martes, 21 de julio de 2026

BLOQUE E-6 HATCHET / THE LOYAL UNION SAMPLER DE JENNIFER CHIAVERINI / GUERRA CIVIL AMERICANA


 


Estamos ante un bloque que SI se cosía en la Guerra Civil. En realidad, no he tenido que investigar mucho para saberlo, porque ya lo conocía. Lo sabía...y también lo he cosido.


Este mismo diseño aparece como el bloque J-4 del Dear Jane, la famosísima colcha confeccionada por Jane A. Stickle entre 1863 y 1865, en plena Guerra Civil, en Vermont.





Así que el propio Dear Jane es la evidencia palpable de que este diseño ya formaba parte de los bloques de la época.


Años más tarde, muchos años, Brenda Papadakis le puso un nuevo nombre, lo llamó "Adelaine's Apron Strings". Y esto demuestra precisamente lo arbitrarios que son los nombres de los bloques. Brenda no estaba recuperando un nombre histórico, sino asignando un nombre nuevo.


En fin, que lo que puedo asegurar con total seguridad es que este bloque ya estaba en circulación en 1863. Y que las mujeres lo seguían cosiendo.


No lo he encontrado en el libro de Jinny Beyer. Aparecen varios diseños muy parecidos, pero ninguno es exactamente este.


Tampoco he encontrado pruebas de que el bloque Hachet naciera con un significado concreto. Y hago un inciso: cuanto te digo que no lo he encontrado, no significa que esa información no exista. La bibliografía sobre patchwork es inmensa y siempre pueden aparecer nuevas referencias. Puedo llegar a ser muy intensa, pero me tengo que autofrenar.
Además mi intención no es presentar un trabajo cerrado, sino seguir ampliando y corrigiendo entradas a medida que descubra nuevos datos. Ya lo he hecho con algunos bloques y con las páginas del blog.


Estamos ante un bloque sencillo, de formas limpias y muy definidas. En la infografía he puesto "Nivel: Intermedio", porque déjame que te diga que todo lo que lleva triángulos, es "intermedio" para mi!!!


Confieso que la supuesta semejanza con un hacha se la dejo a quien tenga más imaginación que yo, porque sinceramente, no termino de verla.


Pero yo te lo cuento por si tu sí las ves.

Su nombre nos lleva inevitablemente a pensar en esa herramienta humilde que ocupó un lugar esencial en la vida cotidiana de las familias del siglo XIX. Mucho antes que existieran las maquinarias agrícolas o las sierras eléctricas, el hacha era indispensable en las granjas.


Cuando estalló la Guerra Civil, millones de hombres de los dos bandos, se alistaron en el ejército. Pero como ya te he contado, esta ausencia no detuvo la vida. Cosechas, animales y hogares dependían ahora de los que se quedaban, en su mayoría mujeres. Y las mujeres no se habían preparado para esta responsabilidad. Ni falta que hizo, porque todas y cada una de ellas estuvo a la altura de las circunstancias.




Los diarios y las cartas que se conservan de la Guerra Civil muestran una realidad muy distinta de la imagen romántica de la mujer simplemente esperando noticias del frente. Viudas, esposas, madres e hijas aprendieron a dirigir la granjas, administrar la economía familiar y realizar tareas físicas que, hasta entonces, habían correspondido casi exclusivamente a los hombres. Cortar leña, reparar una cerca o abrir nuevos caminos pasaron a ser trabajos rutinarios para ellas.


Por esta razón, el hacha puede entenderse como un símbolo del esfuerzo silencioso de miles de mujeres.
No representa la violencia en el combate, sino la capacidad de construir y mantener la vida hasta que la guerra terminase.


Mientras los periódicos relataban grandes batallas y los nombres de los generales ocupaban las portadas, miles de mujeres, con hacha en mano, libraban otra batalla, la batalla de conservar el hogar, alimentar a su familia y mantener las granjas funcionando, ya que de ello también dependía la economía del país.


Pero ya te digo que no he encontrado pruebas de que este bloque naciera con este significado concreto. Seguramente, su nombre y su difusión cambiaron con el tiempo, porque ya lo hemos visto en otros bloques tradicionales.


Pero esa es la interpretación que yo quiero darle.


Le voy a dedicar este bloque a todas aquellas mujeres que, lejos del campo de batalla, asumieron la enorme responsabilidad de que la vida continuara.


A las que mantuvieron los hogares en pie, aún sabiendo que muchos de los hombres a los que esperaban jamás regresarían.


A las que cuidaron de los campos y de las cosechas.


A las que encontraron la fortaleza necesaria para realizar trabajos para los que no estaban preparadas y que la guerra convirtió en imprescindibles.


Y a las que, al terminar la jornada, todavía encontraban fuerzas para sentarse a coser.


Quizá esa sea la verdadera enseñanza de este bloque, recordarnos que la Historia no solo se contruye con armas, uniformes y campos de batalla, sino con herramientas humildes y con el trabajo constante de personas anónimas que, día tras día, hicieron posible que, durante cuatro interminables años de guerra, siguiera existiendo un hogar al que regresar.






El 16 de marzo de 1864, durante una de las Sanitary Fairs organizadas para recaudar fondos destinados a los soldados heridos y a sus familias, Abraham Lincoln pronunció una palabras que hoy siguen siendo una de las mayores muestras de reconocimiento público hacia las mujeres durante la Guerra Civil.


Dijo:


DAMAS Y CABALLEROS:


Comparezco para decir apenas unas palabras. Esta extraordinaria guerra en la que estamos inmersos pesa gravemente sobre todas las clases sociales, pero recae con mayor dureza sobre el soldado. Porque, como se ha dicho, "todo cuanto posee un hombre lo dará por su vida"; y mientras todos contribuimos con nuestros bienes, el soldado pone en riesgo su propia vida y, con frecuencia, la entrega por la causa de un país. Por tanto, el mayor mérito corresponde al soldado.


En esta guerra extraordinaria se han producido acontencimientos también extraordinarios, sin precedentes en guerras anteriores; y, entre ellos, nada ha resultado más notable que estas ferias organizadas para auxiliar a los soldados y su familias. Y las principales impulsoras de estas ferias son las mujeres de América.


No estoy acostumbrado al lenguaje de los elogios; nunca he estudiado el arte de hacer cumplidos a las mujeres. Pero debo decir que, aunque todo cuanto oradores y poetas han dicho desde la creación del mundo en alabanza de las mujeres se aplicara a las mujeres de América, todavía no les haría justicia por su conducta durante esta guerra.
Concluiré diciendo:
¡Que Dios bendiga a las mujeres de América!





Este es mi bloque:







No hay comentarios:

Publicar un comentario