jueves, 11 de junio de 2026

BLOQUE H-8 PENNSYLVANIA / THE LOYAL UNION SAMPLER DE JENNIFER CHIAVERINI / GUERRA CIVIL AMERICANA


Pensilvania no fue solo un estado en el mapa de la Unión. Fue su columna vertebral.

Aquí se peleó Gettysburg, bloque D-10, en julio de 1863. Esa batalla frenó a Lee y cambió el rumbo de la guerra. Pero Pensilvania ganó antes de que sonara el primer cañonazo.



Desde sus fábricas salieron 360.000 soldados. Desde sus ríos, barcos. Desde sus talleres, armas, uniformes y municiones sin parar. Mientras el Sur dependía de lo que podía importar, el Norte tenía Pensilvania como motor.

El estado tenía alma cuáquera. Por eso fue pionero en abolir la esclavitud de forma gradual. Y por eso tambien se convirtió en refugio. En Filadelfia, Lancaster y Chambersburg operaban redes clandestinas formadas por negros libres y blancos abolicionistas. Miles de personas encontraron ahí el camino hacia el norte o hacia Canadá.

La diferencia entre el Norte y el Sur se medía en fábricas. La Confederación tenía coraje, pero no tenía acero. Pensilvania sí.

Bajo su tierra estaba casi todo el carbón de antracita del país. Ese carbón encendía trenes que llevaban suministros y las fundiciones que forjaban cañones.

En los astilleros de Filadelfia se construyeron los buques de la Marina de la Unión. También los acorazados blindados que cerraron el bloqueo naval y dejaron al Sur sin salida al mar.

Y todo pasaba por Harrisburg. El Pennsylvania Railroad era la arteria de la guerra. Unía el Atlántico con el Medio Oeste y movía hombres, comida y pólvora a una velocidad que el Sur nunca pudo igualar. 




Pero había otro frente, el que no disparaba cañones, el frente doméstico. Era el frente de las cocinas, de las iglesias, de las mesas de costura. Era el frente de las mujeres. 

Y aquí es donde The Union Quilters de Jennifer Chiaverini deja de ser novela y se vuelve historia.

Mientras los hombres de Pensilvania cargaban fusiles, las mujeres del estado levantaron cientos de sociedades de ayuda. Filadelfia se convirtió en el corazón de la U.S.Sanitary Commission, la organización civil más grande de la Unión.

Allí se hacía de todo: se recogía comida, se montaban hospitales de campaña en días, se remendaban uniformes. y sobre todo, se cosía.

Miles y miles de quilts. Colcha tras colcha, para que los soldados no murieran de frio en una trinchera de Virginia o en una cama de hospital.

Fue una guerra librada también con hilo, con dedales desgastados y con resistencia.


250.000 razones para coser.

Se calcula que entre ambos bandos, las mujeres cosieron más de 250.000 quilts para soldados y hospitales. Muchos de esos quilts se conservan aún hoy en museos y colecciones privadas.




No eran colchas decorativas como las que hacemos nosotras, incluido este Loyal Union Sampler que estoy haciendo ahora.

 Medían unas 50" x 70" aprox. Justo el tamaño de una camilla o de un catre de campaña. Hechas para abrigar, no para adornar.

Además de abrigo era solo la mitad.

Además del físico, estas colchas llevaban un mensaje moral muy potente. Muchas eran Album Quilt: cada bloque incluía mensajes, firmas o bordados. Los heridos podían leer pasajes bíblicos, consignas patrióticas o poemas mientras se recuperaban.


Este bloque de Pensilvania va por ellas.

Y si te preguntas a quién le dedico este bloque, te diré: a esas 250.000 mujeres.

A las que llenaron vagones de colchas en Filadelfia, a las que bordaron firmas en Album quilts, a las que cosieron con el miedo en el cuerpo pero con la Unión en el corazón.

Rebecca Pomroy fue una de ellas.

Nació en Boston, Massachusetts, el 16 de julio de 1817. Hija de un capitán mercante que murió cuando ella tenía 10 años. Su madre, sus tres hermanas y ella vivieron de la costura.

Ahí empezó todo, con una aguja.

Se casó en 1836 con Daniel F. Pomroy, tapicero. Y la vida le dio otra lección: casi 20 años cuidando enfermos en su propia familia la convirtieron en una enfermera consumada antes de que la guerra existiera. 

Cuando el único hijo que le quedaba se alistó en el Ejército de la Unión, Rebecca no se quedó en casa. Fue a ver a Dorothea Dix, la superintendente de las enfermeras de la Unión. 

En septiembre de 1861 ya estaba en el hospital de Georgetown, Washington. De ahí la trasladaron al hospital de la Universidad de Columbia. Su puesto hasta el final de la guerra.

En 1862 muere Willie Lincoln, el hijo del presidente. El dolor paraliza a la familia Lincoln.

Rebecca es llamada a la Casa Blanca. Su misión: cuidar de "Tad", el hijo menor que estaba muy grave, y de Mary Todd. Los sacó adelante a los dos.

Lincoln se lo dijo claro: "Cuéntale a tus nietos lo agradecida que está la nación contigo por haberme apoyado en tiempos difíciles".

Volvió en 1864. El presidente estaba amenazado de muerte y Mary Lincoln se había herido en una caída del carruaje. De nuevo, Rebecca.

El secretario de Marina, Gideon Welles, se lo reconoció por escrito: "Las muchas pruebas del presidente eran más conocidas por usted que por sus compatriotas".

Rebecca Pomroy murió en Newton, Massachusetts, el 24 de enero de 1884.

No cosió quilts para el ejército como tantas otras mujeres de Pensilvania. Ella cosió con sus manos la cordura de una familia presidencial en plena guerra. Fue, como dijo The Boston Globe en 1904: "el bastón en el que se apoyó durante días y semanas de dolor e incertidumbre".

Escribió sus memorias: Echoes from Hospital and White House. Porque su guerra también fue con  compasión, no con fusil.



No hay pelicula sobre la vida de Rebecca Pomroy. Pero sí hay una novela histórica, Lincoln's Angel: The Rebecca Pomroy Story de D.L. Flowler, 2024. Está basada en sus diarios y cartas.



Este es mi bloque:





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