Hay bloques cuya historia puede seguirse a través de un nombre o de una publicación concreta. Otros, en cambio, forman parte de una gran familia de diseños que han evolucionado poco a poco, a lo largo de varias generaciones.
El Improved Four-Patch es de los que han evolucionado.
Su origen se encuentra en uno de los bloques más antiguos y sencillos del patchwork americano: el Four-Patch. Formado únicamente por cuatro cuadrados, era fácil de cortar, requería poca tela y era perfecto para aprender las primeras nociones de costura.
Durante el siglo XIX, miles de niñas y mujeres dieron sus primeras puntadas cosiendo bloques como este, desarrollando la precisión, la paciencia y el gusto por el trabajo bien hecho.
Con el paso de los años, aquellas costureras empezaron a experimentar. Descubrieron que bastaba con dividir un cuadrado, añadir otras piezas o cambiar la distribución de los colores para obtener diseños completamente nuevos y diferentes.
Así nació una extensa familia de bloques derivados del Four-Patch: Double Four-Patch, Broken Four-Patch, Uneven Four-Patch, Four-Patch Chain y muchas otras variantes. Puedo incluir tambien el Disappearing Four-Patch y el Diagonal Cut Disappearing Four-Patch. Te invito a buscarlos, te aseguro que es divertido.
El Improved Four-Patch representa precisamente esa evolución. Mantiene la sencillez del diseño original, pero reorganiza las piezas para crear un efecto visual más dinámico. Los pequeños cuadrados forman una cadena diagonal que guía la mirada a través del bloque y demuestra cómo una idea muy simple puede transformarse en un diseño elegante sin perder la esencia.
Este diseño es de esta página. (Esta imagen se utiliza en este blog con una finalidad exclusivamente didáctica, sin ánimo de lucro. Se ha incluido citando la fuente original mediante el corresppondiente enlace. Si el titular de los derechos considera que su uso no es adecuado o desea que la imagen sea retirada, puede ponerse en contacto conmigo y la eliminaré de inmediato).
Nancy Cabot era el seudónimo de Loretta Leitner Rising, editora de labores del Chicago Tribune. A partir de 1933 comenzó a publicar semanalmente patrones de patchwork que llegaban a miles de hogares estadounidenses. En una época en la que muchas familias habían dejado de coser quilts, sus diseños despertaron un enorme interés y animaron a una nueva generación de mujeres a recuperar esta tradición.
Cabot no se limitó a crear bloques nuevos. También recuperó numerosos diseños tradicionales que llevaban décadas circulando; volvió a publicarlos y, en muchos casos, les dio nombres más sugerentes para despertar la curiosidad de sus lectoras.
Gracias a aquella labor editorial, muchos patrones siguieron transmitiéndose y hoy forman parte del patrimonio del patchwork estadounidense y del nuestro.
Es cierto que las publicaciones de Nancy Cabot deben leerse con cierta cautela. La historiadora Bárbara Brackman explica que la columna de Nancy Cabot en el periódico era muy atractiva, pero que con frecuencia incluía orígenes e historias poco documentados o incluso "inventados" para captar la atención de las lectoras. Su objetivo no era escribir una historia rigurosa del patchwork, sino despertar el entusiasmo por él.
Aun así, su influencia fue enorme. Muchos bloques que hoy consideramos clásicos fueron conocidos por miles de personas gracias a aquellas páginas del Chicago Tribune. Incluso cuando cambiaba los nombres o reinterpretaba su historia, contribuía a que los diseños siguieran vivos y no desaparecieran con el paso del tiempo. Pocas personas hicieron tanto por conservar la historia de los bloques tradicionales como ella, en unos años, sobre todo al principio, en los que la sociedad estadounidense estaba saliendo de una situación muy complicada.
Investigó publicaciones anteriores si las había, recopiló patrones antiguos, comparó variantes según la zona, y difundió nombres que muy probablemente se habrían perdido de no ser por ella.
Impulsó la tendencia a los diseños rebuscados con nombres exóticos (Amapola Japonesa, Gongs chinos, Flor de Pascua persa...) y la mayoría de veces estos diseños solo tenían de exóticos el nombre. Y sí, es más que posible que se inventara el nombre y la historia. Pero qué más da si consiguió que América cosiera. En aquel momento no importaba la precisión histórica.
Tras la Gran Depresión, muchas familias apenas tenían tiempo o recursos para pensar en otra cosa que no fuera salir adelante. No era momento de pensar en quilts y la costura pasó a un segundo plano.
Pero cuando la economía empezó a recuperarse, apareció Nancy y entró en los hogares con algo más que patrones de patchwork: lo que hizo fue devolver la ilusión.
Así que las mujeres volvieron a sacar las telas olvidadas, retomaron labores que habían aprendido de sus madres y de sus abuelas y descubrieron el placer de crear con sus manos.
Volvieron las reuniones de costura, el intercambio de patrones, las conversaciones y la amistad que una colcha hace posible como ninguna otra cosa. Esto lo se bien. Los quilts se dejaron de ver como una necesidad doméstica y empezaron a verse como una forma de compartir, de aprender, de mantener viva una tradición y, lo se yo y lo sabes tu, una forma de "terapia de grupo".
Llevo cosiendo desde hace tanto tiempo que casi no recuerdo mi vida sin una labor entre las manos. Siempre hay un bloque sobre la mesa, una tela esperando su turno o una lista interminable de proyectos que, quiero pensar, algún día acabarán convertidos en quilts.
No diseño bloques. Coso lo que otras mujeres imaginaron antes que yo, y los coso procurando respetar su trabajo y sintiéndome una privilegiada por la época en la que me ha tocado vivir.
Ellas esperaban con ilusión que, una vez a la semana, el periódico les trajera un nuevo patrón. Yo solo tengo que encender una pantalla para encontrar, en unos segundos, casi cualquier bloque, libro o publicación que esté buscando.
A veces olvidamos el privilegio que eso supone. Hoy tenemos al alcance de un clic el trabajo de generaciones enteras de quilters. Podemos estudiar, comparar, investigar y seguir cosiendo gracias a todas aquellas mujeres que conservaron, publicaron y compartieron sus conocimientos.
Quizá por eso, cada vez que coso un bloque tradicional, siento que no estoy haciendo solo un quilt. También estoy dando las gracias a quienes hicieron posible que hoy esa historia siga viva.
Y hoy quiero decirte algo más. Y te repito que vivimos una época extraordinaria y que nunca ha sido tan fácil aprender, sea lo que sea. Pero esa facilidad también nos obliga a ser más responsables.
Detrás de cada bloque, de cada quilt y de cada diseño hay horas de estudio, de pruebas, de errores y de ilusión. Y también hay una forma de ganarse la vida.
Nada de eso debería perder su autoria por la prisa de conseguir un puñado de euros escondidos en los "me gusta" o unos cuantos seguidores que esconden clientes potenciales.
Nancy Cabot tomó diseños tradicionales, sí, pero nunca ocultó que pertenecían a una tradición mucho más amplia. Su trabajo consistió en difundirlos y mantenerlos vivos.
Hoy día, con demasiada frecuencia, se confunde la inspiración con la apropiación. Se compra el patrón de una diseñadora, se cambian los colores o el tamaño... y se presenta como creación propia. Lo hemos visto demasiadas veces. Sin el menor pudor.
Las diseñadoras dedican meses de trabajo a pensar, dibujar, calcular, probar, escribir instrucciones y perfeccionar cada detalle. Las demás solo esperamos que salga a la venta. Ellas comparten sus conocimientos con la venta de esos patrones. Pero compartir nunca ha significado apropiarse del trabajo ajeno. Y reconocer a quien creó un diseño no le resta mérito a nuestro trabajo. Yo creo que al contrario, demuestra respeto por esas personas que hacen posible que el patchwork siga evolucionando.
Quizá el mayor homenaje que podemos hacer a todas las mujeres que nos precedieron, desde las quilters anónimas del siglo XIX hasta las diseñadoras de hoy, sea este: coser con honestidad y dar siempre su sitio a quien convirtió una idea en un patrón.
Este es mi bloque:





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