Chiaverini dedica este bloque a las madres, esposas e hijas que sostuvieron la Unión desde casa.
Ella nos transmite una idea, que cada puntada que damos es el bloque favorito de la hija de alguien, que las puntadas mantienen vivos los recuerdos.
En la novela, Abigail es la hija de Dorothea y Thomas Granger. Su presencia nos recuerda que incluso en plena guerra, la vida continuaba. Mientras los hombres se marchan al frente, las madres seguían criando a sus hijos.
Thomas se alista para luchar por la Unión, aunque Dorothea, que es pacifista, preferiría que no fuera.
Thomas era maestro de escuela y al partir para la guerra Dorothea le da el quilt que más le gusta, el "Dove in the window", para que lo acompañe en la batalla.
Chiaverini llama a este bloque "Abigail's Swing", el columpio de Abigail. En la novela, el columpio simboliza esa infancia que las madres trataron de proteger frente a la violencia de la guerra. Simboliza el vaivén entre la vida y la muerte, la paz y la guerra.
Thomas se despide de su bebé en la cuna antes de irse al frente. El bloque probablemente representa la infancia de Abigail y la esperanza de que su padre vuelva para mecerla.


Cuando pensamos en la Guerra Civil americana, nos viene a la mente Gettysburg, Lincoln, los soldados...
Pero las batallas también se libraron en las casas, y una de esas casas fue la de Abigail May Alcott, la verdadera "Marmee" de Mujercitas.
En casa la llamaban Abba. Había nacido el 8 de octubre de 1880 en Boston.
Descendiente de las familias Quincy y Sewall de Nueva Ingleterra.
Su tia abuela fue Dorothy Quincy, esposa de John Hancock, primer gobernador de Massachusetts y uno de los firmantes de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos.
De niña no asistió regularmente a una escuela formal, pero recibió educación en historia, idiomas y ciencias.
Se casó en 1830 con Amos Bronson Alcott, filósofo y educador y tuvieron cuatro hijas: Anna, Louisa May, Elizabeth y Abba May.
Falleció el 25 de noviembre de 1877 en Concord, Massachusetts.
Abigail no fue enfermera ni cosió uniformes en el frente. Su guerra fue política y doméstica, y empezó mucho antes de 1861:
Mucho antes de que estallara la guerra, Abba ya era una activista por los derechos de la mujer, trabajadora social pionera y una de las primeras trabajadoras sociales remuneradas del estado de Massachusetts. Su hermano Samuel Joseph May era un conocido abolicionista.
Fue miembro de sociedades antiesclavistas en Filadelfia, Boston y Concord. La Concord Ladies' Antislavery Society se reunía en su casa.
Parece ser que su casa fue una estación del Ferrocarril Subterráneo. En su casa de Hillside, Concord, los Alcott escondieron al menos a un esclavo fugitivo que huía hacia Canadá entre 1846 y 1847. Escuchar relatos de la esclavitud marcó a toda la familia. Años después, cuando Louisa se fue de enfermera a la guerra, Abigail le ayudó a hacer el equipaje.
Abigail fue una de las primeras trabajadoras sociales pagadas de Massachusetts. En 1853 escribió una petición para cambiar la constitución del Estado y dar el voto a las mujeres. Dijo: "Tengo 73 años, pero pienso ir a las urnas antes de morir, aunque mis hijas tengan que llevarme". No lo logró, pero su hija Louisa sí votó.
Aunque ella no fue al frente, su compromiso inspiró a su hija Louisa.
Cuando estalló la guerra, apoyó sin reservas la causa de la Unión. En 1862, su hija Louisa se alistó como enfermera en el Union Hotel Hospital de Georgetown , Abigail la apoyó. Le cosió el uniforme y le dijo: "Ve y que Dios te acompañe. Yo también iría si pudiera dejar a tus hermanas".
Cuando Louisa volvió gravemente enferma de fiebre tifoidea en 1863, Abba la cuidó tres meses sin dormir casi. Louisa escribió: "Las manos de mi madre eran mi medicina". Louisa solo sirvió 6 semanas.
Louisa May Alcott basó el personaje de Marmee en su madre. Pero la Marmee de la novela está suavizada. La Abigail real era más política, más enfadada con las injusticias.
Louisa decía de su madre que "siempre hacía lo que le dictaba su deber y su caridad, y dejaba que el orgullo, el gusto y la comodidad se resintieran por amor".
Para sus cuatro hijas fue la madre más maravillosa del mundo, que fomentó sus talentos y les brindó valiosas lecciones de vida. Una de sus frases más inspiradoras: Ten esperanza y mantente ocupada.
Abigail entendía que una casa era un campo de batalla. Mientras su marido fracasaba laboralmente, ella sostenía a la familia dando clases, alquilando habitaciones y trabajando como asistenta social. Crió a sus cuatro hijas en la pobreza pero con ideales: abolición, educación para mujeres, voto femenino.
Sin Abigail May Alcott no habría Mujercitas, y sin Mujercitas muchas no habríamos llegado al patchwork como acto de resistencia y comunidad. Ella no empuñó un fusil. Empuñó la aguja, la pluma y la palabra. Y ganó su guerra: que sus hijas fueran libres.
NOTA: En Mujercitas, las hermanas March cosen quilts para los soldados de la Unión durante la Guerra Civil. Marmee organiza bees de costura con las vecinas. No es solo coser por coser, es aportar al esfuerzo de guerra, sostener a la familia y mantener la comunidad unida en tiempos duros.
Para las mujeres del siglo XIX, el quilt era de las pocas formas de expresión pública y, en ocasiones, también política. No votaban, muchas no trabajaban fuera de casa, pero podían juntarse a coser, recaudar fondos, enviar mensajes y dejar testimonio de su compromiso con una causa. El patchwork fue una forma de resistencia silenciosa. Con trozos de tela confeccionaban abrigo, con puntadas hacían comunidad.
Muchas quilters actuales -incluida Chiaverini- ha reconocido la influencia de Mujercitas en su forma de entender la costura como un acto de unión, memoria y cuidado. La obra de Louisa May Alcott contribuyó a que generaciones de lectoras vieran la costura como algo más que una simple "labor de mujeres". En sus páginas, coser juntas significaba acompañar, consolar, compartir el duelo y mantener viva la esperanza.
Esa idea sigue viva en cada quilt que hacemos para regalar, para abrigar, o para recordar a alguien.





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