jueves, 25 de junio de 2026

BLOQUE B-11 CONSTANCE'S PRIDE / THE LOYAL UNION SAMPLER DE JENNIFER CHIAVERINI / GUERRA CIVIL AMERICANA

 


En la guerra todo es un horror. Las noticias que no llegan. Los nombres en las listas de bajas. El hambre, el barro, los hospitales llenos. Leo y conforme pasan los días me voy acostumbrando al ruido. Pero este bloque me atraviesa de otra manera. 

Este bloque no hace ruido. Es silencio. Es el momento después de la puja, cuando te bajan de la tarima. Cuando te han puesto precio y alguien lo ha pagado. 

Es lo que más duele. No es una muerte rápida, sino una humillación lenta. Te miran y ven una mercancía. Este bloque nos recuerda que hubo una guerra dentro de la guerra. La de no dejar que te quitaran el alma, aunque te quitaran todo lo demás.


  

Entre 1861 y 1865, en los mercados del Sur se vendían hombres, mujeres y niños. Como ganado. Con un papel, un número y una puja.

 Personas con nombre, con memoria, con manos que sabían trabajar, reducidas a mercancía.

Detrás de cada puntada del Loyal Union Sampler, en bloques como este, late el eco de una de las mayores tragedias del mundo moderno. 

Al estudiar la Guerra Civil Americana, es fácil perderse en los mapas de las batallas, en las estrategias de Gettysburg o Antietam, y en las cifras de soldados y bajas de la Unión y la Confederación.

Pero el verdadero trasfondo del conflicto no se libró en los campos de batalla. Se libró en el alma humana.

Para entender por qué la nación se partió en dos, hay que mirar primero la herida abierta que lo originó: la esclavitud. Una barbarie sostenida en el tiempo por una maquinaria perfecta de deshumanización.

¿Cómo pudo una sociedad que se decía cristiana y democrática justificar la propiedad de seres humanos durante siglos? 

Fueron 246 años. Solo en Estados Unidos. Desde la llegada de los primeros africanos a Virginia en 1619 hasta el fin de la Guerra Civil pasaron 246 años ¡¡¡¡.

 Esto no fue un simple accidente histórico. Fue una estructura económica, legal y psicológica diseñada para arrancar al individuo su condición de persona.

El esclavo era una mercancía jurídica. Chattel. Propiedad.

Para que este sistema no colapsara por el peso de la culpa, los esclavistas construyeron la narrativa de la superioridad racial.

Se legisló para que el analfabetismo fuera obligatorio; saber leer se castigaba. Se rompieron familias a propósito, vendiendo a los hijos lejos de sus madres para evitar que los lazos de amor se convirtieran en lazos de rebelión.

Al despojar al esclavo de nombre, de pasado y de futuro, el opresor intentaba convencerse a sí mismo y al mundo de que trataba con animales.

Esta deshumanización duró generaciones porque era un negocio muy lucrativo y porque el racismo institucionalizado funcionó como un anestésico moral perfecto.

Y así llegamos a la guerra.

El orgullo esclavo fue el espejo donde el mundo no quiso mirarse. Mientras la sociedad construía fortunas con el comercio de seres humanos, la verdadera resistencia no siempre se libró en el campo de batalla, sino en el espacio invisible de la dignidad personal. 

Bloques como este nos recuerdan que frente a la deshumanización absoluta, mantener el orgullo era la mayor de las victorias.

La esclavitud en los Estados Unidos no se sostuvo únicamente por la fuerza de los capataces. Existió y perduró porque toda la estructura civil decidió normalizar lo más atroz.

Las leyes los convirtieron en simple mercancía. Los ciudadanos ignoraron los gritos de los mercados de subastas. Incluso los que no apoyaban el sistema miraron hacia otro lado.

Ese es el aspecto más desgarrador de esta historia. No fue solo la crueldad, sino la indiferencia general. Quienes sentían incomodidad moral, optaron por el silencio, dejando que generaciones enteras cargaran solas con el peso de las cadenas. 

No salgo de mi asombro mientras escribo. Porque no lo entiendo y creo que no lo entenderé nunca.

¿Que le ocurre a un hombre o a una mujer cuando se le despoja de su nombre, de sus hijos y de su propia libertad? 

¿Cómo sobrevive? no lo se, pero el orgullo del esclavo sobrevivió.


Este bloque se lo dedico a Mary Ann Shadd Cary

Nació el 9 de octubre de 1823. Fue una activista abolicionista, feminista, periodista, editora, maestra y abogada. Fue la primera mujer negra editora en Norteamérica y la primera mujer editora en Canadá.

Nació en Wilmington, Delaware. Era la mayor de 13 hermanos de una familia afroamericana libre. 

Sus padres, Abraham y Harriet Shadd, eran negros libres y su casa fue una estación del Ferrocarril Subterráneo. Es decir: creció viendo pasar a hombres y mujeres que huían, con el miedo en los ojos y los pies descalzos.



En Delaware estaba prohibido educar a los negros. Así que con 10 años la mandaron a un internado cuáquero en Pensilvania. Volvió para enseñar a otros niños negros en Delaware, Nueva york y Pensilvania.

En 1850 llegó la ley de los esclavos fugitivos. De repente, hasta siendo libre podías ser cazado y devuelto. Así que en 1851 huyó a Canadá.

En Windsor abrió una escuela integrada para niños negros y blancos. Habló contra la segregación, pero eso no le bastó.

En marzo de 1853 fundó The Provincial Freeman. El lema del periódico era: "La autosuficiencia es el verdadero camino hacia la independencia"

No pedía limosna, pedía la cabeza alta. Ella misma escribía muchos de los artículos. Defendió la integración, la autoeducación y que los negros no debían conformarse con ser "huéspedes" en Canadá.

En 1856 se casó con Thomas F. Cary, barbero y colaborador en el periódico. Tuvieron dos hijos. Thomas murió en 1860.

Cuando estalló la Guerra Civil, cruzó la frontera de nuevo. En 1863 fue oficial de reclutamiento del Ejército de la Unión en Indiana. Su trabajo era convencer a hombres negros de alistarse para acabar con la esclavitud.

Después de la guerra se fue a Washington, enseñó en escuelas públicas y con 60 años entró en la Facultad de Derecho de Howard University. Se graduó en 1883. Fue la segunda mujer negra abogada en Estados Unidos. Ejerció cuatro años. 

Murió en 1893. No llegó a ver el voto femenino a nivel nacional.

El orgullo de Mary Ann fue no rendirse, no venderse al silencio.

NOTA:

En 1850, todos los estados del Norte habían abolido la esclavitud. Eran "estados libres". Allí, legalmente, no podías tener esclavos. Pero "libre" no significaba "seguro" si eras negro.

Pero promulgaron la LEY DE ESCLAVOS FUGITIVOS DE 1850


Te resumo la ley:

- Cualquier funcionario federal estaba obligado a ayudar a capturar a esclavos fugitivos. Y cualquier ciudadano podía ser forzado a colaborar en la captura. Negarte era un delito.

- Si te acusaban de ser fugitivo, no tenías derecho a juicio con jurado. No podías testificar en tu defensa. 

- Ponían multas de 1.000 dólares y 6 meses de cárcel para cualquiera que ayudara, ocultara o diera trabajo a un fugitivo.

Antes de 1850, si estabas en Pensilvania, Massachusetts o Delaware, estar libre significaba estar más o menos seguro.

Después de 1850, no.

Imagina: un esclavista del Sur podía ir a Boston, señalar a un hombre negro por la calle y decir: "Ese es mío". Con un papel, se lo llevaba.

Ya no importaba que hubieras nacido libre en el Norte. Ya no importaba que llevaras 20 años viviendo allí. 

Ya no importaba que tuvieras hijos y casa y trabajo.

La ley no decía: "devolver a los esclavos escapados"

Decía: "devolved a cualquier persona que un blanco reclame como su propiedad".

Y no hacía falta demostarlo mucho. No había jurado. No podías testificar. Con la palabra de un blanco reclamando a un negro bastaba. ¿Y si ese negro había nacido libre hacía 40 años? Daba igual. Podías secuestrar a cualquiera.

Esta ley fue una de las chispas que haría estallar la guerra. Y qué quieres que te diga, mucho tardó.

Me da mucha rabia. Porque la historia que te cuentan, por lo menos, la historia que yo conocía es : "Norte bueno, Sur malo". Y no fue así.

El Norte no protegió a los afroamericanos libres. Les daba miedo y miraron para otro sitio (debe ser deporte nacional esto).

Me ha costado mucho entenderlo: El Norte hacía negocios con el Sur. Los bancos de Nueva Inglaterra transportaban algodón. Los bancos de Nueva York prestaban dinero a las plantaciones del Sur.

Las Fábricas textiles de Massachusetts vivían del algodón esclavo.

Si protegían demasiado a los negros fugitivos, el Sur decía: pues no os vendo más algodón". Y se caía la economía.

Muchos blancos del Norte decían: "si facilitamos que vengan fugitivos, se nos llenará el Norte de negros pobres". No los querían como vecinos, querían que el problema se quedara en el Sur.

Después de 1830 el país ya estaba dividido en dos. Políticos como Henry Clay (hay un bloque de patchwork que se llama Clay's Choice, la decisión de Clay, por él) pensaba que si no devolvían a los fugitivos, el Sur se separaría. Así que prefirieron sacrificar a los negros para "salvar la Unión".

Pero lo más duro vino luego. Aparecieron los cazadores de esclavos profesionales. Recorrían los estados del norte con papeles falsos. Secuestraban hombres libres y los vendían en el Sur.

La ley obligaba a la policía y a los alguaciles federales a colaborar. 

Asi que el Norte no fue ningún heroe. No todo fue culpa de los esclavistas del Sur. 

El Norte fue un cobarde que le tenía miedo a todo: miedo a perder dinero; miedo a la guerra; miedo a que los negros fueran sus iguales.

El sur esclavizó, pero el país entero lo permitió.

REFLEXION:

No podemos extrapolar el sistema de esclavitud a día de hoy. Afortunadamente la tarima de subastas ya no es legal. 

Pero la indiferencia sí.

La indiferencia es el Chattel moderno. Es convertir en invisible lo que nos incomoda. Y sigue funcionando, como decía antes, como un anestésico moral perfecto.

Miramos hacia otro lado demasiadas veces, con demasiada facilidad. No te voy a enumerar esas situaciones, pero sabes que todos los días nos llegan noticias de esta clase.

No hacen falta grandes hazañas para protestar. No hace falta gritar desde una tribuna. A veces basta con no cerrar los ojos. Basta con nombrar lo que ves. Basta con no normalizarlo. Basta con que el silencio de tu conciencia sea más fuerte que el ruido de la comodidad.

El orgullo de Constance fue no romperse por dentro, esperar que Abel cumpliera su promesa de liberarla, aguantar.

Nuestro orgullo puede ser no rompernos aunque el mundo nos invite a mirar hacia otro lado.

Por que cada puntada que hacemos también puede ser una forma de decir "Aquí sigo. Y estoy mirando".

Este es mi bloque:




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