Se situaba en Harrisburg, Pensilvania.
Fue el campamento más grande de la Unión en toda la Guerra Civil.
Se ubicó en los terrenos de la Dauphin Country Agricultural Society, en las afueras de Harrisburg.
El nombre se debe al gobernador de Pensilvania, Andrew G. Curtin, amigo cercano de Lincoln. En principio se iba a llamar Camp Union.
Cuando las noticias de Fort Sumter (bloque D-6) llegaron a Washington el 14 de abril de 1861, Lincoln pidió 75.000 hombres para salvar la UNIÓN. El gobernador Curtin también lanzó una llamada: se necesitaban 13.000 voluntarios.
En tres días Harrisburg se llenó de jóvenes con ganas de alistarse, pero sin sitio para entrenamiento, asi que el condado ofreció los terrenos de la Sociedad Agrícola, en las afueras de la ciudad. El 18 de abril se abrió un campamento.
Nadie imaginó lo grande que sería. Harrisburg era la capital del estado y estaba en el cruce de todas las líneas de ferrocarril que unían el este con el oeste, y el norte con el sur. Por eso, los trenes descargaban allí reclatas sin parar. Camp Curtin se convirtió en el gran punto de reunión de la Union.
Por aquel campo pasaron más de 300.000 soldados entre 1861 y 1865. Fue el campamento federal más grande de toda la guerra.
No solo fue el campo de entrenamiento de los regimientos de Pensilvania. Llegaban hombres de Maryland, Michigan, Minnesota, Nueva Jersey, Nueva York, Ohio y Wisconsin.
Tambén se usó como depósito de suministros, como hospital y como prisión para los confederados.
En el verano de 1862 se cocinaban 20 toneladas de comida al día para dar de comer a los reclutas.
En junio de 1863, durante la campaña de Gettysburg, los confederados amenazaron Harrisburg. El gobernador Curtin ordenó levantar trincheras y fuertes a toda prisa para defender la ciudad de 13.000 habitantes.
Cuando la guerra terminó, el campamento cambió de función. El 11 de noviembre de 1865, Camp Curtin cerró para siempre. Desmontaron los barracones de madera y todo el terreno volvió a ser arado.
Hoy solo queda la memoria. En 1895 se levantó la Camp Curtin Memorial Church en el mismo lugar. Y en una de las esquinas hay placa que recuerda que aquel campo fue la puerta por la que pasaron cientos de miles de hombres de camino al frente.
Dice: "Aquí, en 80 acres,se encontraba un gran campamento de entrenamiento de la Guerra Civil. Recibió el nombre de Andrew Gregg Curtin, Gobernadopr de Pensilvania, 1861-67. Entre abril de 1861 y abril de 1865, se organizaron aquí más unidades militares que en cualquier otro campamento del Norte" PENSILVANIA HISTORICAL AND MUSEUM COMMISSION 1992.
Para miles de familias de la Unión, Camp Curtin fue la primera despedida. Fue donde hijos, maridos y hermanos del 29º Regimiento de Color, se pusieron el uniforme por primera vez. Fue el lugar donde la guerra dejó de ser una noticia en el periódico y se hizo real.
Le dedico el bloque a Harriet McClintock Marshall.
Harriet nació en Harrisburg el 14 de agosto de 1840. Tenía ascendencia alemana y afroamericana. Su casa fue una estación del Ferrocarril Subterráneo y llegaban hombres, mujeres y niños que escapaban de la esclavitud. Les daba refugio, comida, ropa y los ayudaba a seguir el camino hacia el Norte. Lo hacía en silencio, porque contar detalles era un peligro. Años depués recordaría "la gratitud de los esclavos fugitivos" y su empeño en que nadie supiera más de lo necesario.
En 1863 se casó con Elisha Marshall, un hombre que había escapado de la esclavitud y que luego luchó como soldado de la Unión. Juntos siguieron sacando esclavos.
Cuando terminó la guerra, trabajaron para levantar en el Lincoln Cemetery de Harrisburg un monumento a las Tropas de Color de E.E.U.U. Ese monunmento sigue allí.
REFLEXIÓN PARA NO OLVIDAR
Las guerras no empiezan con el primer disparo. Empiezan cuando olvidamos.
Camp Curtin cerró en 1865. Desmontaron barracones, araron la tierra, y construyeron casas. Hoy, los niños juegan donde durmieron 300.000 soldados. Donde muchos adolescentes se pusieron, emocionados, el uniforme por primera vez. Y donde hermanos se despidieron sin saber si se volverían a ver.
Y solo queda una placa azul en una esquina.
La memoria es frágil. Solo leemos: "Aquí hubo un campamento...". Y seguimos, porque no duele, porque no fue nuestra sangre. Pero allí se mataron hermanos. Se mataron hermanos del Norte contra hermanos del Sur. Hermanos que compartían la misma tierra y hablaban el mismo idioma, que le rezaban al mismo Dios y que tenían el mismo miedo.
Y lo repetimos. Siempre lo repetimos. Con otros nombres, con otras banderas, con otros Camp Curtin.
A veces pienso que deberian tatuarnos al nacer. Un tatuaje que diga: "Aquí hubo una guerra, y se mataron entre hermanos. No lo olvides".
Para que cada vez que queramos levantar un muro, recordemos los barracones. Para que cada vez que queramos dividir, recordemos a Harriet abriendo la puerta de su casa a los fugitivos. Porque si la memoria solo cabe en una placa de metal, la perderemos, y volverá a pasar.
Y yo no quiero que ninguna de mis nietas, biznietas o tataranietas tenga que coser una colcha con un bloque llamado B-2 con el nombre de otro campamento, con la historia de otros muertos. Y las tuyas....tampoco.
Mi bloque, que le falta cambiar las costuras y plancha.







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