lunes, 17 de agosto de 2026

BLOQUE G-1 MANASSAS / THE LOYAL UNION SAMPLER DE JENNIFER CHIAVERINI / GUERRA CIVIL AMERICANA

 


Manassas está en Virginia, a unos 50 kilómetros al suroeste de Washington. 

En 1861 no era todavía la ciudad que conocemos hoy.

Lo verdaderamente importante era Manassas Junction, un estratégico cruce ferroviario donde se encontraban dos líneas de ferrocarril. 

Su situación, entre Washington y Richmond -la capital de la Confederación-, hizo que aquel lugar aparentemente tranquilo quedara inevitablemente atrapado en la guerra. 

Y allí fue donde, apenas tres meses después del ataque a Fort Sumter, muchos estadounidenses comprendieron por primera vez lo que aquella guerra iba a significar. Todos pensaron que sería breve.

En el Norte se esperaba que una victoria contundente acabara rápidamente con la rebelión de los estados secesionistas. En el Sur también había quienes imaginaban que una gran victoria obligaría al gobierno federal a aceptar la independencia de la Confederación. 

Los hombres que formaban aquellos primeros ejércitos eran, en buena parte, soldados sin experiencia. Muchos habían dejado pocos días antes sus trabajos, sus granjas y sus familias. Algunos voluntarios de la Unión se habían alistado únicamente para 90 días, que era lo que en las peores circunstancias pensaban que duraría la guerra. Este detalle dice mucho sobre cuánto se subestimaba la duración de la guerra.

El 16 de julio de 1861, el ejército de la Unión salió de Washington en dirección a Manassas. El objetivo era hacerse con aquel importante nudo ferroviario y abrir el camino hacia Richmond. 

Cinco días después, el domingo 21 de julio, los dos ejércitos se encontraron junto a un pequeño arroyo llamado Bull Run. 

Aquella batalla tendría dos nombres. 

Para el Norte sería la Primera Batalla de Bull Run.

Para el Sur sería la Primera Batalla de Manassas.

Esa costumbre de nombrar de forma diferente las mismas batallas se repetirá durante la guerra: los federales tendían a utilizar accidentes geográficos -ríos, arroyos- y los confederados, poblaciones o lugares próximos. 

Jennifer Chiaverini escogió para su bloque un nombre sureño.

Hay un detalle de aquel día que probablemente explica mejor que cualquier movimiento militar la mentalidad con la que comenzó la batalla: 

Hubo civiles que fueron a verla!!! 

Desde Washington se desplazaron curiosos, políticos y otras personas que querían contemplar lo que imaginaban iba a ser una rápida victoria de la Unión. El National Park Service habla de unos doscientos civiles que acompañaron o siguieron el avance del ejército, aunque la mayoría permaneció a cierta distancia del verdadero campo de batalla. 

Y sí: las historias sobre espectadores que llevaron comida tienen una base real. Se fueron a pasar un día de picnic al campo, tal cómo te lo cuento.

Con los años, la escena se exageró hasta convertirse en la imagen de elegantes familias celebrando casi una fiesta campestre mientras observaban la batalla. La realidad supongo que sería un poco más compleja, y que no voy a intentar entenderlo con la mirada de hoy, lo cierto es que hubo espectadores y que algunos llevaron las típicas cestas de comida para pasar el día en el campo. 



Quizá no haya mejor ejemplo de lo poco que todavía comprendían acerca de la guerra que acababa de comenzar. El "día de campo" terminó con los espectadores huyendo por los mismos caminos que los soldados derrotados. 

Porque Manassas cambió las cosas. La batalla duró casi todo el 21 de julio. Al principio pareció que la Unión podía imponerse, pero durante la tarde las fuerzas confederadas consiguieron resistir y contraatacar. Finalmente, los soldados federales comenzaron a retirarse hacia Washington y aquella retirada terminó convirtiéndose en desorden y pánico. 

La Confederación había ganado la primera gran batalla de la Guerra Civil. Aunque creo que lo importante de Manassas no fue quién ganó aquel día. Lo importante fue lo que todos aprendieron. 

El National Park Service define la Primera Batalla de Manassas como el final de una especie de "inocencia colectiva". Hasta entonces muchos habían imaginado la guerra como una aventura breve y Manassas demostró algo muy diferente. Casi 5.000 hombres resultaron muertos, heridos, desaparecidos o capturados entre los dos ejércitos. 

La guerra no terminó aquella tarde. Acababa de empezar. Ellos no sabían lo que nosotros sí sabemos, que aquella guerra  duraría 4 largos años. 


Mientras los periódicos hablaban de victorias y derrotas, nadie se preocupó de la gente que vivía cerca del campo de batalla.

 Las granjas se transformaron de pronto en hospitales, puestos militares y lugares de paso de miles de soldados. Mujeres que una hora antes llevaban una vida tranquila y pacífica se encontraron atendiendo heridos, preparando comida, repartiendo agua y viendo como sus hogares quedaban atrapados entre dos ejércitos. 

Una de aquellas historias es la de Judith Carter Henry, una viuda de 85 años que vivía en una pequeña casa situada en Henry Hill. Estaba enferma y postrada en la cama cuando la lucha llegó literalmente hasta su hogar. Su casa quedó en medio del combate y Judith murió a consecuencia de las heridas sufridas aquel día.

Y estaban también los niños. Laura Thornberry tenía solamente seis años cuando comenzó la batalla. Décadas después todavía recordaba lo que había visto. Al regresar su familia a casa al día siguiente descubrió que tanto su casa como la iglesia metodista cercana habían sido utilizadas como parte de un hospital de campaña. 

Hay muchas historias que nos cuentan que una batalla no siempre sucede sobre un mapa y sí en el lugar donde vive alguien. 


Con respecto al bloque aparece una pequeña sorpresa de esas que tanto me gustan. El diseño al que Chiaverini llama Manassas no lleva históricamente ese nombre. Buscando el mismo dibujo en el libro The quilter's Album of Patchwork Patterns de Jinny Beyer encontré exactamente el mismo bloque. Beyer lo identifica como:

Quatrefoils - Nancy Cabot, Chicago Tribune, 29 de junio de 1936.

Así que tenemos que separar dos historias. Una es la historia del diseño de patchwork documentado como Quatrefoils en 1936.

Otra es la historia del nombre que recibe dentro del Loyal Union Sampler: Manassas. 

No puedo afirmar que en la época de la guerra existiera un bloque tradicional con este diseño. Simplemete Chiaverini coge un diseño cualquiera y lo renombra para el Loyal. Porque como vamos viendo, el Loyal es una colección de bloques tradicionales de cualquier época con nombres relacionados con la guerra o no. Y un bloque con el nombre de Manassas tenía que estar, no por que aquel día se decidiera una guerra. Precisamente por lo contrario, porque demostró que aquella guerra no iba a decidirse aquel día. 

Manassas fue el momento en que una generación que todavía hablaba de victorias rápidas comenzó a comprender el precio de lo que había puesto en marcha. 

Después vendrían otras batallas, Antietam, Gettysburg y tantos otros nombres que ya asociamos rápidamente con la Guerra Civil. 

Pero la primera fue Manassas.

Un domingo de julio de 1861 en el que soldados inexpertos marcharon convencidos de que quizá estaban participando en la batalla que terminaría con la guerra. Y regresaron sabiendo que probablemente solo habían visto el principio. 

 

UNA REFLEXION:


Hay momentos en la vida en los que empezamos algo convencidos de que sabemos cómo va a terminar. 

Hacemos planes, calculamos tiempos, imaginamos el camino. Nos decimos que serán unos meses, que pronto pasará, que podremos con ello. Y seguramente necesitamos hacerlo así porque, si conociéramos de antemano todas las dificultades que vamos a encontrarnos, seguramente la mayoría de las veces no nos atreveríamos a empezar. Yo por lo menos. 

En aquel verano de 1861 muchos pensaron que la guerra sería corta y aquella misma tarde descubrieron que no. 

Y, salvando las distancias, porque una guerra no puede compararse con nuestros problemas cotidianos, hay algo en aquella falsa seguridad que me resulta muy conocido.

Cuántas veces hemos pensado eso de "esto pasará pronto", y no pasó pronto. 

Una enfermedad que se alargó más de lo esperado. Un problema familiar que parecía sencillo y terminó acompañándonos durante años. Una pérdida de la que creíamos que nos recuperaríamos en unos meses. Un proyecto que comenzó con toda la ilusión del mundo y que, en algún momento, estuvimos a punto de abandonar. 

Hay días que son un "pequeño manassas" en nuestras vidas. 

No porque sean una batalla, sino porque marcan ese instante en el que comprendemos que el camino va a ser bastante más largo de lo que habíamos imaginado. 

Y entonces tenemos dos posibilidades: lamentarnos porque las cosas no han sucedido como esperábamos o aceptar que tendremos que recorrer ese camino de otra manera. 

Quizá madurar consista también un poco en eso. En aprender que cambiar los planes no significa haber fracasado. Que necesitar más tiempo no significa ser más débil. Y que algunas veces no podemos elegir la duración del camino; solamente podemos elegir cómo vamos a recorrerlo. 

Mientras escribo esto pienso también en mi quilt.

Cuando empecé el Loyal Union Sampler sabía que eran 121 bloques. Hice mis cuentas y tracé mi plan: coser un bloque y publicar su historia cada domingo por la tarde. 

121 bloques. 121 domingos. 

Parecía sencillo, hasta que hice la cuenta!!!

Porque 121 domingos son más de dos años. Y hay semanas en las que puedo coser mucho y otras semanas muy complicadas. Y me conozco. Y cambié de plan. No puedo alargar esta colcha dos años. Ahora coso y publico cuando estoy lista. Cuando he investigado, leido y estudiado lo justo y suficiente para que el bloque y su historia estén terminados como yo quiero. Con la profundidad justa de una aficionada a esta época y al patchwork. 

Este trabajo es importante para mi en este momento de mi vida. Y puede que lo termine en menos de dos años, pero le daré todo el tiempo que necesite. Me da igual publicar tres bloques un lunes que no publicar ninguno durante semanas. No quiero plazos. No quiero fechas. Coso y te cuento una historia mientras coso. En este momento, no necesito más. 


Este es mi bloque:


 



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