Pocas películas han marcado tanto la imagen de la Guerra Civil como Lo que el viento se llevó. Desde su estreno en 1939, millones de personas conocieron el conflicto a través de los ojos de Scarlett O'Hara, Rhett Butler y los habitantes de Tara.
La película fue un éxito sin precedentes. Ganó diez premios Óscar y convirtió a sus protagonistas en leyendas del cine. Pero detrás del brillo de Hollywood existía una realidad con mucho menos glamour.
La actriz Hattie McDaniel interpretó a Mammy. Su trabajo fue tan brillante que, el 29 de febrero de 1940, se convirtió en la primera persona afroamericana en ganar un premio Óscar.
Sin embargo, apenas dos meses antes no había podido asistir al estreno de la película en Atlanta, Georgia.
La ciudad seguía sometida a las leyes de la segregación racial. El teatro donde se celebró el estreno no admitía espectadores negros. Aunque era una de las protagonistas de la película, Hattie McDaniel tuvo que quedarse en Los Ángeles.
Clark Gable mostró su rechazo a aquella decisión y llegó a plantearse no acudir al estreno. Pero Hattie le pidió que asistiera para no perjudicar a la película.
Paradógicamente, Hollywood celebraba una historia ambientada en el Sur esclavista mientras aceptaba, sin apenas cuestionarlo, la segregación racial vigente en Estados Unidos -que terminó oficialmente en 1965-.
Esta contradicción continuó en la ceremonia de los Óscar.
Aunque Hattie fue premiada por la Academia, tuvo que sentarse en una mesa separada de sus compañeros de reparto debido a las normas raciales que seguía aplicando el Hotel Ambassador de Los Ángeles.
Aquella noche hizo historia, pero no pudo escapar de la discriminación de su tiempo.
Su discurso de agradecimiento terminó con una frase que hoy sigue emocionando:
"Espero sinceramente ser siempre un orgullo para mi raza y para la industria cinematográfica."
Resulta inevitable preguntarse cuánta ironía encerraba aquel momento.
Hollywood premiaba a una actriz negra mientras seguía tratándola como una ciudadana de segunda clase.
Décadas después, la película continúa generando debate. Para algunos es una obra maestra del cine; para otros, una visión idealizada del viejo Sur que minimiza el sufrimiento de la esclavitud. Y probablemente ambas sean ciertas.
Lo que el viento se llevó no cuenta la Guerra Civil tal como fue, sino como una parte de Estados Unidos quiso recordarla.
Y quizá esa sea la mayor lección histórica de la película. No solo habla del siglo XIX, también habla del país de 1939.
Y nos recuerda que la memoria se forma con lo que cada generación decide conservar o decide ocultar de su propia historia.
Los quilts se cosen con telas, sí, pero también con recuerdos, con silencios y con las historias que decidimos conservar de ellos.
La Historia funciona de la misma manera. Cada generación elige qué episodios recordar, cuáles ensalzar y cuales dejar escondidos. Igual que una quilter selecciona cuidadosamente cada tela, una sociedad también confecciona su memoria con los hechos que decide mostrar y con aquellos que decide olvidar.
Lo que el viento se llevó es un ejemplo de esto. Durante décadas fue la gran historia de la Guerra Civil para millones de personas. Pero detrás ocultaron otras historias: las de aquellos que sufrieron la esclavitud, la segregación y la discriminación incluso cuando el mundo aplaudía una película que hablaba de libertad.
Por todo esto me encanta coser bloques, saber de su origen, de su historia, de cuando se cosieron y quien los cosió. Por qué le pusieron los nombres que tienen. Por qué bloques, a veces tan pequeños, guardan historias que permanecen ocultas hasta que alguien decide volver a mirarlos.
Y yo me he propuesto hacerlo: mirarlos, coserlos y también descoserlos con respeto, como si al deshacer cada puntada pudiéramos comprender un poco mejor el pasado.
Y es que a mi, me encanta coser... y contar historias mientras coso. Después de todo, mañana será otro día.



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