sábado, 25 de julio de 2026

BLOQUE C-7 DEMOCRATIC WATCHMAN /THE LOYAL UNION SAMPLER DE JENNIFER CHIAVERINI / GUERRA CIVIL AMERICANA



Hay bloques cuyo nombre describe su forma, estrellas, vuelos de la oca, log cabin...Basta mirarlos para comprender porqué llevan ese nombre. 


Democratic Watchman es diferente porque su nombre no describe el dibujo del bloque, sino que nos lleva directamente a uno de los protagonistas silenciosos de la Guerra Civil: la prensa

Es un bloque sencillo y pensaba que lo iba a encontrar rápido y con muchos nombres. Y no ha sido así. 

En el libro que tengo de Jinny Beyer, donde recopila hasta 4050 bloques, aparece como Triangle Square, con una primera referencia conocida de Virginia Snow, Patchwork Designs, hacia 1930. Una única referencia y un único nombre. Nada más.

Así que todo indica que Jennifer Chiaverini tomó un bloque tradicional y lo rebautizó para darle un significado histórico dentro del sampler. 



The Democratic Watchman era un periódico publicado en Bellefonte, Pensilvania, fundado en 1855. Durante la Guerra Civil se convirtió en uno de los periódicos demócratas más conocidos del estado y defendió una  línea editorial  muy crítica con Lincoln y con algunas decisiones de su gobierno.



En 1861 los periódicos ocupaban un lugar que hoy resulta difícil imaginar. Eran la principal fuente de información de millones de personas y, al mismo tiempo, una poderosa herramienta para formar opinión. 

Cada ciudad, cada pueblo pequeño, tenía uno o dos periódicos y muchos de ellos estaban claramente vinculados a un partido político. Informaban de los acontecimientos, pero también los interpretaban. Y durante la guerra, la población esperaba con impaciencia cada nueva edición. Buscaban la lista de bajas, el movimiento de los ejércitos, cartas enviadas desde el frente o discursos de los líderes políticos.

Los corresponsales acompañaban a los ejércitos y enviaban sus crónicas casi en tiempo real o escribían desde Washington contando los debates políticos que decidían el rumbo de la guerra y el rumbo del país. 

 La prensa también desempeñó un papel esencial en la movilización de la población. Publicaba las campañas para recaudar fondos, organizar hospitales, apoyar a los soldados o defender determinadas causas políticas. Pero, al mismo tiempo, contribuyó a difundir rumores, propaganda y noticias exageradas. 

Han pasado más de 150 años y me temo que las cosas no han cambiado tanto o nada. Las noticias viajan mucho más deprisa y llegan a través de una pantalla en lugar de un periódico, pero el reto es el mismo: distinguir los hechos de las opiniones, la información de la propaganda y buscar la verdad en una montaña de ruido. 


Seguro que te suena el concepto de "Cuarto Poder". Este concepto nació mucho antes de la radio o la televisión y describe el enorme poder que puede ejercer la prensa sobre una sociedad. 

Tradicionalmente se habla de tres poderes: el legislativo, el ejecutivo y el judicial. A finales del siglo XIX comenzó a popularizarse la idea de que existía un cuarto poder: los periódicos. No gobernaban, no hacían leyes ni impartían justicia, pero eran capaces de influir en la opinión pública y por lo tanto, en las decisiones de los gobernantes. 

Y durante la Guerra Civil, los periódicos no se limitaban a contar lo que ocurría; ayudaron a construir el relato de la guerra. Elegían qué noticias publicar, qué hechos destacar y qué lenguaje utilizar. Ellos elegían si alguien era un héroe patriota o un militar incompetente. 

Así, que los periódicos pasaron de ser un conjunto de noticias a una "guía" para interpretar lo que pasaba. Porque muchas personas formaban su opinión sobre la guerra, la política o la esclavitud a partir de lo que leían cada mañana. 

Esto convirtió a la prensa en un auténtico poder. Moldeaba las ideas, influía en el voto, podía movilizar a la población e incluso, presionar a los políticos. 

La tecnología ha cambiado, pero el poder de la información permanece. No importa que hablemos de periódicos de papel, prensa digital o de redes sociales. No estamos en 1861. Pero hazte esta pregunta. ¿quién cuenta la historia? ¿desde qué punto de vista se cuenta?


Le voy a dedicar el bloque a Jane Grey Swisshelm, la mujer que convirtió un periódico en un arma contra la esclavitud.

Jane nació el 6 de septiembre de 1815 en Pittsburgh, Pensilvania, en una familia humilde. Desde muy joven descubrió que escribir era mucho más que contar historias: era una forma de defender aquello en lo que creía.



En aquella época los periódicos no estaban dirigidos por mujeres, así que Jane decidió fundar el suyo propio. Primero publicó el Pittsburgh Saturday Visiter y más tarde, otros en Minnesota y Washington. 

Sus artículos hablaban de política, de derechos civiles y, sobre todo, de la abolición de la esclavitud. Y nunca tuvo miedo de decir lo que pensaba.  

Cuando comenzó la guerra, Jane se convirtió en una firme defensora de la Unión. Utilizó sus periódicos para apoyar al gobierno de Lincoln y denunciar la esclavitud como una injusticia incompatible con los principios sobre los que se había fundado Estados Unidos. 

Recibió amenazas, sufrió campañas de desprestigio y se enfrentó a una sociedad que consideraba que no era propio que una mujer escribiera de política. 

Pero es que Jane había comprendido algo, y volvemos a lo mismo: quien controla la información tiene la capacidad de influir en la sociedad. 

Tras la guerra continuó escribiendo. Hoy se la recuerda como una de las grandes periodistas de Estados Unidos. 

Falleció el 22 de julio de 1884.



(... y no voy a contar las veces que he escrito la palabra política porque me deprimo, pero me da que han sido demasiadas !!!!).


Y hoy, que ha habido poco patchwork, te regalo una película que me encanta. Hay muchas pelis muy buenas sobre prensa, periodistas y casos famosos con periódicos de por medio. Pero creo que lo que tengo para ti es mucho mejor. 

Si no la has visto, búscala y haz un agujero en el sofá. Si la has visto, vuelve a verla. Merece la pena.



Y no te la voy a contar. Deja que Tom Hanks te la cuente.


Este es mi bloque:




viernes, 24 de julio de 2026

BLOQUE C-6 DELAWARE FLAGSTONES / THE LOYAL UNION SAMPLER DE JENNIFER CHIAVERINI / GUERRA CIVIL AMERICANA



 Uno de los mayores placeres de investigar, modestamente, los bloques del The Loyal Union Sampler es descubrir que detrás de un nombre aparentemente nuevo, suele esconderse una larga tradición del patchwork estadounidense. Y esto es lo que ocurre con Delaware Flagstones.

A diferencia de otros bloques de sampler ya vistos -y de los muchísimos que aún nos quedan por descubrir-,  no he encontrado ninguna explicación de Jennifer Chiaverini sobre el motivo por el que eligió este nombre. Tampoco aparece documentado en el libro ni he encontrado referencias a él en la novela. 

Así que voy a distinguir, como siempre, entre lo que sí puede demostrarse y aquello que solo puedo plantear como hipótesis. Siempre desde el respeto a su trabajo, por supuesto, pero no voy a impedir que mi imaginación vuele... aunque sea solo a una pulgada del suelo.

Delaware Flagstone es uno de los bloques sencillos del  sampler.

Su construcción se basa  únicamente en la alternancia de dos bloques clásicos:

-- Nine patch (Nueve parches).

-- Snowball (Bola de Nieve).

El Nine-Patch, formado por una cuadrícula de tres por tres cuadrados, es uno de los bloques más antiguos junto con el Four-Patch. Durante el siglo XIX fue utilizado con frecuencia para enseñar a coser a las niñas o cuando alguna mujer se iniciaba en la costura.

 El Snowball tampoco presenta dificultad. Se obtiene cosiendo pequeños triángulos en las cuatro esquinas de un cuadrado, creando la ilusión óptica de un octógono. 

En este punto, te voy a contar una historia que me ha venido a la memoria mientras escribía: la primera vez que yo cosí "cachitos de tela" fue en 1971. Mi madre me dibujó con boli unos cuadrados en las telas sobrantes de la ropa que nos hacía a mis hermanos y a mi. Eramos muchos y siempre había muchas sobras de tela que yo guardaba con mucho cariño. Cosí aquellos cuadrados, flores y rayas, claros y oscuros, lisos, lunares..., y de verdad que se hizo la magia. Lo que iba a ser una bolsa para las pinzas de la ropa nunca llegó a serlo. Aquella pequeña obra iba a ser  especial. Había descubierto algo que sería mi pasión, había descubierto el patchwork sin saber ni siquiera como se escribía ni como se pronunciaba y había descubierto lo que quería hacer de mayor. 

Aquella maravilla de  bolsa no podía terminar convertida en algo tan "ordinario" como una bolsa para las pinzas de ropa. Asi que sirvió para guardar los "trapitos de colores" que mi madre me iba dando y que hoy te confieso que, después de más de 50 años,   sigo guardando. Ya me quedan pocos. De vez en cuando coloco pequeñas piezas en alguna esquinita o aplicación de mis quilts con aquellas telas. Aunque eso... eso es otra historia. 

Seguimos.


La combinación de ambos bloques constituye uno de los llamados Two-block quilts, es decir, quilts construidos mediante repetición de dos bloques diferentes. Este tipo de quilts fueron muy frecuentes en las colchas del siglo XIX y hoy día constituyen un diseño rápido y sin quebraderos de cabeza para las que se inician en el patchwork. Solo dos bloques sencillos de coser al alcance de cualquiera con un resultado espectacular.




Así que aunque el nombre Delaware Flagstones parece exclusivo del Loyal Union Sampler, la estructura del bloque no lo es. La alternancia de estos dos bloques aparece documentada desde hace décadas en la literatura del patchwork y continúa utilizándose en numerosos patrones modernos. 

En BlockBase, la gran base de datos histórica desarrollada por Electric Quilt a partir de la investigación de Bárbara Brackman, esta composición aparece clasificada dentro de la categoría Two-Block como te decía antes, y de la subcategoría "One is a Checkerboard Grid". Esto quiere decir que uno de los dos bloques es un bloque tipo "tablero", como el Nine Patch.

En el libro de Jinny Beyer este bloque aparece con el nombre "Flagstone" y tiene como referencia primera Ladies Art Company, 1928.

Jinny nos dice que también es conocido por otros nombres:

-- Aunt Patty's Pet: Nancy Cabot, Chicago Tribune, 25 de agosto de 1936.

-- Aunt Patty's Favorite: Farm Journal and Farmer's Wife. 1945 ( edición Aniversario de Plata).

-- Federal Chain: Nancy Cabot, Chicago Tribune, 25 de agosto de 1936.

-- Four and Nine-Patch: Nancy Cabot, Chicago Tribune, 6 de febrero de 1937.

-- Improved Nine Patch: Hall, 1935

--The Mystery Snowball, Kansas city Star, 11 de junio de 1947

-- Nine-Patch: Hall, 1935.

-- Snow Ball: Hall, 1935

-- Snowball: Old Fashioned Quilts, ca. 1931

--The Snowball and 9-Patch: Mrs. Danner's Fifth Quilt Book, 1970.

Con todo esta lista ya vemos que Flagstone, como bloque, está muy bien documentado.

La gran incognita sigue siendo acompañar al nombre del bloque con el nombre de Delaware, y no he encontrado ninguna fuente histórica que me lo explique. Aunque no creo que le muchas más vueltas. 

La palabra inglesa flagstone significa losa de piedra, una piedra plana utilizada tradicionalmente para pavimentar calles, patios, jardines y senderos. 




No existe ninguna declaración conocida de la autora que relacione este bloque con un lugar concreto de Delaware ni con algún acontecimiento de la Guerra Civil. 

Aunque no puedo demostrarlo con documentos, sí tengo una interpretación que me parece coherente. 

Este bloque se llama Flagstone desde 1928 y supongo que es porque cuando los bloques Snowball y Nine Patch se alternan formando un quilt completo, el conjunto recuerda visualmente a un antiguo pavimento de losas de piedra.

No porque reproduzca fielmente un empedrado -las auténticas flagstones son muy irregulares- sino porque transmite la misma sensación. 


Y llegados a este punto voy a pensar que Jennifer Chiaverini rebautizó este bloque como Delaware Flagstone porque el conjunto le recordaba un suelo de losas de algún sitio que visitó o simplemente por hacerle un homenaje a este pequeño estado. Punto. 

Las imágenes siguientes son de esta página


 


NOTA: Mi único propósito es divulgar la historia del patchwork. Si eres el autor o titular de los derechos de alguna de estas imágenes y prefieres que no aparezcan en este blog, hazmelo saber. Las retiraré inmediatamente, sin ningún inconveniente. 


 Le voy a dedicar el bloque a una mujer de las miles que sirvieron en los hospitales militares sin alcanzar la fama. Se llamaba Jane Chambers McKinney Graydon.

Jane nació el 16 de julio de 1802 en Wilmington, Delaware, hija de Mordecai McKinney y Mary Chambers. 

Delaware era un estado fronterizo donde convivían opiniones muy distintas sobre la esclavitud y la Unión. 

En 1822 contrajo matrimonio con Alexander Graydon, dueño de una fundición de hierro. Tuvieron 14 hijos, vivieron en Pensilvania y en 1843 se trasladaron a Indianápolis, Indiana. 

Jane y Alexander compartían profundas convicciones religiosas y un firme compromiso contra la esclavitud. Hay fuentes que indican -biografías y documentos de la Indiana Historical Society- que su hogar fue una estación del Ferrocarril Subterráneo.

Cuando estalló la guerra, Jane ya tenía sesenta años, pero decidió ofrecerse como enfermera voluntaria. 

En 1863 viajó a Nashville, Tennessee, para trabajar en los hospitales del Ejército de la Unión. Atendió a soldados heridos y enfermos, compartiendo días de sufrimiento, epidemias y escasez de recursos.  

En la Indiana Historical Society se conservan las cartas que escribió a su marido y a sus hijos en las que les contaba su trabajo diario, el cuidado de los enfermos, el agotamiento, la organización de los hospitales y la fortaleza necesaria para seguir adelante cada día. 

Cuando terminó la guerra, la labor humanitaria de Jane no terminó

. En 1867, junto a Catharine Merril, impulsó la creación del Indianapolis Home for Friendless Women, una institución destinada a acoger a mujeres sin recursos, viudas de guerra y huérfanos. Este hogar evolucionó en el actual Indianápolis Retirement Home -un hogar para jubilados-.   

Falleció el 30 de marzo de 1891, después de una vida dedicada casi por completo a los demás. Una vida sencilla, como nuestro bloque. 

Ya sabes que los grandes quilts no siempre se cosen con bloques complicados. Del mismo modo, para vivir una vida plena no hace falta realizar grandes hazañas. Hay personas que dejan una huella profunda en quienes las conocen, igual que hay colchas sencillas que perduran durante generaciones. 

Y esto creo que es la enseñanza que nos deja Jane y este bloque, que la verdadera grandeza nace de la constancia, de la humildad y de la decisión de hacer bien las cosas, cada día, todos los días. 

Igual que un camino de losas se construye colocando una piedra junto a otra, una vida extraordinaria se levanta con pequeños actos cotidianos, una palabra de consuelo, una mano tendida, un buenos días.

Al final no son los grandes gestos los que cambían el mundo, sino la suma de las pequeñas acciones repetidas con generosidad durante toda una vida. 

Y eso lo sabes bien, una puntada puede ser  insignificante, pero fijate en lo que puedes hacer con miles de puntadas!!!


Y este bloque trae película, que solo comparte con el bloque el sitio de rodaje... pero es que me apetecía ponerla.




Aunque la historia transcurre en la ficticia Academia Welton, situada en Vermont, la película fue rodada principalmente en la St. Andrew's School de Middletown (Delaware). 

Sus edificios de ladrillo, los árboles centenarios y la atmósfera de la costa este de Estados Unidos ofrecen una imagen muy representativa del estado. Esa elegancia sobria y tradicional armoniza perfectamente con el espíritu de los quilts clásicos. 

El club de los poetas muertos nos lleva a una estricta académia donde todo parece decidido de antemano: qué estudiar, como comportarse, qué pensar e incluso qué futuro elegir. 

En ese ambiente llega un profesor diferente que les enseña a mirar el mundo con otros ojos, a no aceptar las cosas solo porque siempre se hayan hecho así y a descubrir que cada persona debe encontrar su propio camino, a hacerse preguntas y a descubrir que aprender no consiste en repetir lo que otros dicen, sino en comprenderlo y hacerlo propio.  

La película habla de literatura, de juventud y de libertad, pero también del valor de quienes transmiten un conocimiento sin imponerlo. Nos recuerda que un buen maestro no es quien consigue que todos piensen igual, sino quien despierta la curiosidad y las ganas de seguir aprendiendo.

Y mi cabeza se pone en modo patchwork: Heredamos técnicas, bloques y patrones de generaciones anteriores, pero cada quilt que reproducimos acaba contando también un poco de nuestra propia historia.

En el patchwork también hemos tenido mujeres que no buscaron protagonismo,que compartieron lo que sabían, enseñaron a muchas a coser y consiguieron que una tradición no desapareciera. 

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"¡Oh, capitán! ¡Mi capitán!" es un poema escrito por Walt Whitman en 1865, pocos meses después del asesinato de Lincoln.

Whitman admiraba profundamente a Lincoln, aunque apenas llegó a tratarlo personalmente.

El poema utiliza una metáfora muy sencilla:

-- El capitán representa a Lincoln

-- El barco simboliza Estados Unidos.

-- El viaje es la Guerra Civil

-- El puerto representa la victoria de la Unión y el final de la guerra.



¡Oh, capitán! ¡Mi capitán! 

Nuestro terrible viaje ha terminado;

el barco ha resistido todas las tormentas, 

el premio que buscábamos ya es nuestro..


Este es mi bloque:




BLOQUE E-11 IMPROVED FOUR-PATCH / THE LOYAL UNION SAMPLER DE JENNIFER CHIAVERINI / GUERRA CIVIL AMERICANA

 


Hay bloques cuya historia puede seguirse a través de un nombre o de una publicación concreta. Otros, en cambio, forman parte de una gran familia de diseños que han evolucionado poco a poco, a lo largo de varias generaciones. 

El Improved Four-Patch es de los que han evolucionado. 

Su origen se encuentra en uno de los bloques más antiguos y sencillos del patchwork americano: el Four-Patch. Formado únicamente por cuatro cuadrados, era fácil de cortar, requería poca tela y era perfecto para aprender las primeras nociones de costura. 

Durante el siglo XIX, miles de niñas y mujeres dieron sus primeras puntadas cosiendo bloques como este, desarrollando la precisión, la paciencia y el gusto por el trabajo bien hecho. 

Con el paso de los años, aquellas costureras empezaron a experimentar. Descubrieron que bastaba con dividir un cuadrado, añadir otras piezas o cambiar la distribución de los colores para obtener diseños completamente nuevos y diferentes. 

Así nació una extensa familia de bloques derivados del Four-Patch: Double Four-Patch, Broken Four-Patch, Uneven Four-Patch, Four-Patch Chain y muchas otras variantes. Puedo incluir tambien el Disappearing Four-Patch y el Diagonal Cut Disappearing Four-Patch. Te invito a buscarlos, te aseguro que es divertido.

El Improved Four-Patch representa precisamente esa evolución. Mantiene la sencillez del diseño original, pero reorganiza las piezas para crear un efecto visual más dinámico. Los pequeños cuadrados forman una cadena diagonal que guía la mirada a través del bloque y demuestra cómo una idea muy simple puede transformarse en un diseño elegante sin perder la esencia. 


Este diseño es de esta página. (Esta imagen se utiliza en este blog con una finalidad exclusivamente didáctica, sin ánimo de lucro. Se ha incluido citando la fuente original mediante el corresppondiente enlace. Si el titular de los derechos considera que su uso no es adecuado o desea que la imagen sea retirada, puede ponerse en contacto conmigo y la eliminaré de inmediato).


Quizá sea una de las grandes lecciones del patchwork: no siempre hace falta inventar algo completamente nuevo. A veces basta con mirar un bloque tradicional con otros ojos para descubrir todas las posiblidades que encierra.

Para este bloque he querido apartarme un momento de la Guerra Civil y rendir homenaje a una mujer que, varias décadas después, desempeñó un papel fundamental en la historia del patchwork.

Nancy Cabot era el seudónimo de Loretta Leitner Rising, editora de labores del Chicago Tribune. A partir de 1933 comenzó a publicar semanalmente patrones de patchwork que llegaban a miles de hogares estadounidenses. En una época en la que muchas familias habían dejado de coser quilts, sus diseños despertaron un enorme interés y animaron a una nueva generación de mujeres a recuperar esta tradición. 

Cabot no se limitó a crear bloques nuevos. También recuperó numerosos diseños tradicionales que llevaban décadas circulando; volvió a publicarlos y, en muchos casos, les dio nombres más sugerentes para despertar la curiosidad de sus lectoras.

 Gracias a aquella labor editorial, muchos patrones siguieron transmitiéndose y hoy forman parte del patrimonio del patchwork estadounidense y del nuestro. 




Es cierto que las publicaciones de Nancy Cabot deben leerse con cierta cautela. La historiadora Bárbara Brackman explica que la columna de Nancy Cabot en el periódico era muy atractiva, pero que con frecuencia incluía orígenes e historias poco documentados o incluso "inventados" para captar la atención de las lectoras. Su objetivo no era escribir una historia rigurosa del patchwork, sino despertar el entusiasmo por él. 

Aun así, su influencia fue enorme. Muchos bloques que hoy consideramos clásicos fueron conocidos por miles de personas gracias a aquellas páginas del Chicago Tribune. Incluso cuando cambiaba los nombres o reinterpretaba su historia, contribuía a que los diseños siguieran vivos y no desaparecieran con el paso del tiempo. Pocas personas hicieron tanto por conservar la historia de los bloques tradicionales como ella, en unos años, sobre todo al principio, en los que la sociedad estadounidense estaba saliendo de una situación muy complicada.

Investigó publicaciones anteriores si las había, recopiló patrones antiguos, comparó variantes según la zona, y difundió nombres que muy probablemente se habrían perdido de no ser por ella.

Impulsó la tendencia a los diseños rebuscados con nombres exóticos (Amapola Japonesa, Gongs chinos, Flor de Pascua persa...) y la mayoría de veces estos diseños solo tenían de exóticos el nombre. Y sí, es más que posible que se inventara el nombre y la historia. Pero qué más da si consiguió que América cosiera. En aquel momento no importaba la precisión histórica.



 Tras la Gran Depresión, muchas familias apenas tenían tiempo o recursos para pensar en otra cosa que no fuera salir adelante. No era momento de pensar en quilts y la costura pasó a un segundo plano. 

 Pero cuando la economía empezó a recuperarse, apareció Nancy y entró en los hogares con algo más que patrones de patchwork: lo que hizo fue devolver la ilusión.

Así que las mujeres volvieron a sacar las telas olvidadas, retomaron labores que habían aprendido de sus madres y de sus abuelas y descubrieron el placer de crear con sus manos.

Volvieron las reuniones de costura, el intercambio de patrones, las conversaciones y la amistad que una colcha hace posible como ninguna otra cosa. Esto lo se bien. Los quilts se dejaron de ver como una necesidad doméstica y empezaron a verse como una forma de compartir, de aprender, de mantener viva una tradición y, lo se yo y lo sabes tu, una forma de "terapia de grupo".

Llevo cosiendo desde hace tanto tiempo que casi no recuerdo mi vida sin una labor entre las manos. Siempre hay un bloque sobre la mesa, una tela esperando su turno o una lista interminable de proyectos que, quiero pensar, algún día acabarán convertidos en quilts.

No diseño bloques. Coso lo que otras mujeres imaginaron antes que yo, y los coso procurando respetar su trabajo y sintiéndome una privilegiada por la época en la que me ha tocado vivir.

Ellas esperaban con ilusión que, una vez a la semana, el periódico les trajera un nuevo patrón. Yo solo tengo que encender una pantalla para encontrar, en unos segundos, casi cualquier bloque, libro o publicación que esté buscando. 

A veces olvidamos el privilegio que eso supone. Hoy tenemos al alcance de un clic el trabajo de generaciones enteras de quilters. Podemos estudiar, comparar, investigar y seguir cosiendo gracias a todas aquellas mujeres que conservaron, publicaron y compartieron sus conocimientos. 

Quizá por eso, cada vez que coso un bloque tradicional, siento que no estoy haciendo solo un quilt. También estoy dando las gracias a quienes hicieron posible que hoy esa historia siga viva. 



Y hoy quiero decirte algo más. Y te repito que vivimos una época extraordinaria y que nunca ha sido tan fácil aprender, sea lo que sea. Pero esa facilidad también nos obliga a ser más responsables.

Detrás de cada bloque, de cada quilt y de cada diseño hay horas de estudio, de pruebas, de errores y de ilusión. Y también hay una forma de ganarse la vida.

Nada de eso debería perder su autoria por la prisa de conseguir un puñado de euros escondidos en los "me gusta" o unos cuantos seguidores que esconden clientes potenciales.

Nancy Cabot tomó diseños tradicionales, sí, pero nunca ocultó que pertenecían a una tradición mucho más amplia. Su trabajo consistió en difundirlos y mantenerlos vivos. 

Hoy día, con demasiada frecuencia, se confunde la inspiración con la apropiación. Se compra el patrón de una diseñadora, se cambian los colores o el tamaño... y se presenta como creación propia. Lo hemos visto demasiadas veces. Sin el menor pudor. 

Las diseñadoras dedican meses de trabajo a pensar, dibujar, calcular, probar, escribir instrucciones y perfeccionar cada detalle. Las demás solo esperamos que salga a la venta. Ellas comparten sus conocimientos con la venta de esos patrones. Pero compartir nunca ha significado apropiarse del trabajo ajeno. Y reconocer a quien creó un diseño no le resta mérito a nuestro trabajo. Yo creo que al contrario, demuestra respeto por esas personas que hacen posible que el patchwork siga evolucionando. 


Quizá el mayor homenaje que podemos hacer a todas las mujeres que nos precedieron, desde las quilters anónimas del siglo XIX hasta las diseñadoras de hoy, sea este: coser con honestidad y dar siempre su sitio a quien convirtió una idea en un patrón. 


Este es mi bloque:




jueves, 23 de julio de 2026

BLOQUE E-1 INDIANA / THE LOYAL UNION SAMPLER DE JENNIFER CHIAVERINI / GUERRA CIVIL AMERICANA

 






El bloque Indiana me da una magnifica oportunidad para hablar del papel decisivo que desempeñó este estado durante la Guerra Civil. Aunque Indiana nunca fue escenario de grandes batallas (salvo la incursión de Morgan en 1863), su contribución fue enorme.


Cuando estalló la guerra en abril de 1861 (no se te va a olvidar la fecha), el gobernador Oliver P. Morton respondió de inmediato a la llamada de Abraham Lincoln. El presidente solicitaba 75.000 voluntarios. Y Morton ofreció 10.000 hombres en cuestión de horas. Aquella rapidez convirtió a Indiana en uno de los estados más comprometidos con la defensa de la Unión.






A lo largo de la guerra, casi 200.000 hombres de Indiana sirvieron en el ejército federal. En proporción a su población, fue uno de los estados que más soldados aportó.

Los regimientos de Indiana combatieron en casi todas las grandes campañas del frente occidental. Combatieron desde Shiloh hasta Atlanta, participando tanto en alguna de las primeras grandes batallas de la guerra como en las campañas decisivas que condujeron a la victoria final.

Buena parte de aquel enorme esfuerzo fue gracias al gobernador Morton. Organizó el reclutamiento, consiguió armas y suministros, creó campos de instrucción y coordinó el transporte y el equipamiento de miles de soldados.

Su capacidad para mantener a Indiana preparada y comprometida con la causa de la Unión hizo que pasara a la historia con un sobrenombre que lo dice todo: "The Great War Governor" (El Gran Gobernador de la Guerra).





Morton también se preocupó por quienes no estaban en el campo de batalla. Impulsó la creación de hospitales militares, apoyó a las familias de los soldados y colaboró estrechamente con la United States Sanitary Commission, la organización civil encargada de mejorar la atención sanitaria del ejército y de hacer llegar ayuda a los hospitales.

Pero Indiana no solo destacó por el número de soldados que envió al frente. Gracias a su situación geográfica, el estado se convirtió en un importante centro de organización militar, donde las tropas entrenaban, se almacenaban suministros y se preparaban expediciones antes de partir hacia el combate.


Aunque Indiana permaneció lejos de los principales frentes de batalla, la guerra también llamó a sus puertas. En julio de 1863, la caballería confederada del general John Hunt Morgan cruzó el río Ohio e invadió el sur del estado.

Durante varios días sembró el pánico entre la población. Sus hombres recorrieron distintas localidades, saquearon comercios y granjas, destruyeron infraestructuras y obligaron a movilizar con urgencia a miles de voluntarios para hacerles frente.

Afortunadamente aquella fue la única incursión confederada de verdadera importancia que sufrió Indiana durante toda la guerra.


Se lo voy a dedicar a Lucinda Burbank Morton.

Fue la esposa del gobernador de Indiana Oliver P. Morton, pero reducirla al papel solo de esposa sería injusto. Porque fue una de las principales organizadoras de la ayuda civil al ejército de la Unión en el estado de Indiana.





Nació el 16 de mayo de 1825 en Centerville, Indiana.
En 1845 se casó con Oliver P. Morton en la misma casa donde había pasado su infancia.


El matrimonio tuvo cinco hijos, aunque dos de ellos fallecieron antes de cumplir los dos años, una tragedia, por desgracia, bastante común en aquella época.


Durante los primeros años de matrimonio, Lucinda se ocupó de su familia mientras Oliver iniciaba su carrera como abogado y, más tarde, como político del Partido Republicano.


Ambos compartían unas profundas convicciones abolicionistas y apoyaron con firmeza la candidatura de Abraham Lincoln. Pero Lucinda hizo algo más, animó a muchas mujeres de Indiana a convencer a sus maridos para que votaran por Lincoln, convencida de que su compromiso de frenar la expansión de la esclavitud era el camino que debía seguir el país.

En enero de 1861, Oliver P. Morton tomó posesión como gobernador de Indiana. Apenas unos meses después, en abril, estalló la Guerra Civil y la vida de ambos cambió para siempre.


En cuanto Lincoln hizo su llamamiento a los voluntarios, se creó Camp Morton, un gran centro de reclutamiento y entrenamiento para los nuevos soldados de la Unión. Pero en 1862 el campamento pasó a convertirse en un campo de prisioneros confederados. Lucinda vió entonces una nueva forma de servir al estado: trabajó para mejorar las condiciones de los prisioneros y procuró que recibieran un trato digno, demostrando que la humanidad también podía mantenerse viva en medio de la guerra.


A pesar de que los prisioneros eran soldados del Sur y defendían una causa con la que ella no estaba de acuerdo, Lucinda nunca dejó que sus convicciones estuvieran por encima de su compasión. Creía que toda persona debía recibir los cuidados básicos necesarios, incluso en medio de la guerra. Por eso organizó el abastecimiento del campamento y supervisó gran parte de su funcionamiento.


Para llevar a cabo esta labor dirigió la Ladies' Patriotic Association (LPA), o Asociación Patriótica de Damas, una organización que coordinaba la ayuda destinada a los prisioneros y se aseguraba de que recibieran lo necesario para sobrevivir.


La asociación estaba formada por mujeres de la alta sociedad de Indiana, muchas de ellas reclutadas por la propia Lucinda. Su casa se convirtió en el lugar de reunión del grupo. Allí se organizaban campañas de recogida de donativos y confeccionaban todo tipo de prendas y artículos útiles. En unas reuniones tejían gorros, bufandas y guantes para afrontar el duro invierno de Indiana; en otras preparaban ropa, mantas y cualquier cosa que los prisioneros pudieran necesitar.


En la primavera de 1863 un brote de sarampión se extendió por el campamento. Lucinda y sus colaboradoras reaccionaron de inmediato. Sustituyeron mantas, almohadas y toallas contaminadas y reunieron alimentos y productos de primera necesidad, como sal, jabón, velas, fruta e incluso cerveza, que entonces se utilizaba con frecuencia en los hospitales y campamentos por ser más segura que el agua en determinadas circunstancias.


Al ver el extraordinario trabajo que estaba realizando su esposa y el grupo de voluntarias, el gobernador Morton impulsó en 1863 la creación de la Comisión Sanitaria de Indiana, destinada a proporcionar suministros y apoyo a los hospitales militares y de campaña.

La labor de Lucinda y de todas aquellas mujeres cambió la vida de miles de personas, de los dos bandos.

Muchos historiadores coinciden en que, sin mujeres como ella, el sistema sanitario de la Unión difícilmente habría podido atender a tantos soldados durante la guerra.

Lucinda Burbank Morton falleció el 28 de julio de 1907, dejando tras de sí el ejemplo de una mujer que entendió que la compasión y la solidaridad forman parte de la historia.





Este es mi bloque:






Y no se si te interesa... pero yo te lo cuento:


EL ROBO DE LOS 2.000 JAMONES

Durante la incursión de Morgan por Indiana, sus hombres necesitaban alimentos para continuar la marcha. En Duppont, el 11 de julio de 1863, saquearon un almacen de carne y se llevaron 2.000 jamones. El episodio fue tan llamativo que todavia hoy se recuerda en una placa histórica del estado.







MORGAN EN EL CINE:





La famosa incursión de John Hunt Morgan inspiró la película muda Morgan's Last Raid, estrenada por la metro-Goldwyn-mayer en 1929.


Hoy está considerada una película perdida, ya que no se conoce ninguna copia conservada y no podemos verla.

Te digo una cosa, lo de "película perdida" me ha hecho clic en mi cabeza, ya me está matando la curiosidad.

martes, 21 de julio de 2026

BLOQUE E-6 HATCHET / THE LOYAL UNION SAMPLER DE JENNIFER CHIAVERINI / GUERRA CIVIL AMERICANA


 


Estamos ante un bloque que SI se cosía en la Guerra Civil. En realidad, no he tenido que investigar mucho para saberlo, porque ya lo conocía. Lo sabía...y también lo he cosido.


Este mismo diseño aparece como el bloque J-4 del Dear Jane, la famosísima colcha confeccionada por Jane A. Stickle entre 1863 y 1865, en plena Guerra Civil, en Vermont.





Así que el propio Dear Jane es la evidencia palpable de que este diseño ya formaba parte de los bloques de la época.


Años más tarde, muchos años, Brenda Papadakis le puso un nuevo nombre, lo llamó "Adelaine's Apron Strings". Y esto demuestra precisamente lo arbitrarios que son los nombres de los bloques. Brenda no estaba recuperando un nombre histórico, sino asignando un nombre nuevo.


En fin, que lo que puedo asegurar con total seguridad es que este bloque ya estaba en circulación en 1863. Y que las mujeres lo seguían cosiendo.


No lo he encontrado en el libro de Jinny Beyer. Aparecen varios diseños muy parecidos, pero ninguno es exactamente este.


Tampoco he encontrado pruebas de que el bloque Hachet naciera con un significado concreto. Y hago un inciso: cuanto te digo que no lo he encontrado, no significa que esa información no exista. La bibliografía sobre patchwork es inmensa y siempre pueden aparecer nuevas referencias. Puedo llegar a ser muy intensa, pero me tengo que autofrenar.
Además mi intención no es presentar un trabajo cerrado, sino seguir ampliando y corrigiendo entradas a medida que descubra nuevos datos. Ya lo he hecho con algunos bloques y con las páginas del blog.


Estamos ante un bloque sencillo, de formas limpias y muy definidas. En la infografía he puesto "Nivel: Intermedio", porque déjame que te diga que todo lo que lleva triángulos, es "intermedio" para mi!!!


Confieso que la supuesta semejanza con un hacha se la dejo a quien tenga más imaginación que yo, porque sinceramente, no termino de verla.


Pero yo te lo cuento por si tu sí las ves.

Su nombre nos lleva inevitablemente a pensar en esa herramienta humilde que ocupó un lugar esencial en la vida cotidiana de las familias del siglo XIX. Mucho antes que existieran las maquinarias agrícolas o las sierras eléctricas, el hacha era indispensable en las granjas.


Cuando estalló la Guerra Civil, millones de hombres de los dos bandos, se alistaron en el ejército. Pero como ya te he contado, esta ausencia no detuvo la vida. Cosechas, animales y hogares dependían ahora de los que se quedaban, en su mayoría mujeres. Y las mujeres no se habían preparado para esta responsabilidad. Ni falta que hizo, porque todas y cada una de ellas estuvo a la altura de las circunstancias.




Los diarios y las cartas que se conservan de la Guerra Civil muestran una realidad muy distinta de la imagen romántica de la mujer simplemente esperando noticias del frente. Viudas, esposas, madres e hijas aprendieron a dirigir la granjas, administrar la economía familiar y realizar tareas físicas que, hasta entonces, habían correspondido casi exclusivamente a los hombres. Cortar leña, reparar una cerca o abrir nuevos caminos pasaron a ser trabajos rutinarios para ellas.


Por esta razón, el hacha puede entenderse como un símbolo del esfuerzo silencioso de miles de mujeres.
No representa la violencia en el combate, sino la capacidad de construir y mantener la vida hasta que la guerra terminase.


Mientras los periódicos relataban grandes batallas y los nombres de los generales ocupaban las portadas, miles de mujeres, con hacha en mano, libraban otra batalla, la batalla de conservar el hogar, alimentar a su familia y mantener las granjas funcionando, ya que de ello también dependía la economía del país.


Pero ya te digo que no he encontrado pruebas de que este bloque naciera con este significado concreto. Seguramente, su nombre y su difusión cambiaron con el tiempo, porque ya lo hemos visto en otros bloques tradicionales.


Pero esa es la interpretación que yo quiero darle.


Le voy a dedicar este bloque a todas aquellas mujeres que, lejos del campo de batalla, asumieron la enorme responsabilidad de que la vida continuara.


A las que mantuvieron los hogares en pie, aún sabiendo que muchos de los hombres a los que esperaban jamás regresarían.


A las que cuidaron de los campos y de las cosechas.


A las que encontraron la fortaleza necesaria para realizar trabajos para los que no estaban preparadas y que la guerra convirtió en imprescindibles.


Y a las que, al terminar la jornada, todavía encontraban fuerzas para sentarse a coser.


Quizá esa sea la verdadera enseñanza de este bloque, recordarnos que la Historia no solo se contruye con armas, uniformes y campos de batalla, sino con herramientas humildes y con el trabajo constante de personas anónimas que, día tras día, hicieron posible que, durante cuatro interminables años de guerra, siguiera existiendo un hogar al que regresar.






El 16 de marzo de 1864, durante una de las Sanitary Fairs organizadas para recaudar fondos destinados a los soldados heridos y a sus familias, Abraham Lincoln pronunció una palabras que hoy siguen siendo una de las mayores muestras de reconocimiento público hacia las mujeres durante la Guerra Civil.


Dijo:


DAMAS Y CABALLEROS:


Comparezco para decir apenas unas palabras. Esta extraordinaria guerra en la que estamos inmersos pesa gravemente sobre todas las clases sociales, pero recae con mayor dureza sobre el soldado. Porque, como se ha dicho, "todo cuanto posee un hombre lo dará por su vida"; y mientras todos contribuimos con nuestros bienes, el soldado pone en riesgo su propia vida y, con frecuencia, la entrega por la causa de un país. Por tanto, el mayor mérito corresponde al soldado.


En esta guerra extraordinaria se han producido acontencimientos también extraordinarios, sin precedentes en guerras anteriores; y, entre ellos, nada ha resultado más notable que estas ferias organizadas para auxiliar a los soldados y su familias. Y las principales impulsoras de estas ferias son las mujeres de América.


No estoy acostumbrado al lenguaje de los elogios; nunca he estudiado el arte de hacer cumplidos a las mujeres. Pero debo decir que, aunque todo cuanto oradores y poetas han dicho desde la creación del mundo en alabanza de las mujeres se aplicara a las mujeres de América, todavía no les haría justicia por su conducta durante esta guerra.
Concluiré diciendo:
¡Que Dios bendiga a las mujeres de América!





Este es mi bloque:







domingo, 19 de julio de 2026

BLOQUE J-6 TWIN STAR / THE LOYAL UNION SAMPLER DE JENNIFER CHIAVERINI / GUERRA CIVIL AMERICANA





Mira el bloque. ¿que ves? Yo lo miro y ya veo la historia que puede que haya detrás. 
A primera vista veo una estrella de ocho puntas. Pero cuando  miro por segunda vez, veo dos estrellas entrelazadas compartiendo el mismo centro. Ninguna destaca sobre la otra, cada una mantiene su identidad y juntas forman un único bloque. 

Hoy lo conocemos como Twin Star.

Conocer su origen no me está resultando fácil. 
A diferencia de otros diseños cuya primera publicación puede localizarse en periódicos o revistas del siglo XIX o principios del XX, Twin Star carece de una historia documentada que yo encuentre. 


Diversos autores coinciden en señalar que ha recibido nombres diferentes y que su identificación no siempre es unánime. Esto demuestra, una vez más, cómo los bloques de patchwork viajaban de una comunidad a otra, cambiando de nombre sin que cambiara necesariamente su diseño. Y no siempre existe consenso sobre cuál es su nombre original.

En la página Generations Quilt Patterns, no le atribuye un origen histórico concreto. Pero esto no significa que sea un bloque moderno, sino sencillamente que forma parte de esa inmensa mayoria de bloques que fueron pasando de mano en mano y de generación en generación mucho antes que alguien pensara en registrar sus nombres. Y creo que por eso me encanta. En esta página te enseñan cómo hacer el bloque y las medidas según el tamaño de bloque que quieras. 

Lo que si tengo claro es que es una Variable Ohio Star






A lo largo de los 121 bloques del Loyal Union Sampler  estoy segura que veremos otras variaciones de la Ohio Star. Pero voy a aprovechar este bloque para contarte lo que se de ella. 

La Ohio Star, más que un bloque concreto es una familia de bloques.
 
Bárbara Brackman agrupa todos ellos dentro de la categoría "Like Ohio Star", es decir, bloques que comparten la misma estructura básica de un nine patch. 
Todos los bloques tienen la misma base: el cuadrado central, los cuadrados en las esquinas y los QST formando la estrella de ocho puntas. 
Lo que cambia es la disposición de los colores, la orientación de las unidades y otros detalles añadidos. 

Brackman nos cuenta que este bloque ha aparecido a lo largo de la historia con distintos nombres: 
- Ohio Star
- Variable Star
- Eastern Star
- Western Star
- Texas Star
- Eight Pointed Star

En muchos casos solo cambia la distribucion de los colores.

Brackman también incluye decenas de bloques relacionados, que no te voy a enumerar aquí, y entre ellos está el Twin Star.
Asi que concluimos, que el bloque que hoy nos ocupa es una variación del Ohio Star conseguida combinando colores.

Brackman también documenta ejemplos de esta familia de estrellas desde finales del siglo XVIII, y cita un quilt fechado en 1795, otro de 1806, y el quilt de Clarissa D. Moore, cosido en 1837, que ya utiliza una de estas variables. Los puedes ver pinchando aquí

Esto demuestra que muchos bloques de esta familia eran muy anteriores a la Guerra Civil. 

En el libro de Jinny Beyer nos habla de muchisimas variaciones.


 Y señala que la Ohio Star aparece por primera vez con ese nombre el la revista Cappers Farmer de 1927.

Como ya te he contado y no me canso de repetir, durante la Guerra Civil miles de vidas quedaron unidas de la misma manera que estas dos estrellas. Madres, hijas, hermanas, amigas, matrimonios... incluso hermanos que terminaron luchando en bandos opuestos. La guerra los separó, pero no consiguió romper los vínculos que los unian. O eso quiero pensar.
Y es por esto que la Twin Star no me habla de separación, me habla de unión. 

  Porque es verdad que hay un hecho que no puedo pasar por alto: el dolor de la separación, la tragedia de las familias rotas, hermanos que habían nacido bajo el mismo techo que elegían bandos diferentes. Esa lucha de "hermano contra hermano" que ya hemos visto en otros bloques.

En los Estados Fonterizos entre la Unión y la Confederación es donde la división familiar fue más desgarradora. Maryland, Kentucky, Missouri y Virginia Oeste. El país estaba dividido, y los hogares... y las mesas.

El archivo histórico de Estados Unidos está lleno de relatos que encogen el corazón. Por ejemplo el de la familia Crittenden, en Kentucky. El padre, el senador John J. Crittenden, intentó desesperadamente evitar la guerra, pero no lo logró. Al estallar el conflicto, su hijo mayor, George, se alistó como general confederado. Su hijo menor, Thomas, como general de la Unión. 


Para las mujeres de Waterford, coser estas dos estrellas unidas debía ser un ruego silencioso para que esos "hermanos" no tuvieran que dispararse entre ellos, que a pesar de todo seguían siendo hermanos de sangre o de nación. Que el cielo era el mismo y que los esperaban, porque fueron muchas las madres las que vieron partir al frente a sus hijos para que se protegieran entre ellos.  


Pero hoy propongo  este bloque como símbolo a la reconciliación y al perdón familiar. Porque quienes compartieron una infancia siempre pertenecerán al mismo hogar. 


Le voy a dedicar este bloque a las miles de mujeres cuyo trabajo no quedó registrado con nombres propios en los libros de Historia, pero que, unidas, fueron capaces desostener un país en guerra.

Se lo dedico a las Ladies' Aid Societies

Cuando estalló la Guerra Civil en 1861, el ejército de la Unión descubrió que no estaba preparado para un conflicto de aquella magnitud. Faltaban uniformes, mantas, ropa interior, calcetines, vendas, almohadas,  alimento y suministros médicos. Y la respuesta no llegó desde el gobierno, sino desde los hogares.

En los pueblos, escuelas y salones parroquiales comenzaron a surgir asociaciones femeninas creadas para confeccionar y reunir todo lo que los soldados necesitaban.

 No existía una única asociación nacional; cada comunidad tenía la suya, con sus reuniones, sus responsables y sus propias iniciativas. 

Algunas de estas asociaciones colaboraron estrechamente con la United States Sanitary Commission
 
Estas mujeres nunca pisaron un hospital, ni empuñaron un arma, pero las actas de reuniones de muchas de ellas demuestran que no dejaron de trabajar ni un solo día. 

Tejieron guantes, calcetines y bufandas para combatir el frio. Cosieron camisas, pantalones, sábanas y fundas de almohada. Y que cosieron muchos quilts con los que abrigar a los soldados heridos y enfermos. 

Fue un trabajo silencioso pero imprescindible. Un esfuerzo muy organizado para que todo llegara a donde se necesitaba, aunque fuera a cientos de km. 

Y yo creo que lo más extraordinario no es que hicieran todo eso, que lo es, sino que ninguna trabajó sola, vivieran donde vivieran, todas tenían el mismo propósito y comprendían que cada puntada, por pequeña que pareciera formaba parte de una inmensa red de solidaridad. 

Sin estas asociaciones habría sido imposible mantener el abastecimiento de los ejércitos y los hospitales. Su capacidad de organización superó todas las expectativas que alguien desde el gobierno pudiera haber supuesto.  Llevaron los libros de cuentas, administraron donaciones, coordinaron voluntarias, planificaron envíos y establecieron redes de colaboración que cruzaban estados enteros. Y lo hicieron desde sus casas, sus granjas, sus cuartos de costura, casi siempre en silencio. 
 



 Mientras leía la historia de las Ladies' Aid Societies me hacía una pregunta. ¿Seríamos hoy capaces de organizarnos de la misma manera?
Vivimos en una sociedad muy distinta a aquella de 1861. Tenemos más recursos, mejores comunicaciones y una tecnología que permite coordinar ayuda en cuestión de minutos. Pero también vivimos de una forma más individualizada que aquellas comunidades donde todos se conocían y donde el esfuerzo colectivo formaba parte de la vida cotidiana.
Es cierto que cuando se producen grandes catástrofes seguimos siendo capaces de ofrecer lo mejor de nosotros mismos. Lo hemos visto hace relativamente poco: miles de personas que dejan a un lado sus obligaciones para acudir a ayudar a desconocidos, asociaciones que se organizan espontáneamente, vecinos que abren las puertas de sus casas y voluntarios que trabajan durante días sin esperar nada a cambio. Y en muchas de estas situaciones esa ayuda ha resultado incluso más decisiva que la actuación de las propias instituciones. 
Pero la guerra es diferente. No se trata de ayudar unos días o unas semanas, sino de un esfuerzo constante durante años. Y ahí es donde las Ladies' Aid Societies nos dan la lección. Aquellas mujeres no buscaron reconocimiento, no esperaron fotografías ni agradecimientos públicos. Simplemente entendieron que había una necesidad y que cada una podía aportar algo: una manta, un quilt, unos calcetines, unas horas de costura. 
Ellas nos recuerdan que una sociedad también se sostiene gracias a miles de personas anónimas que dedican su tiempo, su trabajo y su talento al bien común. La fuerza que tuvo fue la suma de millones de pequeñas acciones que fueron capaces de hacer de manera constante.
Quizá esa sea la verdadera reflexión que nos deja este bloque. No se trata de preguntarnos si seríamos capaces de hacer exactamente lo mismo, porque las circunstancias y la forma de ayudar han cambiado, sino de pensar si conservaríamos aquel sentido de comunidad y la voluntad de mantener un esfuerzo solidario durante meses o incluso durante años. 
Porque, al final, la fortaleza de un país no se mide únicamente por su ejército o por sus gobernantes, sino también por la capacidad de sus ciudadanos para organizarse y cuidar unos de otros cuando más lo  necesitan.
 Hace apenas unos años, cuando comenzó la guerra de Ucrania, esa forma de solidaridad volvió a manifestarse de una manera que resulta especialmente cercana para quienes amamos el patchwork. En muchos paises, grupos de quilters se organizaron para coser y enviar quilts a las personas desplazadas por la guerra. Más de siglo y medio después de las Ladies' Aid Societies, otras mujeres, en mi caso con Mar Sandoval a la cabeza, volvieron a reunirse alrededor de telas, agujas e hilos para ofrecer abrigo y consuelo a personas desconocidas. 
Aquellos quilts no podían detener bombas ni devolver a nadie el hogar que había perdido, pero llevaban el tiempo, el cuidado y la solidaridad de quienes los habían cosido. 
Tal vez por eso la historia de las Ladies' Aid Societies no me resulta tan lejana. Las herramientas han cambiado y las distancias son más cortas, pero seguimos recurriendo a las manos y al trabajo compartido cuando tenemos que decirle a alguien que no está solo.
Este es mi bloque: