Este bloque rinde homenaje a un elemento cotidiano pero, a la vez, vital para la vida de los soldados.
Después de días de marcha, frío, lluvia y barro, la hoguera era el único punto de calor, luz y comida caliente. Era el centro del campamento.
Era el punto donde más se añoraba el hogar. A su alrededor se contaban historias, se leían las cartas que llegaban de casa, se cantaba y se compartía lo poco que había. Era el lugar donde el grupo de soldados se volvía familia.
En las noches sin luna, en territorio enemigo, el fuego era el único consuelo. Simbolizaba que aún había luz en medio del miedo y del desastre.
El fuego del campamento dejó de ser un simple elemento de supervivencia para convertirse en el eje psicológico, social y espiritual de la vida del soldado. La fogata era el único lugar del campamento donde la guerra se humanizaba, si es que eso era posible.
Cuando las mujeres cosían este bloque, no solo hacían un diseño bonito, le daban a sus soldados un trocito de hogar y de memoria.
El término "nostalgia" hoy día es muy diferente de lo que significaba en la década de 1860. Pero, durante la Guerra Civil, la "nostalgia" se entendía como una enfermedad médica real y potencialmente mortal. Causaba estragos psicológicos en los reclutas más jóvenes. Muchos periódicos de la época se hicieron eco de que había soldados que se hundían en una "inacción y depresión absulutas". El fuego era ese puente que conectaba el presente, horrible, con su vida anterior.
Alrededor de la hoguera, los soldados leían las cartas de sus madres, esposas, hermanas. Para ellas la vida giraba en torno a la costura y escribir cartas.
A la luz de las llamas, los hombres también escribían diarios o sus últimas voluntades en los pocos papeles que encontraban.
En el frente, los oficiales y los soldados debieron compartir muchos momentos alrededor del fuego. Porque allí, tu familia era la que estaba a tu lado, los que compartían las raciones y las cartas.
Muchas veces el fuego era la diferencia entre morir y vivir. Los uniformes se secaban. Se podía hervir agua. El café preparado en la hoguera era la posesión más sagrada de un soldado de la Unión.
En el Norte, las raciones incluían 16 kilos de café al año para cada soldado de la Unión. La tarea de prepararlo era algo que esperaban con ansias.
Un soldado escribió a casa: "Lo que me mantiene con vida debe ser el café".
Aunque el fuego daba vida, también exponía a los soldados porque podía revelar la posición del campamento a los francotiradores confederados.
Los diarios personales y las cartas que se conservan de esa época demuestran que las noches de hoguera eran el corazón de la vida del soldado, tanto de la Unión como de la Confederación:
"Sentado junto a la hoguera anoche, chicos de Maine y chicos de Ohio, y durante una hora olvidamos que estabamos en guerra"
En la literatura, y en canciones e himnos, el fuego de los campamentos se asociaba a una especie de altar religioso.
"Tenting on the Old Camp Ground" 1863: es la canción de campamento de la Guerra Civil. Habla de nostalgia, de volver a casa y de los soldados que ya no están alrededor del fuego. Los soldados cantaban "muchos son los corazones que esta noche están cansados, deseando que la guerra termine".
Dejo aquí la canción completa con fotografías. Merece la pena oírla, es preciosa.
Organizaciones como la Library of Congress de E.E.U.U. y el National Park Service conservan testimonios originales que relatan cómo se vivían esas noches en el frente.
Jennifer Chiaverini, en la novela, solo describe con nombre unos cuantos bloques (he ido tomando apuntes mientras leía ¡¡¡). En concreto son 8 bloques de los que nos dice el nombre y la autora. El bloque "Campfire" es uno de ellos porque es un bloque importante.
Le voy a dedicar este bloque a Sophronia E. Bucklin:
Nació en 1828 en el estado de Nueva York. Al estallar la guerra tenía veintitantos años y vivía de su trabajo como costurera.
Se alistó al servicio de la Unión y se fue al frente en septiembre de 1862. Trabajó en muchos hospitales y fue testigo de muchas batallas.
Como enfermera iba donde la requerían.
En una carta a Mary G.Holland, que veremos en otro bloque, Sophronia le relata que fue una de las primeras en llegar a Gettysburg y una de las últimas en irse.
En el invierno de 1863 cayó enferma con fiebre, estuvo bastante grave y la dieron por muerta, pero sobrevivió y siguió cuidando enfermos.
Relató sus experiencias en un libro de 1869, In Hospital and Camp: A Woman's Record of Thrilling Incidents Among the Wounded in the Late War.
Las enfermeras, no siempre siguieron las reglas al pie de la letra, sino que hicieron lo que consideraron mejor para los soldados.
Ella y sus compañeras atendían a soldados de la Unión y de la Confederación, blancos y negros.
Si quieres saber algo más del libro te dejo el enlace.
! yo me lo he leido !!!
Este es mi bloque:


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