Augusta era la segunda ciudad más importante de Georgia y una base industrial/militar confederada.
Poseía una armeria que tenía 43 años de antigüedad.
El 24 de enero de 1861, seiscientos soldados del estado de Georgia tomaron la armería de Augusta. El coronel Josiah Gorgas tenía previsto convertir esta instalación en una fábrica de pólvora. Y lo hicieron. Producía pólvora, rifles y munición para el Ejército Confederado.
Por eso Sherman no la atacó directamente en su "Marcha hacia el Mar" en 1864. La fábrica estaba muy fortificada.
Augusta también tenía bancos y el depósito de oro confederado.
Cuando Richmond cayó en 1865, el Gobierno Cofederado huyó con parte del tesoro de Augusta.
La ciudad poseía un nudo ferroviario que conectaba Georgia con Carolina del Sur. Por eso era un punto vital para mover tropas y suministros.
Se llenó de hospitales confederados. Mucho trabajo recayó en mujeres civiles.
En septiembre de 1861, Gorgas ordenó construir una nueva armería gigante. Para 1863-1865 la fábrica ya estaba a pleno rendimiento. Augusta se volvió el centro de producción de armas y munición de la Confederación.
La fábrica se llamaba la "Confederate Powder Works". Fue una de las pocas estructuras permanentes que construyó la Confederación y no destruyó la Unión. Eran 26 edificios a lo largo de dos millas del canal de Augusta. Produjeron casi un millón y medio de kg de pólvora durante la guerra. Se construyó en un punto clave entre el canal de Augusta y el río Savannah. Una zona tierra adentro, segura, con buenas vías de tren y río para transportar.
A los 7 meses, en abril de 1862 ya estaba produciendo pólvora. En ese momento era la segunda fábrica de pólvora más grande del mundo.
Como Sherman no llegó, la ciudad se llenó de heridos. Era hospital y refugio.
En la Iglesia Presbiteriana de Augusta, el pastor era el padre de Woodrow Wilson, 28º presidente de EE.UU. Se quitaron los bancos y convirtieron la iglesia en un hospital. Los muertos iban directos al Magnolia Cemetery.
Como dato curioso: el general confederado Lafayette McLaws, que luchó en Antietam y Getysburg nació en Augusta.
Augusta no fue un campo de batalla. Fue un taller, una ciudad-fábrica que mantuvo viva una guerra.
Hoy día solo queda una chimenea con forma de obelisco de 46 m de altura.
Después de la Guerra Civil confiscaron y desmantelaron toda la fábrica.
En 1872 George Rains, que había diseñado la fábrica, pidió que la chimenea se quedara como monumento a la Confederación.
En 1879 la ciudad se la cedió a la Asociación de Sobrevivientes Confederados. Me quedo a cuadros con estos detalles: solo habían pasado 14 años del final de la guerra, ¡¡¡¡ solo 14 !!! ¡¡ cuánto tenemos que aprender!!!.
Hay una placa que dice:
"Esta chimenea de obelisco --único vestigio de la extensa fábrica de pólvora aquí erigida bajo los auspicios del Gobierno Confederado-- es conservada... en honor a una nación caída, e inscrita en la memoria de quienes murieron en los ejércitos del Sur durante la Guerra de Secesión".
Es lo único que queda en pie.
En 2009-2010, los Hijos de Veteranos Confederados gastaron 192.000 dólares en restaurarla y la reinaguraron el 9 de octubre de 2010.
Un sitio de interés en la ciudad es el Magnolia Cementery.
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Este bloque va a tener dos dedicatorias:
1.- A las mujeres de la Confederate Powder Works, obreras anónimas. En ciudades como Augusta, Macon y Columbus, mujeres pobres encontraron trabajo en fábricas y arsenales. Son mujeres que no tienen nombre, pero sin ellas no hay pólvora. Eran esposas de soldados, viudas, mujeres que llenaban cartuchos sabiendo que podían explotar.
Augusta no fue solo chimeneas. Fue manos de mujer.
2.- Ella Gertrude Clanton
Nació en 1834 a las afueras de Augusta, en el condado de Columbia. Hija de Mary Luke y Turner Clanton. Su padre, de Virginia, se instaló en Georgia como terrateniente y legislador. Era de los más ricos del estado: en 1864 se patrimonio ascendía a 2,5 millones de dólares confederados, seis plantaciones, casas en la ciudad, esclavos y bonos. Pudo ofrecer a sus siete hijos una vida de lujos y privilegios.
Con catorce años, en 1848, empezó algo que la salvaría: un diario. Lo escribió sin parar hasta 2889. Cuarenta y un años!!!! Cuarenta y un año documentando su vida. Trece diarios.
Es uno de los diarios más ricos de mujeres del Sur en la Guerra Civil. Abarca antes, durante y después de la guerra. A lo largo de todos esos años Gertrude anota en su diario todo lo que pasaba en su vida, los nacimientos, las muertes, los sucesos históricos del momento. También escribía sobre sus tareas cotidianas, sus esperanzas, sus miedos, sus tristezas y los pensamientos secretos que no compartía con nadie. Sentía tanto apego por estos diarios que cuando las tropas de Sherman se estaban acercando, eligió guardar los diarios antes que la plata familiar.
Gertrude describe en sus diarios una juventud dedicada a asistir a fiestas, vestidos de última moda, visitar a amigos y familiares por toda la región, leer y escribir.
Con esa misma edad, catorce años, deja su casa para entrar en el Wesleyan Female College en Macon, Georgia. El primer college para mujeres de América. Se graduó en 1851. Y ese mismo año conoció a James Jefferson Thomas.
En 1852 , con 17 años, se casaron y se fueron a vivir a una de las plantaciones de su padre, cerca de Augusta. Lleva una vida de señora sureña: poco trabajo físico, muchos esclavos, nueve hijos (algunas fuentes refieren diez hijos).
En 1861 estalla la guerra. Ella tenía 27 años.
Al inicio de la guerra era nacionalista de las de verdad. Creía. Pero la guerra le quitó rápido la venda de lios ojos. Llegó a la conclusión de que el Sur no tenía posibilidad real de victoria. Aún así, siguió leal.
Y se puso a trabajar: dirigió la Sociedad de Damas de Augusta,. trabajó en hospitales militares, cosió uniformes confederados y fabricó cartuchos. Mientras la chimenea de la fábrica de pólvora echaba humo, ella cosía para que ese humo tuviera soldados.
1865. La derrota llegó. Y con ella, el derrumbe.
Como casi todas las familias de plantadores del Sur, los Thomas lo perdieron todo. Bancarrota. Embargos. Humillación. Su esposo, mal empresario y alcohólico, hundió más la casa.
La mujer que creció en una mansión terminó dando clases de primaria, algo que su clase social no habría hecho antes de la guerra. Alquiló su propia casa a huéspedes.
En 1893 se mudó a Atlanta con su hijo Julian. Y ahí pasó algo más radical que la guerra: cambió.
Pasó de defender la esclavitud a defender a las mujeres. Se metió en organizaciones cívacas. Trabajó con la Women's Christian Temperance Union. Y en 1903, con 69 años, fue elegida presidente de la Asociación del Sufragio Femenino de Georgia. Pasó sus últimos años dando charlas por todo el país.
Murió el 11 de mayo de 1907, de un derrame cerebral. Pero sus palabras no murieron con ella. Sus hijos guardaron sus diarios tres generaciones.
En 1957, la biblioteca de la Universidad de Duke en Durham, Carolina del Norte, compró los diarios. En 1990 salieron publicados como The Secret Eye: The journal of Ella Gertrude Clanton Thomas, 1848-1889.
En 2014 entró en el Salón de la Fama de Mujeres Destacadas de Georgia.
Su biografia, Suffer and Grow Strong dice de ella: "una historia asombrosa de supervivencia y transformación que habla de las mujeres de nuestro tiempo"
Yo le dedico este bloque porque mientras Augusta fabricaba pólvora para ganar guerras, ella fabricaba palabras para que no olvidáramos el precio.
¿Te suena la historia?
Lo que el viento se llevó no se inspiró en Ella Gertrude. Pero es la misma historia. Los diarios se quedaron guardados 50 años. Pero si Margaret Mitchell los hubiera leído, habría dicho: "Esta mujer es mi Escarlata". Ella Gertrude no fue ficción. Fue una Escarlata O'Hora real. De las que pasaron de la mansión a la guerra. De la seda al trabajo.
El sampler es el Loyal Union, Leal Unión, y nuestra mujer de hoy le fue leal a la verdad de su tiempo. Primero a la Confederación. Despues a la memoria. Y al final a las mujeres.
A más de 700 millas al norte, Water's Ford, Pensilvania. No tenía fábricas de pólvora, Tenía Elm Creek, granjas y el crujido de la nieve en invierno.
No habia salones iluminados ni carruajes de lujo.
Había faroles, mesas de cocina y costureros.
La guerra llegó a Water's Ford sin cañones: llegó en forma de lista de reclutamiento y de hombres que lo dejaron todo por una causa que creían más grande que sus propias vidas.
Elle Gertrude Clanton escribió su guerra en diarios.
ConstanceWright escribió la suya con silencio y aguja.
Dorothea Granger debatía si era ético comprar la libertad de una esclava al esclavista que la vendía.
Gerda Bergstrom cosía preduntándose si debía comprar pólvora o principios.
Mientras ella anotaba en su diario el ruido de los martillos en el arsenal, Gerda anotaba en su mente el ruido de la aguja atravesando el algodón.
Una ciudad hacía armas. Un pueblo hacía mantas. Ambos sostenían eércitos, unos con pólvora y otros con telas.
Muchas veces las guerras se ganan o pierden lejos del campo de batalla.
Elle Gertrude dejó sus diarios como testimonio de una ciudad que lo tenía todo y lo apostó todo.
Las mujeres del valle de Elm Creek dejaron un sampler como testimonio de un pueblo que no tenía nada, salvo sus manos y su lealtad.
Este es mi bloque:








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