17 de septiembre de 1862.
El día más sangriento de la historia de Estados Unidos.
12 horas de combate y 22.726 muertos, heridos o desaparecidos.
Sucedió cerca de Sharpsburg, Maryland, y Antietam Creek, entre el Ejército de Virginia del Norte del general confederado Robert E. Lee y el Ejército del Potomac del mayor general de la Unión George B. McClellan.
Aunque el Ejército de la Unión sufrió más bajas que los confederados, la batalla fue un punto de inflexión importante a favor de la Unión.
Hay lugares que se te quedan grabados:
- Burnside's Bridge: Un pintoresco puente de piedra donde una pequeña fuerza confederada contuvo durante horas el avance de miles de soldados de la Unión.
- Bloody Lane: Una carretera rural que sirvió de trinchera natural para los confederados. Fue escenario de combates encarnizados a corta distancia, dejando el camino cubierto de cadáveres.
- The Cornfield: Una zona de cultivo de maíz donde se produjeron feroces cargas y contraataques durante la mañana. Cambió de manos varias veces entre los unionistas y los rebeldes.
- Dunker Church: Un sencillo templo de madera blanca utilizado por una congregación pacifista que se convirtió en un punto de referencia táctico y un trágico símbolo de la carnicería.
- El Sector Norte y el Bosque Oeste: Las áreas donde inició la batalla al amanecer con intensos asaltos de las tropas de la Unión contra las líneas defensivas del general confederado Robert E. Lee
- Antietam National Cemetery: El cementerio militar inaugurado en 1867 que alberga los restos de más de 4.700 soldados caídos en la contienda y otras batallas de la región.
El resultado de la batalla le dio a Lincoln la confianza política necesaria para emitir la Proclamación de Emancipación.
Antietam es importante porque sin esta batalla no habría habido Proclamación de Emancipación. Lincoln estaba esperando una "victoria" para sacarla sin que pareciera desesperación. Antietam se la dio. El 22 de septiembre firmó el borrador preliminar. Ahí la guerra dejó de ser solo por la Unión y se convirtió en guerra para acabar con la esclavitud.
En la novela The Union Quilters, el bloque Antietam aparece cuando las mujeres del grupo están procesando el shock de lo que significa realmente la guerra. Hasta ese momento hablaban de la Unión en abstracto. Después de Antietam, tienen nombres, cartas y listas de muertos.
No podían detener la guerra, pero podían coser una memoria para que esas mujeres y esos hombres no fueran olvidados.
El bloque Antietam de la colcha es eso: un recordatorio de que detrás de los 22.726 números hay historias. Y de que alguien tiene que coserlas para que no se pierdan.
Antietam no fue una victoria bonita. Fue una carnicería que obligó a todos a elegir de qué lado estaban. Igual que le pasa a Anneke, a Gerda, y a cada mujer del círculo cuando entienden que la neutralidad ya no es una opción.
Este bloque se lo dedico a Clara Barton, que llegó al campo con vendas y agua cuando nadie más llegaba. El "Angel del campo de batalla" que nos recordó que la guerra también se gana cuidando a los que quedan tirados.
Clara Barton nació en 1821 en Massachusetts. Antes de la guerra fue maestra y fundó una de las primeras escuelas públicas gratuitas de Nueva Jersey. Cuando los padres vieron que funcionaba, la junta escolar contrató a un hombre como director y le pagaron el doble. Ella renunció como protesta: "Si me pagan, nunca haré el trabajo de un hombre por menos de lo que le pagan a un hombre".
En la Guerra Civil llegó a Antietam con 3 vagones de medicinas y trabajó bajo fuego hasta la noche. Los cirujanos la llamaban " el ángel del campo de batalla".
Llegó con vendas cuando los cirujanos vendaban con hojas de maíz.
Después de la guerra montó la Oficina de Soldados Desaparecidos y ayudó a identificar a 22.000 muertos en Andersonville.
En 1881 fundó la Cruz Roja Americana y la dirigió 23 años.
Era independiente, terca e incapáz de aceptar un "no". Eso la hacía imparable en el campo de batalla, pero desastrosa para administar. Su "aversión anti-institucional" que le servía para saltarse la burocracia en la guerra, era exactamente lo que la hacía incapáz de participar en la transformación burocrática que la Cruz Roja necesitaba para sobrevivir en el siglo XX.
Como presidente de la Cruz Roja fue acusada de autoritarismo y mala gestión de fondos. En 1904 la forzaron a renunciar.
Clara era sufragista y defendía "pago igual por trabajo igual". Pero en su oficina de Soldados Desaparecidos no pagaba a las mujeres lo mismo que a los hombres.
También tenía fama de estirar la verdad en sus informes del campo. Y aunque ayudaba a familias desesperadas, podía ser cortante: a un soldado que ocultaba su paradero le escribió que "parece que fue la desgracia de tu familia pensar más en ti de lo que tu pensabas en ellos, y probablemente más de lo que mereces".
Sufrió de depresión toda su vida. Solo se recuperaba cuando tenía una causa urgente entre manos.
Clara Barton no era una santa. Era una mujer que usó su obstinación para meterse donde las mujeres no entraban: campos de batalla, oficinas del gobierno, conferencias diplomáticas. Sin esa terquedad no habría habido Cruz Roja en Estados Unidos. Pero esa misma terquedad la hizo incapaz de delegar y de construir una institución que la sobreviviera.
Este es mi bloque:
Rojo, azul, crema. Rojo por la sangre. Azul por el luto. Crema por las madres que se quedaron esperando.
La tierra de Maryland teñida de sangre. El cielo azul con estrellas de la noche del 17 de septiembre. El crudo con flores ... las mujeres de Elm Creek.
Las telas también cuentan una parte de la historia.
NOTA: estos días he leido muchas historias relacionadas con la Batalla de Antietam. Reconozco que me atrapa esta época, este país, y me estalla la cabeza pensando lo poco que el ser humano ha aprendido en siglos. Y lo poco que aprendemos ahora. Nada. Seguimos cometiendo los mismos errores, las mismas crueldades, los mismos olvidos. En lo único que hemos evolucionado como especie ... es en el olvido.





























