra.

El 16 de julio de 1861, el ejército de la Unión salió de Washington en dirección a Manassas. El objetivo era hacerse con aquel importante nudo ferroviario y abrir el camino hacia Richmond. 

Cinco días después, el domingo 21 de julio, los dos ejércitos se encontraron junto a un pequeño arroyo llamado Bull Run. 

Aquella batalla tendría dos nombres. 

Para el Norte sería la Primera Batalla de Bull Run.

Para el Sur sería la Primera Batalla de Manassas.

Esa costumbre de nombrar de forma diferente las mismas batallas se repetirá durante la guerra: los federales tendían a utilizar accidentes geográficos -ríos, arroyos- y los confederados, poblaciones o lugares próximos. 

Jennifer Chiaverini escogió para su bloque un nombre sureño.

Hay un detalle de aquel día que probablemente explica mejor que cualquier movimiento militar la mentalidad con la que comenzó la batalla: 

Hubo civiles que fueron a verla!!! 

Desde Washington se desplazaron curiosos, políticos y otras personas que querían contemplar lo que imaginaban iba a ser una rápida victoria de la Unión. El National Park Service habla de unos doscientos civiles que acompañaron o siguieron el avance del ejército, aunque la mayoría permaneció a cierta distancia del verdadero campo de batalla. 

Y sí: las historias sobre espectadores que llevaron comida tienen una base real. Se fueron a pasar un día de picnic al campo, tal cómo te lo cuento.

Con los años, la escena se exageró hasta convertirse en la imagen de elegantes familias celebrando casi una fiesta campestre mientras observaban la batalla. La realidad supongo que sería un poco más compleja, y que no voy a intentar entenderlo con la mirada de hoy, lo cierto es que hubo espectadores y que algunos llevaron las típicas cestas de comida para pasar el día en el campo. 



Quizá no haya mejor ejemplo de lo poco que todavía comprendían acerca de la guerra que acababa de comenzar. El "día de campo" terminó con los espectadores huyendo por los mismos caminos que los soldados derrotados. 

Porque Manassas cambió las cosas. La batalla duró casi todo el 21 de julio. Al principio pareció que la Unión podía imponerse, pero durante la tarde las fuerzas confederadas consiguieron resistir y contraatacar. Finalmente, los soldados federales comenzaron a retirarse hacia Washington y aquella retirada terminó convirtiéndose en desorden y pánico. 

La Confederación había ganado la primera gran batalla de la Guerra Civil. Aunque creo que lo importante de Manassas no fue quién ganó aquel día. Lo importante fue lo que todos aprendieron. 

El National Park Service define la Primera Batalla de Manassas como el final de una especie de "inocencia colectiva". Hasta entonces muchos habían imaginado la guerra como una aventura breve y Manassas demostró algo muy diferente. Casi 5.000 hombres resultaron muertos, heridos, desaparecidos o capturados entre los dos ejércitos. 

La guerra no terminó aquella tarde. Acababa de empezar. Ellos no sabían lo que nosotros sí sabemos, que aquella guerra  duraría 4 largos años. 


Mientras los periódicos hablaban de victorias y derrotas, nadie se preocupó de la gente que vivía cerca del campo de batalla.

 Las granjas se transformaron de pronto en hospitales, puestos militares y lugares de paso de miles de soldados. Mujeres que una hora antes llevaban una vida tranquila y pacífica se encontraron atendiendo heridos, preparando comida, repartiendo agua y viendo como sus hogares quedaban atrapados entre dos ejércitos. 

Una de aquellas historias es la de Judith Carter Henry, una viuda de 85 años que vivía en una pequeña casa situada en Henry Hill. Estaba enferma y postrada en la cama cuando la lucha llegó literalmente hasta su hogar. Su casa quedó en medio del combate y Judith murió a consecuencia de las heridas sufridas aquel día.

Y estaban también los niños. Laura Thornberry tenía solamente seis años cuando comenzó la batalla. Décadas después todavía recordaba lo que había visto. Al regresar su familia a casa al día siguiente descubrió que tanto su casa como la iglesia metodista cercana habían sido utilizadas como parte de un hospital de campaña. 

Hay muchas historias que nos cuentan que una batalla no siempre sucede sobre un mapa y sí en el lugar donde vive alguien. 


Con respecto al bloque aparece una pequeña sorpresa de esas que tanto me gustan. El diseño al que Chiaverini llama Manassas no lleva históricamente ese nombre. Buscando el mismo dibujo en el libro The quilter's Album of Patchwork Patterns de Jinny Beyer encontré exactamente el mismo bloque. Beyer lo identifica como:

Quatrefoils - Nancy Cabot, Chicago Tribune, 29 de junio de 1936.

Así que tenemos que separar dos historias. Una es la historia del diseño de patchwork documentado como Quatrefoils en 1936.

Otra es la historia del nombre que recibe dentro del Loyal Union Sampler: Manassas. 

No puedo afirmar que en la época de la guerra existiera un bloque tradicional con este diseño. Simplemete Chiaverini coge un diseño cualquiera y lo renombra para el Loyal. Porque como vamos viendo, el Loyal es una colección de bloques tradicionales de cualquier época con nombres relacionados con la guerra o no. Y un bloque con el nombre de Manassas tenía que estar, no por que aquel día se decidiera una guerra. Precisamente por lo contrario, porque demostró que aquella guerra no iba a decidirse aquel día. 

Manassas fue el momento en que una generación que todavía hablaba de victorias rápidas comenzó a comprender el precio de lo que había puesto en marcha. 

Después vendrían otras batallas, Antietam, Gettysburg y tantos otros nombres que ya asociamos rápidamente con la Guerra Civil. 

Pero la primera fue Manassas.

Un domingo de julio de 1861 en el que soldados inexpertos marcharon convencidos de que quizá estaban participando en la batalla que terminaría con la guerra. Y regresaron sabiendo que probablemente solo habían visto el principio. 

 

UNA REFLEXION:


Hay momentos en la vida en los que empezamos algo convencidos de que sabemos cómo va a terminar. 

Hacemos planes, calculamos tiempos, imaginamos el camino. Nos decimos que serán unos meses, que pronto pasará, que podremos con ello. Y seguramente necesitamos hacerlo así porque, si conociéramos de antemano todas las dificultades que vamos a encontrarnos, seguramente la mayoría de las veces no nos atreveríamos a empezar. Yo por lo menos. 

En aquel verano de 1861 muchos pensaron que la guerra sería corta y aquella misma tarde descubrieron que no. 

Y, salvando las distancias, porque una guerra no puede compararse con nuestros problemas cotidianos, hay algo en aquella falsa seguridad que me resulta muy conocido.

Cuántas veces hemos pensado eso de "esto pasará pronto", y no pasó pronto. 

Una enfermedad que se alargó más de lo esperado. Un problema familiar que parecía sencillo y terminó acompañándonos durante años. Una pérdida de la que creíamos que nos recuperaríamos en unos meses. Un proyecto que comenzó con toda la ilusión del mundo y que, en algún momento, estuvimos a punto de abandonar. 

Hay días que son un "pequeño manassas" en nuestras vidas. 

No porque sean una batalla, sino porque marcan ese instante en el que comprendemos que el camino va a ser bastante más largo de lo que habíamos imaginado. 

Y entonces tenemos dos posibilidades: lamentarnos porque las cosas no han sucedido como esperábamos o aceptar que tendremos que recorrer ese camino de otra manera. 

Quizá madurar consista también un poco en eso. En aprender que cambiar los planes no significa haber fracasado. Que necesitar más tiempo no significa ser más débil. Y que algunas veces no podemos elegir la duración del camino; solamente podemos elegir cómo vamos a recorrerlo. 

Mientras escribo esto pienso también en mi quilt.

Cuando empecé el Loyal Union Sampler sabía que eran 121 bloques. Hice mis cuentas y tracé mi plan: coser un bloque y publicar su historia cada domingo por la tarde. 

121 bloques. 121 domingos. 

Parecía sencillo, hasta que hice la cuenta!!!

Porque 121 domingos son más de dos años. Y hay semanas en las que puedo coser mucho y otras semanas muy complicadas. Y me conozco. Y cambié de plan. No puedo alargar esta colcha dos años. Ahora coso y publico cuando estoy lista. Cuando he investigado, leido y estudiado lo justo y suficiente para que el bloque y su historia estén terminados como yo quiero. Con la profundidad justa de una aficionada a esta época y al patchwork. 

Este trabajo es importante para mi en este momento de mi vida. Y puede que lo termine en menos de dos años, pero le daré todo el tiempo que necesite. Me da igual publicar tres bloques un lunes que no publicar ninguno durante semanas. No quiero plazos. No quiero fechas. Coso y te cuento una historia mientras coso. En este momento, no necesito más. 


Este es mi bloque:


 



jueves, 13 de agosto de 2026

BARN QUILTS / BLOQUE ANVIL

 



Anvil es un bloque tradicional que procede directamente de la vida y el trabajo de las comunidades rurales. 


Su nombre significa "yunque". El diseño representa de forma estilizada el yunque del herrero, un oficio fundamental en las comunidades agrícolas: el herrero fabricaba y reparaba herramientas, herraduras y numerosas piezas metálicas necesarias para trabajar en la granja. 

El propio National Park Service utiliza el patrón anvil para explicar cómo los nombres de los quilts reflejaban no solo las tareas domésticas, sino también actividades imprescindibles de los primeros asentamientos, como la herrería.

Además, tenemos documentación material muy interesante. El Spencer Museum of Art de la University of Kansas conserva un bloque Anvil realizado por Carrie A. Hall (1866-1955) y fechado a comienzos del siglo XX.



Y el Smithsonian Anacostia Community Museum conserva un quilt Anvil de finales del siglo XIX, confeccionado en algodón y compuesto por 20 bloques. 



Si vas a hacer este patrón hay una cosa que debes saber: no existe un único Anvil. Se documentan varias configuraciones diferentes bajo los nombres Anvil y The Anvil. Una recopilación moderna señala al menos cinco variantes y atribuye algunas de ellas a Carrie Hall, Nancy Cabot y otras fuentes. 


El bloque Anvil clásico se realiza tradicionalmente con una tela de color y una tela de fondo. En mi esquema he utilizado varios colores únicamente como recurso visual, para distinguir con mayor claridad las diferentes piezas que forman el bloque y facilitar la compresión de las medidas de corte.

Por tanto,los distintos colores del dibujo no indican que sea necesario utilizar varias telas: sirven simplemente para identificar mejor cada tipo de pieza.



Mi bloque tendrá que esperar a que vuelva a casa. Mi idea es hacer algo como esto:




o como esto: 




o como esto:





Te dejo la foto de mi granero !!!!







miércoles, 12 de agosto de 2026

BLOQUE E-2 GRANNY'S FAVORITE / THE LOYAL UNION SAMPLER DE JENNIFER CHIAVERINI / GUERRA CIVIL AMERICANA



Hay nombres de bloques que necesitan una batalla, una fecha o un personaje para empezar a contar su historia. Este bloque no necesita nada de eso. Basta con traducir su nombre: "El favorito de la abuela". 

¿Qué significa realmente "granny"?

Granny es una palabra inglesa familiar y afectuosa que significa "abuela", muy parecida a Grandma. Según el contexto, podríamos traducirla como "abuelita", aunque para Granny's Favorite yo prefiero "El favorito de la abuela".

Lo curioso es lo que ha ocurrido con la palabra granny dentro del mundo de las labores. La palabra no significa originalmente una técnica de ganchillo. Simplemente significa "abuela". Sin embargo, quedó asociada de una manera muy fuerte a una pieza concreta: el Granny square, literalmente "cuadrado de la abuela".


El granny square es ese pequeño motivo de ganchillo, normalmente cuadrado, tejido desde el centro hacia fuera y muchas veces realizado con distintos colores. Durante décadas se utilizó muchisimo para aprovechar pequeñas cantidades de lana y unir después los cuadrados para hacer mantas, cojines...


Esta colcha la hice el verano de 1982.


Por eso ha ocurrido algo interesante con el lenguaje: dentro del ámbito de las labores, hoy día oímos "granny" y pensamos inmediatamente en el ganchillo, especialmente en el granny square. Incluso en español se habla de "grannys" para referirse a esos cuadrados, aunque esa utilización no corresponda al significado de la palabra inglesa. 


Así que detrás de nuestro bloque de hoy, aparecen inevitablemente todas aquellas abuelas que enseñaron a coser y a tener paciencia cosiendo.


Hoy hablamos de abuelas, de aquellas que guardaban trocitos de telas que "podrían servir". Las que tenían una caja de botones que nunca se tiraban y que nunca se acababan; una cesta de costura junto a una silla de enea bajita, y unas tijeras que más valía no coger sin permiso. Las que nos enseñaron a enhebrar una aguja, a hacer un dobladillo, a coser un botón y, en muchos casos, a unir los primeros trozos de tela. 

Pero antes de llegar a ellas, vamos a buscar la historia de nuestro bloque. Y esta vez vuelve a ocurrir algo que ya me he encontrado con otros bloques del The Loyal Union Sampler: el nombre y el diseño no siempre han viajado juntos. 


Jennifer Chiaverini llama "Granny's Favorite" al bloque E-2 de su Loyal Union Sampler.

Cuando he buscado este diseño concreto en The Quilter's Album of Patchwork Patterns, de Jinny Beyer, me he encontrado una única referencia:

Granny's Choice - Kansas City Star, 29 de diciembre de 1948.

Bárbara Brackman también registra este diseño como BlockBase #2309, Granny's Choice, procedente del Kansas City Star en 1948.

El Kansas City Star había comenzado a publicar patrones de bloques en 1928 y siguió haciéndolo durante más de tres décadas. Aquellas publicaciones contribuyeron enormemente a la difusión y conservación de los diseños de patchwork. 

Así, que según todo lo que he averiguado, no he encontrado este diseño concreto durante la Guerra Civil. La referencia que tenemos es de 1948, más de ochenta años después del final de la guerra. 


Esto no significa necesariamente que alguien no hubiera cosido antes este diseño. Como ya te he contado, los bloques circulaban entre familias y comunidades mucho antes de que aparecieran impresos. Pero tengo que ser prudente y no adelantar la historia de un diseño sin una fuente que me permita hacerlo. 

Lo único que puedo afirmar es que en 1948 el periódico Kansas City Star publicó este dibujo con el nombre Granny's Choice.

Y ese es el diseño que, muchos años después, Jennifer Chiaverini eligió para su Loyal Union Sampler y llamó Granny's Favorite. 


Pero hay otro bloque llamado Granny's Favorite. Y aquí empieza una de esas pequeñas complicaciones que hacen tan interesante investigar los bloques tradicionales. 

En el libro de Jinny Beyer me he encontrado otro bloque completamente diferente. Su nombre es:

Old Fashioned Daisy - Nancy Cabot, Chicago Tribune, 29 de julio de 1934.

Pero Beyer señala que ese mismo diseño volvió a aparecer con otro nombre: Granny's Favorite - Nancy Cabot, Chicago Tribune, 8 de agosto de 1937.

Por lo tanto, tenemos dos dibujos diferentes relacionados con el mismo nombre.

El Granny's Favorite de Nancy Cabot de 1937 no es el bloque que he cosido. El diseño del Loyal es el Granny's Choice publicado por el Kansas City Star en 1948. 

Esto puede resultar desconcertante cuando se empieza a investigar, pero cada vez me resulta más atrayente. Muchos bloques totalmente diferentes comparten nombre. No existía un registro oficial que dijera "este dibujo se llama así y solamente puede llamarse así". 

Ahora la pregunta es: ¿Qué hace este bloque en un quilt sobre la Guerra Civil? Es una pregunta que ya me resulta familiar.

Si el diseño que estoy cosiendo está documentado en 1948, evidentemente no puedo utilizarlo como prueba de que lo cosían las mujeres entre 1861 y 1865. 

Pero el Loyal Union Sampler NO es un catálogo de bloques de la Guerra Civil. Jennifer utiliza también los nombres de los bloques para construir un relato alrededor de ellos. Y pocas palabras me llevan con tanta facilidad al pasado como Granny. Abuela.

Porque durante generaciones la costura se aprendió de una manera muy distinta a como lo hacemos hoy. Sin videos, sin tutoriales, sin patrones que aparecieran en una pantalla al darle a una tecla. 

Este bloque se lo dedico a ellas, a las abuelas que pacientemente se sentaron a nuestro lado y nos enseñaron las primeras puntadas. Yo no tuve abuelas que me enseñaran a coser. Tuve a mi madre. Así que va por ellas, por las abuelas y por las madres que enseñaron. 

Durante siglos, buena parte de los conocimientos relacionados con la costura se transmitieron así, de mujer a mujer y de generación en generación. 

Yo me acerque a la costura poco a poco, ordenando bobinas de hilo, separando botones por colores, haciendo ovillos de los restos de las madejas de lana, ordenando trocitos de telas. Pero así aprendí a tener paciencia, a poner mi mente en modo costura, a reciclar las camisas viejas y hacer ropa para las muñecas.


Cuando comenzó la Guerra Civil en 1861, la costura formaba parte de la vida cotidiana de las mujeres americanas. Confeccionaban su propia ropa, y la aprovechaban al máximo. Y con la guerra supieron aprovechar esos conocimientos para coser uniformes, mantas, vendas, quilts.  Y todo ese conocimiento no apereció de repente con la primera batalla. Venía de antes, de sus madres, de sus tias, de sus abuelas.


Por eso creo que Granny's Favorite tiene un lugar en el Loyal. Porque en las mujeres que nos han precedido se concentraba el conocimiento que tenemos hoy. Las mujeres que cosieron durante aquella guerra habían aprendido de otras mujeres. Y ellas, a su vez, enseñarían a las siguientes. 

Mientras estudio la historia de los bloques de patchwork, busco nombres que ya, si eres lectora de estas historias, te suenan familiares, Ruby McKim, Nancy Cabot, Carrie Hall, Clara Stone, Jinny Beyer, Bárbara Brackman. Gracias a mujeres como ellas se conservaron y documentaron cientos de patrones. 

Pero antes de que alguien los dibujara para un periódico o los recopilara en un libro hubo miles de mujeres cuyos nombres nunca se conocerán. Porque no dejaron archivos, ni escribieron libros. Dejaron lo que sabían hacer. 

Quizá el verdadero patrimonio del patchwork no sean solamente los quilts que han sobrevivido. Porque lo que verdaderamente ha sobrevivido es el conocimiento que pasa de una generación a otra, la capacidad que tenían para enseñar, la paciencia para sentarte a su lado y verlas coser. 

Mi madre me enseñó a descoser antes que a coser. Mientras crecía no lo entendí. Descoser me parecía deshacer el trabajo, volver atrás, perder el tiempo.

Pero ahora, mirando con la perspectiva que te dan los años, creo que empiezo a entender lo que realmente me estaba enseñando.

Me enseñaba que equivocarse forma parte de hacer las cosas. Que una puntada mal dada no convierte en inútil todo lo que has cosido antes, que algunas veces hay que detenerse, deshacer un poco y empezar de nuevo desde un punto anterior. Y, sobre todo, que no pasa nada. Quizá por eso nunca le he tenido miedo al descosedor. Hay puntadas que tenemos que quitar por mucho tiempo que hayamos empleado en hacerlas. 

Con los años he descubierto que aquello tenía bastante poco que ver con la costura y muchísimo que ver con la vida. Mi madre seguramente solo pretendía enseñarme a coser bien. Y, sin saberlo, me estaba enseñando que también hay que aprender a descoser, a dar un paso atrás, volver a mirar lo que estás haciendo y aprender a rectificar. 


Este es mi bloque:


 NOTA ACLARATORIA: 

No se si, a veces, todos los datos, fechas, nombres y referencias que voy dejando en este blog pueden resultarte un poco tediosas. Es posible. Pero forman parte de lo que me propuse cuando empecé a coser el primer bloque de The Loyal Union Sampler.
No quería limitarme a coser 121 bloques y unirlos para conseguir una colcha. Quería saber qué estaba cosiendo. 
Por eso, desde el principio, mi intención ha sido buscar el origen de cada diseño, averiguar cuando apareció, con qué nombre se publicó, quién lo recogió y qué historia puede esconderse detrás de él. Y después intentar comprender por qué Jennifer Chiaverini eligió ese nombre o ese bloque para incluirlo en un sampler inspirado en la Guerra Civil Americana. 

A veces la relación es evidente, pero otras no lo es. 
Y cuando no encuentro una relación histórica demostrable también quiero contarlo.

No quiero buscar una historia donde quizá nunca la hubo, ni convertir una coincidencia en un hecho histórico simplemente porque quede bien en estos escritos. Prefiero decir "hasta aquí he podido llegar, esto es lo que sabemos o lo que he podido averiguar". 

Y ahora me dirijo a ti, que has llegado a este blog hace pocos días. 
No sé cuál ha sido el motivo por el que has llegado a "Seis Pulgadas de Historia". Quizás buscabas información sobre un bloque, quizá una foto llamó tu atención, o simplemente fuiste saltando de un sitio a otro y terminaste en mi blog. 

Este es un blog personal. Y, como tal, está lleno de historias personales.
Mi intención nunca ha sido dirigir un trabajo, organizar un grupo de costura ni proporcionar tutoriales para que hagas exactamente lo mismo que hago yo. Desde la primera publicación te conté que ese no era mi propósito. 

Yo solo enseño lo que estoy cosiendo y te cuento por qué lo estoy cosiendo. 

Te cuento que bloque tengo encima de la mesa, qué he descubierto mientras investigaba su historia, te cuento por que he elegido determinadas telas o que mujer, película, recuerdo o reflexión ha aparecido por el camino.  Algunas veces termino hablando de la Guerra Civil Americana y otras, casi sin saber cómo, termino hablando de mi madre, de una película que vi hace años o de algo que me ocurrió cuando era pequeña. 

Pero es que mi blog funciona como mi mente. Una cosa me lleva a otra.

Si alguna de estas historias te sirve de inspiración para empezar tu propio quilt, estupendo. Si descubres un bloque que no conocías y te entran ganas de coserlo, mejor todavía. Y si simplemente te gusta cómo te lo cuento y vuelves de vez en cuando para leer la siguiente historia, genial. 

No pretendo enseñarte cómo tienes que coser ni decirte qué tienes que hacer. Solo hay una silla libre en mi mesa de costura. 

Yo voy cosiendo y, mientras tanto, te cuento una historia.



lunes, 10 de agosto de 2026

THE BARN QUILTS / INTRODUCCION

 


La historia de los Barn quilts (literalmente "colchas de granero") es sorprendentemente reciente, aunque su aspecto haga pensar en una tradición centenaria. 


En 2001, una mujer llamada Donna Sue Groves, de Adams County (Ohio), quiso rendir homenaje a su madre, Maxine Groves, una extraordinaria quilter. Su idea inicial era sencilla: pintar un bloque de patchwork en el viejo granero familiar de Manchester (Ohio).


Sin embargo, al compartir la idea con sus vecinos surgió una propuesta mucho más ambiciosa: 

"¿Y si en lugar de un solo granero pintamos muchos y creamos una ruta?"

Así nació el primer Barn Quilt Trail (ruta de los Graneros con Quilt) de Estados Unidos. Comenzó con 20 graneros decorados que los visitantes podían recorrer en coche por las carreteras rurales de Adams County.


Existe una curiosidad histórica sobre el primer Barn Quilt:

Aunque mucha gente cree que el primer barn quilt fue el granero de Danna Sue Groves, el primer bloque instalado oficialmente fue un Ohio Star, colocado en una granja de hierbas cercana durante la inaguración del proyecto. El bloque del granero de Donna Sue, un Snail's Trail, se instaló más tarde.

Este fue el primero
Este es el granero de Donna y su familia


Como ves, el Ohio Star vuelve a ocupar un lugar protagonista en la historia del patchwork.

Los Barn Quilt tuvieron mucho éxito porque unían muchas cosas a la vez: 

1.- Preservan el patrimonio cultural: los barn quilts exhiben patrones tradicionales, manteniendo vivas las tradiciones del acolchado a la vez que celebran el arte popular.

2.- Participación comunitaria: muchos proyectos de decoración de los graneros implican la colaboración local, fortalecen los lazos entre vecinos y fomentan el orgullo por lo rural.

3.- Turismo e impacto económico: Las rutas de los barn Quilts se han convertido en atracciones turísticas populares, impulsando las economías locales y animando a los visitantes a explorar el encanto de los paisajes rurales. 

4.- Expresión artística: Con sus colores vivos y sus diseños son una forma de arte popular que une artesanía tradicional y creatividad moderna. 

Lo más bonito de esta historia es que nunca se pensó como una obra de arte. Era un homenaje familiar que terminó transformándose en uno de los mayores movimientos de arte popular comunitario de Norteamérica.

Un simple bloque de patchwork pintado sobre un granero consiguió unir historia, memoria, artesanía y paisaje rural, convirtiendo las carreteras del campo en una inmensa exposición al aire libre.


Cada granero se convertía en una especie de sala de un museo al aire libre. Muchos bloques representaban antiguos quilts familiares o diseños relacionados con la historia de la granja. 

Lo que empezó como un proyecto local se extendió con rapidez de granja en granja.

Hoy existen miles de Barn Quilts repartidos prácticamente por todo Estados Unidos y por varias provincias de Canadá. Hay decenas de Barn Quilt Trails, rutas señalizadas que atraen a aficionados al patchwork, fotógrafos y viajeros. 

¿Son realmente antiguos? 

Aquí conviene distinguir dos cosas:

* Los Barn Quilts modernos nacieron en 2001 gracias     a Donna Sue Groves.

* Pero la costumbre de decorar graneros con motivos     geométricos sí tiene antecedentes mucho más       antiguos, especialmente en las comunidades alemanas y de los Pennsylvania Dutch (los holandeses de Pensilvania), que pintaban hex signs (símbolos hexagonales) y otros diseños decorativos en sus edificios rurales desde los siglos XVIII y XIX. Esa tradición inspiró en parte el movimiento moderno. 





Este proyecto sobre los Barn quilts nace como un trabajo en paralelo al Loyal Unión Sampler. No pretendo sustituirlo ni seguir un orden determinado; será más bien un camino diferente, más libre, que iré recorriendo poco a poco.

La idea es ir haciendo barn quilts con esos bloques de patchwork que, por una razón u otra, siempre me han llamado la atención: bloques que me gustan especialmente, que esconden una historia curiosa, que llevan el nombre de un personaje o de un acontecimiento histórico, o simplemente aquellos cuyo nombre despierta mi curiosidad y me lleva a querer saber más. 

No habrá una lista cerrada ni un número determinado de bloques. Cada bloque será una pequeña investigación: conocer su origen, descubrir que hay detrás de su nombre y, finalmente convertirlo en una colcha, que es lo que me gusta hacer. 

Porque, una vez más, no se trata solamente de coser un bloque. Se trata de descubrir la historia que guarda. Contada a mi manera.

Todos los bloques que formen parte de este proyecto tendrán un tamaño terminado de 12 pulgadas. 
He elegido trabajar con bloques tradicionales, diseños que forman parte del patrimonio y de la historia del patchwork y que no están sujetos a los derechos de autor.

Por eso, junto a la historia de cada bloque incluiré también las medidas de corte de las piezas necesarias para coserlo y que terminado mida 12 pulgadas. 

No pretendo crear patrones propios, impartir tutoriales ni atribuirme un trabajo que no me corresponde. Ya  tenemos grandes profesoras que dedican su vida a la enseñanza. Simplemente indicaré las medidas que se obtienen de la geometría del bloque tradicional, para que quien quiera coserlo pueda hacerlo.

Será una información muy sencilla que acompañará a cada bloque: su nombre, su historia, sus curiosidades y sus medidas de corte. Vuelvo a repetir: no voy a enseñar cómo coserlo. Eso no me corresponde a mi.

Porque la intención de este proyecto no es inventar nada nuevo, sino justamente lo contrario: recuperar bloques que llevan generaciones entre nosotras, conocer de donde vienen y seguir manteniéndolos vivos. 

Quiero terminar con una reflexión muy personal, porque sé que no todo el mundo tiene que compartirla.

En mi opinión, el patchwork tradicional no es hacer un monedero, un bolso o un neceser. Podemos confeccionarlos con las mismas telas, utilizar la misma máquina de coser e incluso emplear algunas de las técnicas que usamos cuando hacemos patchwork, pero para mi son cosas diferentes. 

Creo que vivimos en una época en la que existe cierta confusión alrededor de la palabra PATCHWORK. Parece que cualquier labor realizada uniendo telas puede recibir ese nombre y, poco a poco, corremos el riesgo de olvidar todo lo que hay detrás del patchwork tradicional.

Porque el patchwork que a mi me interesa tiene una historia. Tiene bloques que han pasado de generación en generación, nombres que hablan de acontecimientos políticos, de personajes, de oficios, de la vida en el campo o de pequeños objetos cotidianos. Tiene geometría, tradición y un vocabulario propio.

Un Churn Dash, un Log Cabin, un Schoolhouse... no son solamente unas cuantas piezas de tela cosidas entre sí. Sus nombres me abren una puerta y, cuando empiezo a investigar, descubro que detrás de muchos de ellos hay todo un mundo.

Y eso es precisamente lo que quiero reindivicar con este proyecto. 

No pretendo establecer qué debe hacer cada persona ni decidir qué merece o no merece ser cosido. Es simplemete mi manera de entender el patchwork. Me gustan los bloques tradicionales, me interesa saber por qué se llaman como se llaman, de donde vienen y qué parte de la historia cuentan.

Quizá por eso nació Seis pulgadas de Historia y quizá por eso nace también este proyecto de Barn Quilts: como una pequeña forma de volver la mirada hacia las raices de algo que me apasiona.

Estoy recibiendo estos últimos días muchas solicitudes de amistad en Facebook. Y de verdad que las agradezco. Ojalá, entre tanta gente nueva que va llegando por aquí, a alguna de vosotras y alguno de vosotros le llegue también mi pasión por el patchwork tradicional, por sus bloques, sus historias y todo ese mundo que intento recuperar y compartir desde SEIS PULGADAS DE HISTORIA.

Si consigo despertar en una sola persona la curiosidad por saber que historia se esconde detrás de un bloque, ya habrá merecido la pena.